domingo, 28 de marzo de 2010

Capitulo 36

Estoy acá, sí volvi. Y supongo qe mas tarde de lo qe a ustedes les gustaria. Iba a escribir el capitulo entro de la boda, pero me di cuenta qe si lo hacia qedaba demasiado largo y me demoraría muchisimo más. De modo que decidi cortarlo por acá, aunque creo que de todas formas les van a gustar. Gracias a mi amiga Trii que me ayudó con los vestidos de las chicas!!
People, just enjoy.



Capitulo 36 - La previa.
Me sentía mal, debía admitirlo. Estábamos ya a miércoles, y Kellan no había llamado. La culpa se había instalado en mí como una nueva moda, y no podía erradicarla. Lo había dañado y me dolía haberlo echo. Él más que nadie no se lo merecía. Me sentía una mala persona. ¿Acaso todo tenía que salirme mal? Ahora no sólo debía enfrentarme a Jackson en la boda, sino también a Kellan y francamente no sabía si podría con ambos.
Las chicas no sabían precisamente qué había pasado pero tenían la certeza de que algo había sucedido para que nos distanciáramos. Demás estaría decir que lo que había sucedido esa noche moriría conmigo. Ya demasiada culpa tenía como para escuchar un sermón ajeno. Tenía muy claro cual había sido mi error y lamentaba no poder hacer nada para repararlo. Pero no podía llorar más por la leche derramada; lo echo, echo está.
Estaba en la peluquería tratando de hacer algo con mi cabello. El viernes había llegado a mí como un veloz auto de carreras y sinceramente me encontraba aterrada. Sabía que debía encontrarme con dos hombres distintos, muy distintos pero al fin y al cabo hombres. Y a pesar de mis errores, quería gustarles, quería verme atractiva para ellos. Iría al infierno por pensar de ese modo, sólo debía verme bonita para Jackson. Estaba echa un lío, y al parecer la peluquera de dio cuenta porque dijo – problemas de pantalones?
- algo así – admití suspirando.
- entiendo – dijo mientras peinaba mi cabello con cuidado – qué es lo que prefieres?
- definitivamente quiero mis rulos naturales – dije extremadamente convencida de aquello, sabía que a Jackson le encantaba mi pelo – tal vez un semi recogido, pero quiero que se note el largo. La experta acá eres tú – dije halagando a la señora, a lo que ella sonrió. Parecía rondar los cuarenta y tantos, pero se mantenía en excelentes condiciones. Traía el pelo teñido de un molesto rubio, tenía mucho maquillaje de modo que sus ojos marrones quedaban en todo su esplendor.
- un casamiento? – preguntó queriendo chismosear. Si algo tenían las peluqueras era su extrema curiosidad.
- sí, así es. De una amiga, de echo soy una de las damas de honor – dije contenta porque Gabi me hubiese elegido. Obviamente no era la principal, esa sería su hermana pero luego veníamos Juli y yo.
- y te vas a encontrar con tu ex novio verdad? – hizo una pausa mientras tomaba el secador – se te nota el nerviosismo en la cara. Serénate si no quieres que él no lo note, niña.
- técnicamente no es mi ex. Es complicado – confesé mientras la señora secaba mi cabello con dedicación.
- no pienso moverme – declaró sonriendo.
- en verdad, nunca terminamos oficialmente. Él se fue a LA y yo me quedé acá. Lo fui a despedir al aeropuerto pero nunca supe nada más de él. De eso ha pasado un mes y ahora me ves, tratando de arreglarme para que él me vea bonita.
- me parece perfecto, niña. Debes re conquistarlo, si estás tan nerviosa es porque lo amas y él debería saberlo, no crees?
- sí, pero nada es tan fácil. Tuve un pequeño desliz con su mejor amigo – confesé avergonzada, de pronto la señora paró el secador, giró la silla en la que me encontraba y quedamos cara a cara.
- por Dios niña, qué hiciste? – preguntó preocupada abriendo los ojos más de lo normal.
- sólo fue un beso – aclaré con culpa – un muy buen beso – pero al ver la cara de la señora, agregué – pero enseguida le aclaré las cosas y le dije que mi corazón pertenecía a Jackson. Fue triste verlo irse con esa pena en los ojos. Me siento una mala persona – confesé dolida y totalmente arrepentida. La señora aún sin conocerme me abrazó como una hija y me consoló mientras unas traicioneras lágrimas bajaban por mis mejillas. Este era el momento en que extrañaba los consejos de mi madre, pero al parecer esta señora había aparecido para ser mi ancla.
- tienes claro a quién amas, verdad? – preguntó con comprensión en sus ojos. Me limité a asentir – será mejor entonces que vayas por él, le digas lo que sientes y arreglen las cosas. Mira niña, el tren pasa sólo una vez – dijo con sabiduría – si no lo coges, se irá sin ti. Hablo por experiencia propia.
- gracias señora – dije con sincero alivio. Necesitaba un consejo de alguien con más experiencia, y aunque sonara raro sentía que mi madre me había enviado a esta señora para hacer lo que ella, producto de la distancia, no podía.
- ahora a ponerte linda para tu hombre – dijo mientras me volvía a colocar frente al espejo.
Al cabo de tres cuartos de hora, mi cabello lucía radiante. El largo se mantenía, pero habían recogido el frente jugando con mis mechones y haciendo una clase de moño en la parte de atrás, de modo que los pequeños rulos que se formaban en las puntas cayeran con delicadeza. Me encantaba, era justo lo que buscaba. Delicadeza, elegancia pero sencillez. Me despedí con un afectuoso abrazo y una sobrada propina de la señora y me encaminé hacia el departamento.
Hoy me tomé el atrevimiento de no ir a trabajar, un día menos no sería la gran diferencia. De modo que había utilizado ese tiempo en la peluquería.
Al llegar a casa, me desplomé en el sillón más próximo y me puse a ver televisión. Aún no sé cómo, pero me topé con la cara de Jackson en un canal. Se veía joven, tierno pero estaba muy bonito. Al parecer era un serie llamada Beautiful People.
Verlo había reavivado mis ganas de volver a verlo. Necesitaba decirle que sentía mi orgullo, que me perdonara, qué volviéramos a ser lo que éramos antes. Que lo necesitaba como el aire que respiraba.
Varios té de por medio mientras veía la maratón de la serie, llegó la hora de prepararse. Cogí aire y demasiado coraje, la hora se acercaba y para ser sincera me encontraba totalmente aterrada. Me había bañado antes de ir a la peluquería, de modo que sólo me tocaba maquillarme y vestirme. Debía encontrarme con las chicas en un hotel que Robert había reservado a las 7.30 y apenas eran las seis y contando con lo rápido qué me maquillo, tendrían tiempo de sobra.
El vestido lo habíamos ido a comprar Gabi, Juli y yo semanas atrás. La novia había elegido el aguamarina para los vestidos de las novias, de modo que Julieta, Verónica (la hermana de Gabi) y yo deberíamos vestir de ese color.
El diseño le era insignificante, sin embargo le importaba en demasía que respetáramos el color. Estuvimos todo ese día tratando de elegir el bendito vestido para mi amiga y para mí, afortunadamente encontré uno que iba de acuerdo con el pedido de mi amiga y se ajustaba a mis gustos. Y sobre el blanco edredón descansaba. Suspiré tomando valor, fui hasta él, le quité la bolsa y lo miré en toda su plenitud.
El escote contaba con plisados y era en V. Debajo del busto, se ceñía una clase de faja de un tono gris perlado que finalizaba con una elegante moña. Luego el vestido caía dándole forma a mis caderas pero con magnífica elegancia. Llegaba hasta el piso y era de seda aguamarina, por supuesto. Los zapatos que llevaría eran negros, taco aguja en punta y estilizaban enormemente mis piernas. (
http://www.hispabodas.com/img/fotos/517-elegante-modelo-para-madrina-en-tono-aguamarina-destaca-.jpg )
Al terminar de vestirme, me vi al espejo y me sorprendí. El vestido me quedaba increíble. Se adaptaba a mi figura de una forma magnífica y disimulaba aquello que no debería estar allí. Me sentía muy a gusto con él.
Quería un maquillaje natural pero que resaltara mis facciones, aunque pensándolo mejor sería conveniente maquillarme allí en el hotel directamente. Así que cogí el porta cosméticos de cuero, y lo guardé junto con las llaves, el celular y la billetera en una exclusiva cartera de la misma tela que el vestido; cogí también un chal para protegerme del frío del mismo tono que la faja del vestido.
Al salir obtuve una mirada sorprendida de John, me detuve algunos minutos hablando con el simpático portero para luego pedirle que me pidiera un taxi. Le indiqué la dirección del hotel al chofer y con extrema lentitud nos dirigimos allí. Al parecer era la hora pico, de modo que había muchísimo tráfico en las calles londinenses.
Llamé a Julieta para avisarle que demoraría más de lo esperado, y mi amiga poco más que suplicando me dijo me apurara, que ya no podía soportar más la ansiedad de Gabi. Por supuesto no hice más que reírme y colgué.
El hotel era majestuoso, arañas de cristal, vestíbulos de mármol, grandes ventanales con unas exquisitas cortinas con bordados de oro. La decoración era magnánima. De echo, allí mismo se festejaría la boda; luego de la iglesia todos vendrían a un salón que aquí había. La pareja tenía reservada la habitación 503, de modo que con extremo cuidado de no caerme me encaminé hacía el ascensor. El cual era tan elegante como el resto del hotel, con espejo de cuerpo entero, paredes de madera clara y pisos de mármol rosado.
Al llegar a la habitación toqué con fuerza, suponiendo que con el lío que allí dentro habría, no me escucharían. Pero Julieta abrió la puerta tras varios segundos, se la veía un poco descolocada y entendí en ese momento que necesitaba seria ayuda para controlar los nervios de Gabi. La saludé con un abrazo y recién entonces me percaté de su vestimenta. Tenía un vestido aguamarina, por supuesto, el cual en el busto tenía un drapeado así también como las pequeñas mangas que traía. Luego de la mitad del busto le nacía un drapeado que iba hasta la cintura; que era ideal para disimularla y luego caía con sencillez. Había optado por dejarse el pelo moreno suelto y le daba un toco muy latino. Estaba preciosa. (
http://img.alibaba.com/photo/251025264/FL2035_bridesmade_dress_fashion_bridesmaid_dress.jpg )
- me imagino la cara de Cam cuando te vea – dije sonriendo mientras dejaba la cartera en una de las butacas que allí había – estas preciosa.
- gracias, pero no creo que sea el único que babee – dijo sonriendo ilusionada por mi encuentro con Jackson. Lo entendí perfectamente, pero en este momento no me sentía capaz de pensar en eso, de modo que salí por la tangente. Típico de mí.
- dónde está la novia? – pregunté curiosa y a la vez asustada por el caso de histeria a la que me enfrentaría. Al parecer Juli, no había podido con ella.
- con el peluquero – dijo extenuada – histeria es poco, está de lo más ansiosa.
- no te preocupes, ya me sabré arreglar con ella – dije sonriendo mientras me dirigía al cuarto donde mi amiga había señalado.
Al abrir la puerta corrediza estaba Gabriela en una bata blanca sentada en una elegante silla, y había un hombre parado jugando con su cabello y un secador. La que parecía su hermana, estaba sentada en otra silla y se la veía abatida. Se notaba claramente que estaba nerviosa porque cada segundo le decía al peluquero que le estaba tirando el cabello. Luego de haber analizado la situación, decidí hablar para que notaran mi presencia - cómo está la novia más hermosa? – pregunté sonriendo, mientras Gabi saltaba de la silla y corría para abrazarme. Pude ver como su hermana gesticulaba la palabra ayuda con demasiado énfasis y al parecer el peluquero estaba de acuerdo con aquello porque movió la cabeza coincidiendo con la hermana de la novia. Luego que nos deshicimos del abrazo, la tomé por los hombros y le dije con la tranquilidad que me caracterizaba – respira hondo. Que el aire entre en tus pulmones suavemente, y salga con simpleza. Que ese aire te llene y te haga sentir más liviana – ella inmediatamente cerró los ojos mientras yo hablaba. Los allí presentes me miraban como si fuese Dios, pero sólo estaba aplicando técnicas de relajación – ahora moverás tus hombros en círculos, sacando toda la tensión que allí radica.Pero al parecer aquello no fue suficiente, porque Gabriela abrió los ojos sacada y dijo gritando – cómo quieres que no esté tensionada? Me voy a casar! Sí, a casar! Y encima con el hombre más sexy del mundo según la revista People. Eso es mucho.
Ya me empezaba a cansar, mi amiga siguió parloteando estupideces hasta que mi límite dijo basta y la cacheteé con fuerza para que reaccionara. Y al parecer funcionó porque muy sumisa volvió a su asiento y dejó hacer su trabajo al peluquero. Verónica, la hermana de Gabi me agradeció y estuvimos charlando un rato, luego se nos unió Juli, pero para ese entonces el peluquero había echo maravillas con Gabriela y ya estaba terminada.
Le había echo un elegante recogido pero respetando el desflecado cerquillo que tanto le gustaba. Se veía madura pero infantil, clásico pero moderno. Perfecto para ella. Justo en ese momento tocaron la puerta, era la madre de la novia, la maquilladora y la modista con el vestido.
Entre todas la ayudamos a poner esa delicia de tela y cuando por fin lo tuvo puesto, cayó en la idea que realmente se casaba, porque murmuró – me caso – con extrema adoración. Su sueño se hacía realidad y fue genial ser partícipe de ello. Todas le sonreímos y le dimos un afectuoso abrazo, pero obviamente no pude detener la lágrima que bajaba por la comisura de mi ojo.
Nunca había visto semejante belleza de vestido, era de alta costura. Era blanco por supuesto como Gabi quería, la parte de arriba era un apretado corsé bordado con piedras que acentuaba la figura de mi amiga. A pesar de ser strapless, tenía unas pequeñas manguitas de tela también bordada. Tenía una cola pronunciada de tull, en donde el final también estaba bordado. Era precioso. (
http://imagenes.solostocks.com/z2_4539663/preciosos-vestidos-de-novia-y-calidad-se-venden-por-unidad.jpg )
Mientras la maquilladora hacía su trabajo con la novia, Julieta y la familia de Gabi charlaban, me decidí a maquillarme. De modo que cogí el estuche de los cosméticos y me dirigí al majestuoso baño. Todo era de mármol y sospechaba que era más grande que mi departamento. Eso fue raro, definitivamente. No quería maquillarme realmente, pero si no lo hacía probablemente Gabriela me pegaría. Así que suspirando cogí las sobras celestes, apliqué una aguamarina en el párpado movible e hice la profundidad del ojo con una sombra más oscura y para acabar coloqué un poco de plateado en el arco superciliar. No era un maquillaje común pero me gustaba. Luego apliqué rimel, un poco de rubor y brillo labial.
Al salir me encontré con la maquilladora que ya se iba y al verme dijo – exótico pero lindo e impecable.
- gracias – agradecí confusa, me había agarrado desprevenida. Al parecer la novia ya estaba lista pero aún era temprano para ir a la iglesia, además Gabriela se quería hacer esperar. Típico de ella. La madre de ella ya había partido a la iglesia para recibir a la gente junto con los padres del novio y el novio mismo. Pero al irse la madre de la novia vino el padre para llevarla al altar.
Y en ese momento de espera deseé poder llegar a estas alturas, poder casarme con la persona que amaba. La cual sabía que estaba en este momento en el altar. Sabía que debía enfrentarlo, domar mi orgullo y pedir perdón por mi acciones. Pero tenía miedo, si las cosas no salían como esperaba? Qué haría? Lloraría por años, muchos años y no estaba segura de poder soportar tal dolor.
Además estaba el tema de que al lado de Jackson estaría Kellan, el Kellan que yo había lastimado, al que había besado y al que consideraba un amigo. Eran tantas cosas que no sabía si podría enfrentarlas a todas. Pero algo me sacó de mis cavilaciones y fue Julieta, avisando que ya era hora de partir a la iglesia. De modo que tomé la cartera, me enfundé en el chal y desfilé hacia la puerta seguida de las damas de honor, el padre y la novia. Afortunadamente todos entramos en el ascensor.
Al salir la novia y el padre se fueron en un remise rentado, mientras las damas de honor nos fuimos en otro aparte.
El trayecto afortunadamente no fue demasiado largo, sin embargo fue suficiente para que mi mente pensara en el próximo movimiento a seguir. Antes de lo que me hubiese gustado, ya estaba frente a la colosal iglesia que Gabriela y Robert habían elegido; y lejos de estar tranquila, temblaba de nervios.

domingo, 14 de marzo de 2010

Capitulo 35


Sí, no tienes que decirme nada. Lo se. Creanme que lo sé. Soy una horrible escritora, algunas me quieren tirar con un ladrillo, otras con un tomate. Están en su derecho de hacerlo, y creanme no les diría nada. Un mes sin subir, eso es mucho. Les cuento que salvé el dichoso examen de matemática (aunque creo que ya les había contado), ya comencé las clases y no estoy muy feliz por eso. Sin embargo desde ahora en más trataré de subir con menos brechas entre capitulos. Además yo mejor que nadie sé que son pocos, por no decir escasos los lectores de la novela. Y también sé que es todo mi culpa. Sí lo se, me he demorado mucho. Nadie mas que yo lo lamenta, pero bueno. No se puede llorar por la leche derramada. Trataré de hacer alguna campañia para juntar nuevas lectoras, no sé la verdad. Me las apañaré. Quiero contarles que, cuando termine esta novela aquí mismo subire otra, en este caso Bella&Edward. Yo supongo que les gustará, pero no podría adelantarme a los echos. Las pocas personas que han leidos capitulos, me dicen que es genial. Veremos...de todos modos falta para eso. Aún hay que terminar Tropezando con el destino... y para serles sinceras queda mucho. Pero aún así ya tengo escrito algunos capitulos. Con respecto a este capitulo, cabe destacar algunas cosas. Los nombres de jugadores que mencioné tanto del Manchester como del Milan, no sé con certeza de que sigan en el club. Solo se que Cristiano Ronaldo ahora esta en el Real Madrid, pero es el equipo que pude conseguir. En fin...probablemente odien como termina el capitulo y lo que pasa entre Kellan y Mery pero prometo que de ahora en más, las cosas marchan lindo. Incluso capaz que en el prox cap se viene la boda de Robert y Gabi. Antes de dejarlos con el capitulo, quiero darle las gracias a Maqii, mi infinita amiga que me hizo el blend magnífico de Jackson, que es el que encabeza este cambio de look. A poco no me que do muy lindo? Esta mal que yo lo diga, pero esta linda la pag ahora jaja Como soy buena, les dejo una foto de Jackson. Sin mas les dejo el cap. Disfruten y gracias por bancar.




Capitulo 35 – Manchester vs. Milán
Extraña, sí así había sido mi semana. Sumamente extraña e inusual. A Kellan se le había dado por recogerme todos los días en la facultad, me llevaba a comer y luego me dejaba en la librería. Extraño. Tan extraño como yo me sentía a gusto con él. Extraño pero en un modo positivo, Kellan me hacía reír como hacía tiempo no lo hacía, además su compañía era agradable.
Sin embargo, mis amigas no pensaban lo mismo. Me habían dado una charla extensa el jueves en el recreo largo, sobre lo retorcida que estaba siendo por salir con el mejor amigo del chico que amaba. Fue duro explicarles que no sentía nada por Kellan, al menos no de ese modo. Tuve que explicarles que era con la única persona que mis problemas se aligeraban, y mis miedos se alivianaban; tardaron pero de ese modo, entendieron. Aún veían mis salidas con Kellan sádicas pero sabían que era por mi bien. Ahora y sinceramente, no estaba tan segura de que fuese simplemente una amistad entre nosotros, sí sabía que debía morirme por pensar esto pero me sentía muy a gusto con él, reconfortada, querida y protegida. Sabía qué en el caso de que sintiese algo, lo guardaría bajo un cofre de doble fondo y lo sellaría con siete llaves. Por el momento, sólo sabía que había una clara atracción entre nosotros pero que moldeada con sabiduría sólo sería eso. Sin embargo, tenía claro que sus intenciones no eran tan buenas como las mías. Me había insinuado en varias oportunidades que era una hermosa mujer, que no debía dejar que el tiempo pasase, mirar alrededor y un sinfín de indirectas que todas terminaban en él. Si no amase tanto como lo hacía a Jackson, probablemente ya habría terminado con Kellan, pero las cosas eran de otro modo. Por el momento, sólo podía apuntar a una amistad con él. Nunca pensé que las cosas se enredarían tanto, todo este asunto comenzaba a irse de las manos y me asustaba no tener el control de ello.
Pensar en Jackson aún dolía, y mucho pero había aprendido a vivir en su ausencia. Todavía por las noches me preguntaba porqué no había tenido un llamado, un mensaje, algún mail o cualquier información que reportara su paradero. Tenía plena conciencia de que me amaba tanto como yo a él, entonces ¿por qué no venía a por mí? ¿qué rayos estaba esperando? Apreté los ojos con fuerza tratando de que esa forma los pensamientos circulasen con mayor eficacia por mi cabeza, pero no se podía. Estaba estancada entre lo que me pasaba, y más aún si él no aparecía. Aunque sabía que debía y tenía que verlo en el casamiento de nuestros amigos, entonces ¿qué haría? ¿Lo vería, lo besaría y le perdonaría todo? Estaba segura que no, al menos merecía una explicación. Necesitaba saber porqué no había confiado en mí. Sabía que darle más vueltas a todo este asunto sólo me haría más daño, pero no lo podía evitar. Nuestro encuentro sería ya en una semana. ¿Cómo reaccionaría al verme? ¿Se alegaría? ¿O por el contrario se sorprendería de mi presencia? Eran incógnitas que sólo se solucionarían en el momento de vernos pero no podía evitar especular al respecto.
Era ya viernes y estaba en mi casa viendo tele. Sabía que en cualquier momento Kellan tocaría timbre, pero sinceramente no me sentía con ánimos de ir a ningún lado y mucho menos de haber pensado tanto en Jackson. Me sentía sola e insegura, necesitaba tener la calidez de sus brazos para volver a sentirme cómoda y reconfortada.
Tal como suponía, varios minutos después el timbre sonó. No necesitaba atender para saber que era Kellan, su forma inusual de tocarlo me lo decía. Apretaba el pequeño timbre tres veces seguidas y luego una, no sabía si era como una especie de clave pero era inconfundible saber que era él.
A decir verdad no me había vestido con gran parafernalia, al fin y al cabo sólo íbamos a ver fútbol. Jeans oscuros, remera blanca, buzo de hilo verde, converse negras, el chaquetón gris junto con un bolso gris. Apenas me había colocado rimel y brillo labial. Mi ánimo no daba para mucho más.
Al bajar, me despedí con un gesto de John, quién amablemente me abrió la puerta y pude salir al invernal aire londinense. Esperaba que Kellan estuviese aguardándome allí, pero me pareció de lo más extraño no encontrarlo, de modo que me encaminé a la camioneta que reconocí como suya. Al instante se me abrió la puerta del copiloto invitándome a pasar, el olor a su varonil colonia me embargó y su voz llegó a mis oídos.
- Lo siento Mey, pero tenía demasiado frío para quedarme allí parado. Espero que no te importe – agregó sonriendo pero al ver mi cara su expresión cambió notoriamente – oye dulce – él solía decirme así de forma cariñosa - ¿qué pasa?
- Nada de qué preocuparte Kell – respondí forzando una sonrisa.
- A mí no me engañas – dijo con superioridad – ¿es él verdad? – a lo que yo simplemente asentí. Habíamos hablando muchas veces de este tema, pero cada vez que me veía mal lo retomábamos. Él siempre aludía nos amábamos, que si bien estaba molesta con él no podía ser tan orgullosa como para negar que lo necesitaba, incluso se había ofrecido a darme su número telefónico en Los Ángeles para que lo llamara; pero terca como yo sola podía ser, me había negado. Eso sólo podía demostrar que a pesar de sus sentimientos hacía mí, sólo quería lo mejor para mi persona. Eso sólo me inundaba más de ternura y de confusiones – Mey ya hemos hablado de esto. Debes decidir qué hacer con tu vida, si decides olvidarlo y seguir para adelante. Si quieres estancarte y vivir recordándolo. O tomar las riendas y hacer la bendita llamada. Elijas lo que elijas, estaré aquí para ti hermosa. Nunca te dejaré sola, eso ya lo sabes. Ánimo, además eres muy bonita para tener esa extraña expresión en tu cara.
- Gracias Kell – agradecí sonriendo, mientras él me abrazaba con fuerza – no sé que harías sin ti.
- Probablemente llorarías por los rincones – bromeó sonriendo, pero me dolía la verdad que contenían sus palabras. Tenía toda la razón, debía tomar las riendas de mi vida y tomar una maldita decisión. Era una mujer madura y sabía que me convenía, sabía tomar mis propias decisiones y no podía estar llorando un hombre toda mi vida.
Recién en el momento que puso el auto en marcha me percaté de su indumentaria, traía un jean oscuro, un buzo blanco de apariencia suave, un abrigo por las rodillas negro y una peculiar bufanda del Manchester. No pude evitar carcajearme, esto era lo que me gustaba de él. Sus extrañas elocuencias.
- ¿Oye de qué te ríes? – preguntó mientras tenía la mirada muy enfocada en la carretera, pero podía ver que me miraba de reojo. Seguía riéndome, de modo que sólo pude señalar su bufanda – ¿Te ríes de esto? Hay que tener un poco de espíritu ¿no crees?
- Definitivamente – concordé mientras limpiaba las silenciosas lágrimas que bajaban de mis mejillas producto de la risa.
- Sabes, es la primera vez que voy a ver un partido de fútbol con una mujer – reflexionó extrañado – es raro.
- Uy gracias – declaré fingiendo ofensa y un puchero.
- Sabes a lo que refiero, además convengamos que yo tampoco soy convencional. En Estados Unidos el fútbol no es el deporte favorito, de modo que también soy raro. Me hubiera encantado nacer aquí, ¿te imaginas? A los ingleses les encanta en fútbol. Sería genial.
- En América Latina también, es el deporte más popular. Los demás están por muy debajo de la media – coincidí con su opinión.
- Si, ya sabes que en USA priman el fútbol americano, o el baseball. A mi gusto son muy aburridos – dijo sonriendo.
El viaje fue de tres horas, mentiría si dijera que me aburrí. Al contrario me reí muchísimo, Kellan era un experto en eso. Además en este tiempo había aprendido ver más allá que sus músculos, sus hermosos ojos y su cautivadora sonrisa. Él era mucho más que eso, una magnífica persona que sólo se preocupaba por los demás. Eternamente dulce y comprensivo, Kellan era un buen amigo.
El cielo se había teñido de rosa a pesar de las voluptuosas nubes, y el sol se ocultaba entre el horizonte. Las estrellas se asomaban pero eran eclipsadas por las nubes, quienes parecían no quererse ir. El clima era frío pero soportable, además dentro del auto se mantenía calentito.
Había caído la noche completamente cuando llegamos al estadio. Me impresionó su magnitud, belleza y modernidad. Era una estructura colosal en medio de un gran estacionamiento. Recordé entonces el glorioso Centenario situado en medio del Parque Batlle, adornado con viejos sauces y pinos. Cómo extrañaba los domingos futboleros con familia y la ida al estadio con amigas.
- Ven vamos – dijo mi amigo mientras me abría la puerta y me tomaba la mano para conducirme dentro.
Si por fuera impresionaba, claramente por dentro era mejor. Las tribunas vestidas de cómodos asientos con respaldos; cosa que en el fútbol uruguayo no existía, los palcos con impecables vidrios polarizados.
Y la cancha, se notaba a leguas que cuidaban el césped como si fuese oro. Muchas canchas en Europa contaban con césped sintético, en este caso era real y eso lo hacía mucho más emocionante. La pelota era menos ligera en canchas de pasto reales, pero se podía ver que con el nivel del pasto adquiriría una velocidad considerable; a eso si se le agregaba que la estaban regando.
Los asientos que Kellan había comprado estaban a una cercanía considerable a la cancha, y sinceramente no quería pensar cuanto le habían costado. El clima del estadio era pacífico, a diferencia de lo que sería un estadio uruguayo, incluso argentino. Las personas hablaban con tranquilidad entre sí, nadie cantaba cánticos alentadores ni había gran cantidad de banderas. Sabía que el fútbol europeo era otra historia, pero no pensaba que tan extremista fuese la situación.
- Impresionada? – preguntó Kell luego de unos minutos, los cuales se dedicó a contemplarme mientras veía con atención las alrededores.
- Muy – dije emocionada, y noté enseguida la emoción que a mi amigo le causaba mi mejoría. Estuvimos platicando varios minutos más, sobretodo del partido. Él aseguraba que ganaba el Manchester, sin embargo yo no estaba tan confiada en eso, el Milán tenía un muy buen equipo. Como hombre competitivo que es quiso apostar, acepté sólo para sonreír cuando lo derrotara. El que perdiera la apuesta pagaría la cena. Mi amigo confiaba ciegamente en Cristiano Ronaldo para concretar y en Rooney para dar el pase final. Sin emabrgo yo no perdía mi fe en Ronaldinho y Beckham.
Los equipos salieron en perfecta coordinación, la pelota en el medio, el pitazo y el partido comenzó. El primer tiempo pasó sin nada demasiado interesante, un desborde de Carric que terminó con un cabezazo de Cristiano, pero que afortunadamente Abbiati logró atajar. Luego una jugada de pelota quieta, producto de una falta de Vidic, Beackham la llevó a cabo pero se desvió por unos metros.
La competencia ya no estaba sólo en la cancha sino también entre Kell y yo, cuando el Manchester se acercaba al arco contrario, él sonreía y viceversa. La situación era muy infantil pero no por eso menos divertida. En el entre tiempo fuimos a buscar cerveza por insistencia de Kell, personalmente la encontraba muy amarga pero a él parecía gustarle mucho pero tuve que detener un segundo vaso porque debía conducir. Él estuvo de acuerdo y sonrió en respuesta, para ese entonces los equipos volvieron a la cancha y ambos nos sentamos. Para el segundo tiempo Ferguson hizo algunos cambios en el equipo, pero mantuvo la táctica, 4-4-1-1. En lo personal no me gustaba mucho, pero... todo iba bien hasta que en el minuto treinta una pelota robada por Anderson, quien logró eludir a un pard e hombres, cayó en los pies de Cristiano Ronaldo, quién con una excelente elegancia la clavó en un ángulo. El estadio rompió el silencio y todos festejaban. Incluso yo saltaba, había sido un gol espectacular, los jugadores se abrazaban con los suplentes y Ronaldo agitaba la camiseta con fervor.
Obviamente Kellan me gritó el gol en la cara, pero no me inquietó le tenía fe al Milán. Además no me iba a generar grandes cambios pagar una cena. Para gran asombro de todos en el minuto treinta y cinco con segundos, Ferdinand pisó con intención el tobillo de Pato, de modo que el árbitro español dio penal para el Milán. Mi sonrisa de satisfacción era grande, sabía que si esa pelota caía en los pies de Beckham era un gol asegurado. Tan errada no estaba, porque cuando el juez pitó David con esa elegancia y sutileza que lo caracteriza la arrimó a uno de los palos y gol. Me tomé el atrevimiento de festejarle el gol en la cara de Kellan, quien traía una mirada pesada. Le sacaba la lengua constantemente por subestimarme. Y para que negarlo, mi ego estaba por las nubes. Desde entonces todo se convirtió en una locura, el estadio explotaba como si fuese un clásico argentino, y todo porque al Manchester un empate no le servía, para pasar a la próxima rueda debía ganar sí o sí. Los jugadores corrían la pelota desesperados, el Milán se refugió atrás y comenzó a jugar de contra, de ese modo el Manchester dejaba grandes huecos en defensa. No tardaron mucho en perder la pelota en el área contrarea, de modo que con Beckham al mando de todo, corrió la mayor parte de la cancha, le dio un pase a Ronaldinho pero éste no tenía ángulo para pegarle, de modo que se la pasó a su amigo Ambrosini, pero éste tenía demasiados defensas arriba, cuestión que se la entregó nuevamente y con esa habilidad y velocidad característica de los brasileños, eludió a los zagueros, incluso al arquero y arrimó la pelota más allá de la línea blanca. Comencé a saltar como condenada, hasta me puse a bailar como festejo. Pero al ver la cara de Kellan me detuve, sus ojos tenían un brillo capaz de eclipsar el Sol, era brillo de ¿amor? Eso me desconcertó de tal forma que quedé estática en el lugar.

Cuando los festejos del gol terminaron, quedaban dos minutos y los descuentos. El Manchester buscaba desesperadamente el empate que lo llevara a los penales, pero el Milán pudo refugiarse atrás y de contra le hizo otro gol por intermedio de Pato.Al final el partido termino uno a tres, y yo me llevaba un cena de arriba.
Cuando nos subimos al auto todo era silencio, a pesar de la euforia que se vivía afuera. No podía sacarme la mirada de Kellan de la cabeza, ¿de verdad el me amaba? Todo era confuso, sin embargo no quería que él se diese cuenta que me percaté de aquello, de modo que comencé a fastidiarlo.
- Me gané una cena, me gané una cena – canturreé mientras me movía en el asiento. Él no contestaba – herí tu ego, herí tu ego – bailaba y le ponía caras – uhh te derrotó una mujer, te derrotó una mujer.
- Oye no es gracioso – dijo enojado, pero en el fondo sabía que sólo bromeaba, de modo que sonreí y seguía molestándolo.
Era cerca de la una de la mañana cuando entramos nuevamente a Londres, pero como esta ciudad nunca dormía, la mayoría de los restaurantes estaban abiertos. Kellan me condujo a uno, qué afortunadamente no era muy lujoso, era casual y eso me gustaba, además intuía que él lo sabía. La cena pasó demasiado divertida, no pude evitar escupir lo que tomaba en varias oportunidades. Las ocurrencias que tenía eran descabelladas, y en el fondo me alegraba haber salido, así de ese modo me despejaba y me alejaba de esas locas ideas que tenía. Todo el mundo en el restaurante tenía la atención en nosotros, al parecer llamábamos demasiado la atención aunque sospecho que era más por Kell que por mí, pero en fin.
Cuando aparcó la camioneta en mi casa, eran cerca de las tres de la madrugada, me pareció sensato invitarlo un café de modo que subimos juntos. Y al igual que la primera vez que estuve con Jackson en este ascensor, su cercanía me ponía nerviosa. Al entrar a mi casa, Kellan miraba emocionado para todos lados, al parecer sorprendido por la decoración, o eso supuse, de la casa.
- Tienes una casa muy acorde con tu personalidad – dijo sonriendo ampliamente.
- No sos el primero que lo dice – dije sonriendo quedamente, y él entendió perfectamente a quién me refería.
Fui hasta la cocina a preparar el café mientras él observaba atento mis movimientos desde la barra. Al acabar y sin una palabras de su parte, ambos nos dirigimos hacia el sofá. Sabía que algo pasaba, él estaba muy silencioso y viniendo de su parte era extraño. Y eso no hacía más que inquietarme.
- Me querés decir que demonios te pasa? – pregunté ya harta de su silencio, me ponía nerviosa.
- Sé que te diste cuenta – dijo con la cabeza gacha, y entendí perfectamente a qué se refería, de modo que yo también bajé la cabeza avergonzada – lo siento Mey, ya no lo puedo ocultar. Me gustas, y sé que soy el peor amigo que se pueda tener pero no lo puedo evitar. Me gustas como hace tiempo no lo hace nadie, y sé que merezco lo peor pero ya es tarde – entonces levantó la cabeza e hizo algo que nunca me hubiese esperado. Me besó, y contrario a lo que pensé fue muy dulce. Su boca hizo presión sobre la mía, pero solo deleitándose con el sabor de mis labios, sin presionarme a nada más. Sabía que esto estaba condenadamente mal, pero decidí abandonarlo todo y seguí el ritmo de sus labios por instinto. El sabor que tenía era muy particular, dulce pero a la vez amargo producto de la cerveza. Ambos comenzamos a entreabrir los labios, dejando paso a nuestros cálidos alientos y poco a pocos fuimos introduciendo la lengua en la cavidad ajena. El beso fue subiendo de tono, pero nunca dejó de ser dulce y tierno, me tocaba con delicadeza como si fuese a romperme pero con suficiente fuerza como para no dejarme ir. Pero como humanos que éramos, debimos separarnos. Nuestras respiraciones estaban agitadas y nuestros labios rojos producto de la fricción. Pero cuando terminamos de separarnos, el arrepentimiento llegó a mí como un mal virus informático.
- Esto está mal – dije de inmediato, y pude notar con gran dolor la angustia que eso provocó en Kellan.
- Lo sé, yo no debí – balbuceaba inconscientemente.
- Es culpa de ambos – dije cerrando los ojos con cansancio, pero no quería que se fuera sin decirle algo, de modo que lo tomé de la cara y dije – escucha, no quiero que te vayas arrepintiéndote de esto. Yo no lo hago...del todo – concluí – no podemos negar que algo pasa aquí – y nos señalé a ambos – hay atracción, es innegable. Sin embargo sabes que mi corazón le pertenece a Jackson.
- Entiendo – dijo con tristeza – ojalá te hubieses chocado conmigo primero – dijo con pena. Tomó su abrigó y con un simple – adiós Mey –se fue, dejándome con el entendimiento que no debía dejar escapar a Jackson. Y me acosté llena de incertidumbres, pero con la certeza de que hablaría con él en el casamiento.

lunes, 8 de febrero de 2010

Capitulo 34

Qiero aclararles qe las cosas qe dije de Kellan son totalemente inventadas, estuve buscando por un buen rato alguna info que dijera lo que busco pero no encontre (soy bastante mala con el google), asi qe dije, para qe está la imaginacon? Y lo inventé. La qe no entienda la explicacion de futbol, me avisa y la repito o se la hago mas linda. Ahora les dejo el cap, qe es totalemnte Kellan&Mery - exclusivo para Maqii-.


Capitulo 34 – ¿Vos?
Me volteé molesta por que habían roto mis cavilaciones, y al hacerlo me encontré con el mejor de los cielos celestes enmarcado en unas largas pestañas rubias. Y cuando los rasgos cuadraron con el nombre, solté – vos? Qué haces acá?
- linda bienvenida me das – dijo con sarcasmo y se sentó en frente como si lo hubiese invitado.
- lo siento – me disculpé, él no tenía la culpa del torbellino de emociones en el cual me encontraba – pensé que nunca te volvería a ver, eso es todo.
- auch eso dolió – dijo fingiendo sufrimiento en una mueca bastante poco creíble, de modo que me hizo sonreír – de todos modos me verías en el casamiento.
- supongo – respondí mientras bebía un sorbo del capuchino. A decir verdad no me gustaba encontrarme con el hombre que me confundía en el mismo lugar que conocí al amor de mi vida.
- oye y como estás? – preguntó despreocupado, pero sabía claramente que no se refería a lo que me pasaba en este instante, sino lo que pasó dos semanas atrás. Afortunadamente en ese momento llegó Charlie, quién me miró interrogante, supuse que quería saber quién era mi acompañante, luego le explicaría. Después de tomar la orden de mi amigo se fue detrás de la barra a preparar el café y las medias lunas que había pedido la persona del otro lado de la mesa – piensas contestarme? – preguntó observando como Char se perdía detrás de la barra.
- estoy tan bien como puedo estar – respondí suspirando y con sinceridad, a decir verdad no podía dar otra respuesta. Creo que él lo notó al instante porqué pude ver en su cara una expresión de molestia, como si le molestara mi sufrimiento, el cual se podía palpar en el aire, solía ser muy transparente de modo que todos conocían mis sentimientos cuando pasaban por mi interior.
- me alegra saber que no estas tan mal como pensaba – se sinceró sonriendo.
- suelo ocultar muy bien lo que pasa – dije esforzándome por sonreír, pero todo lo que conseguí fue una extraña mueca. Entonces él cambió la expresión y me miró con lástima, a lo que yo dije – no permito que me mires de ese modo.
- de qué modo? – preguntó desconcertado y confundido.
- con lástima – espeté enojada – sé que tengo parte de culpa por lo que pasó, por el modo que reaccioné. Lo sé, pero yo no fui la que pidió que me mintiesen, eso corrió por su cuenta – suspiré triste y angustiada, podía notar su mirada triste en mí de modo que levanté la vista para observarlo.
- él te ama – dijo convencido y por un momento juraría que por sus ojos pasó un rayo de celos, o tal vez era enojo?
- ya lo sé Kell, ya lo sé – hice una pausa imaginando qué estuviese haciendo en este momento si Jackson estuviera aquí conmigo, pero ese increíble sueño se desvaneció cuando caí en cuenta que la realidad era otra – y créeme que me siento terrible, pero no en sí por la mentira sino porque no confió en mí para semejante cosa. Yo... –vacilé –yo...- agaché la cabeza y dejé escapar un par de lágrimas – yo realmente no quiero hablar de eso.
- está bien, te entiendo perfectamente pero quiero que sepas que voy a estar aquí para lo que necesites Mey, cualquier cosa Kellan estará al rescate – dijo mientras tomaba una de mis manos entre las suyas, y a pesar de todo no pude no compararlas con las que hace un tiempo ocupaban su sitio. Las manos de Jackson tenían dedos largos, supuse que por tocar la guitarra, uñas cortas y pulcras, suave al tacto y cálidas. Sin embargo las manos de Kellan eran enorme, realmente enormes; sus dedos eran también largos pero sus uñas más largas de lo que me gustaría, y a pesar de ser cálidas no era el tipo de calidez que buscaba.
Levantó una de sus manos, con un dedo levantó mi mentón haciendo que me inundase en el mar que eran sus ojos, y limpió con extrema delicadeza mis lágrimas. Lejos de sentirme fuera de lugar, me dio mucha ternura su gesto, de modo que no puede evitar sonreír aunque sea un poco.
- eso está mucho mejor – dijo con una de sus enormes sonrisas, al parecer le satisfacía el echo de que estuviese mejor.
En ese momento llegó Char con el pedido de Kellan, intercambiaron un par de palabras qué eventualmente no entendí y el primero se retiró. Pero aún seguía en mi mundo, no puedo creer que esté tomando un café con el hombre que hace un par de semanas me partía la cabeza. Sabía muy bien qué solo estaba presente en mí porque era muy apuesto, tenía claro que nunca llegaría a pensar más allá de la amistad, pero tenía el presentimiento que él sí podía tenía otros horizontes, y lejos de preocuparme me halagaba pero sabía que estaba mal y sobretodo porque era amigo, muy amigo del hombre que me robaba los suspiros.
- entonces – dije mientras él sorbía de su café amargo – qué haces aquí?
- bueno, hace dos días que Robert me llamó desesperado por lo del casamiento – explicó mientras posaba la taza sobre su correspondiente plato – está bastante estresado y, por lo que sé tu amiga lo tiene llevando de un lado al otro. Necesita una salida de machos– agregó sonriendo y mostrando los músculos de su brazo – aunque se me hace extraño que no estés junto con Gabi con los preparativos.
- no se me dan muy bien los casamientos – expliqué cohibida – suelo llorar sin parar, de ese modo no sería de gran ayuda para ella – hice una pausa –de todas formas mejor, no soporto los preparativos previos a ninguna fiesta. Es realmente estresante!!
- al parecer sí, Robert está harto – dijo carcajeándose, de modo que no pude evitar imaginarme a Rob siendo cinchado por su futura esposa de aquí para allá, de tienda en tienda eligiendo cosas para su boda; cuando este tumulto de imágenes se formaron en mi mente me fue imposible no reírme, así que nos vimos ambos envueltos en una risa alta y graciosa, qué conforme más nos reíamos más ganas de reír teníamos.
Sentía que esa carcajada en conjunto había demorado mucho en cesar, tal vez habían sido escasos segundos o incluso largos minutos pero pude sentir que con ella, descargaba mis penas de una manera mucho más pulcra qué con lágrimas. Debería entonces juntarme más con este chico que me hacía reír, así al menos me podía sentir más liviana.
- blanco o negro? – preguntó de pronto Kellan, una vez que nuestras risas habían acabado. Qué pretendía?
- depende para qué – contesté confusa y extrañada por su actitud – tú que prefieres? – pregunté aún sin saber a qué se refería.
- el negro es muy solemne y suele ser usado para muchas cosas – dijo pensativo – pero el blanco es mucho mas pulcro, puro y natural. Ese color va contigo – dijo sonriendo tímidamente. No me consideraba una experta en descifrar indirectas, pero ésta en particular señalaba que yo era pulcra, pura y natural? Fue muy linda la manera en la que lo dijo a pesar de que no tenía necesidad de hacerlo. Realmente comencé a pensar qué tal vez debería asustarme o al menos preocuparme un poco con sus intenciones, qué al parecer estaban bastante claras, casi cristalinas. Y a pesar de que lo encontraba totalmente atractivo, muy amigable, divertido y espontáneo, seguía prefiriendo el silencio, las sonrisas y los ojos verdes de Jackson.
- sabes? Siempre pensé que eras poco profundo – él reaccionó frunciendo el ceño y con sus ojos desorbitados, al parecer lo había ofendido – pero esa reflexión es interesante.
- bueno cariño no soy solo una gran masa muscular muy sexie, tengo cerebro también – dijo ofendido a medias pero con una sonrisa – te sorprenderías de mi intelectualidad.
- sorpréndeme – dije decidida a retarlo.
- ok, adelante – cedió él desafiándome con la mirada.
- libro favorito? – pregunté entornando los ojos, a través de mi trabajo en la librería había descubierto qué el libro favorito de las personas decían mucho de éstas.
- Eclipse – dijo muy satisfecho y pagado de sí mismo.
- por supuesto – dije sonriendo.
- músico favorito? – pregunté luego de una pausa, e intuyendo lo que me diría.
- Linkin Park y aunque parezca mentira – dijo un tanto avergonzado – Robbie Williams Y a pesar de que intuía un poco de rock nunca pensé que le gustara el tipo de música que hace el muchacho ingles.
- okei eso fue extraño – admití totalmente extrañada – pero oye a mi también me gusta la música de Robbie. “I just wanna feel real love” entoné sonriendo, él me había vacilado infinitas veces, una vez que yo le tomara el pelo no le hacía para nada mal.
- de acuerdo, de acuerdo – dijo agitando las manos avergonzado – cuál es tu grupo favorito genio? – preguntó divertido, pensando que tal vez le llegaría la oportunidad de bromear a costa mí pero trataría de ser lo bastante astuta para que eso no sucediera.
- The Beatles por supuesto – dije sonriendo victoriosa al ver la decepción de sus ojos – y un cantante guatemalteco.
- sabes? Yo prefiero los Rollings – dijo sonriendo con suficiencia.
Entonces los recuerdos se filtraron en mi mente...
- Rollings o The Beatles? – le pregunté al muchacho de ojos verdes que residía en el sofá de mi casa.
- The Beatles por supuesto – dijo como si fuese obvio.
Los recuerdos de esa tarde se desvanecieron y pude volver a enfocar mi vista en Kellan. Sabía que las comparaciones era fastidiosas, pero no podía dejar de pensar qué a pesar de ser muy amigos, Jackson y Kellan eran muy distintos, incluso en los gustos musicales. Cualquiera diría que Jackson con su look rockero preferiría a los Rollings, pero cuando dijo aquello esa tarde en casa me sorprendió y eso era lo que me gustaba de él. Sin embargo Kellan había elegido algo que era exactamente lo que se esperaba de él.
Realmente no sabía porqué el afán de compararlos, pero no lo podía evitar. Celeste contra verde. Esmeralda contra lapislázuli. Tan distintos pero tan iguales a la vez. Será que me guste Kellan? Sino cual otra razón para que lo esté comparando con él? Me podría llegar a gustar? Tan sádica era, como para que me guste el mejor amigo del hombre de mi vida?
- cuál es tu deporte favorito? – preguntó Kell de pronto, interrumpiendo así mis muy morbosas cavilaciones.
- fútbol, el mejor deporte que pueda existir – exclamé emocionada diciendo lo que para mí era ya una obviedad.
- no lo puedo creer!!! Eres de las pocas mujeres adora el fútbol!! – exclamó fuera de sí y elevando el tono de voz, de modo que varios clientes de la cafetería levantaron la vista para observarnos – pero es cierto, si Robert me dijo que eras una genia en eso!!
- tal vez haya exagerado bastante – dijo avergonzada de que me pintaran como una grande sabedora del fútbol.
- no lo creo –dijo sonriendo ampliamente pero de pronto quedó serio y preguntó como si fuese un policía interrogando al sospechoso – 4-4-3 o 4-3-1-2?? (para las qe no sepan, son formas de parar a los jugadores en la cancha. Lo primero sería cuatro defensas o zagueros, cuatro laterales o mediocampistas y tres puntas o delanteros. El segundo sería cuatro zagueros, tres laterales, un enganche qe comúnmente es el 10 y dos delanteros de área, o por las puntas.)
- okei, eso es complicado – expresé pensativa – creo que 4-3-1-2. Me gusta el futbol con la pelota al césped, me apasionan los 10 que saben disipar el futbol en toda la cancha; me encanta verlos gambetear y enganchar para evadir a la zaga. Pero sólo esta bueno si los laterales se proyectan y desbordan por las puntas, sino es aburrido – sentencié pensando detalladamente cuál era a mi ver la mejor forma de jugar.
- Oh por Dios eres un genio, y realmente sabes!!! – exclamó gritando, cosa que me hizo reír bastante mas no dejaba de estar avergonzada. - gracias supongo – dije mirando hacia abajo mientras jugueteaba con las manos, quienes me parecían de lo más interesantes en estos momentos.
- oye dentro de poco juega el Milán y el Manchester por la Champion, queda a pocos kilómetros de aquí. Vamos? – preguntó esperanzado. Desde que había llegado a Londres había querido ir a un partido de la Champion pero no había tenido oportunidad de encontrar a alguien que me acompañara. Gabriela más allá de River, Boca, San Lorenzo, Independiente y Estudiantes de Argentina no salía, y prácticamente Julieta apenas sabía que el clásico uruguayo era entre Nacional y Peñarol, de modo que me tenía que buscar a alguien y al parecer sin querer había encontrado uno.
- por favor vamos –exclamé como niña chica, y me encaminé a una salida con el amigo del amor de mi vida, qué probablemente me gustase. A veces me preguntaba porqué me metía en estas cosas.

martes, 2 de febrero de 2010

Capitulo 33

Agradezco a las 6891 personas qe han pasado por aquí, a las 10 seguidoras y a las 4 personas qe comentaron el capitulo anterior. Disfruten :)

Capitulo 33 – Transición
Habían pasado dos semanas desde aquel día y no tenía noticias de él, ni una llamada, un mensaje o incluso un mail. Había prácticamente, desaparecido del mapa. Pero a pesar del dolor que eso me causaba, estaba satisfecha porque él tenía la certeza de que lo amaba, y con eso me bastaba para sobrellevar la situación. No diría que estaba feliz, porque sería mentir, pero sí estaba con la conciencia limpia, todo lo que se había querido decir, se dijo. Bueno, tal vez todo no se había dicho, pero sí lo suficiente para estar en paz con uno mismo. Pero nunca voy a negar que lo extraño horrores, que cada noche sin él duele, que el no recibir sus inexplicables llamadas o sus inesperadas visitas sólo alimentaban el vació que me había dejado al irse.
A pesar de todo, del dolor que sentía y el alivio que tenía porque él lo sabía todo, no dejaba de preguntarme qué había echo mal para que él no confiara en mí con semejante cosa. Nunca lo hubiera juzgado, lo hubiéramos solucionado juntos, estaba dispuesta a mantener una relación a distancia, cualquier cosa para permanecer a su lado; pero no, él había optado por ocultarlo. Qué había echo mal para que tomara esa decisión? Tal vez le había dado la imagen de una mujer sospechosa? Tal vez vio que me enfurecería con él al saber que me dejaba? No podía entender como no había confiado en mí, se supone que la base de cualquier relación era la confianza, pero al parecer él no la tenía en mí, y eso dolía incluso más que la propia mentira en sí.
Prefería no pensar en eso, en vez de ahogarme en la pena de que él no estaba, vivía con la alegría de lo bonita que fue la etapa de nuestra relación. Al menos así no me sentía tan mal, sufría eso era verdad pero trataba de hacerlo un sufrimiento ameno. Hacía ya varios días que no lloraba por las noches, de modo que veía un progreso. Sabía que nunca me olvidaría de él, pero al menos aprendería a vivir con su ausencia.
Hacía apenas unos días había vuelto a hablar con las chicas, luego de muchas súplicas, lágrimas y peleas había entendido que ellas solo habían respondido a la promesa que Jackson les hizo hacer de que no me dijeran nada, ellas no había tenido nada que ver con el asunto, así que no las podía culpar de nada.
Al parecer Julieta estaba muy entusiasmada en su relación con Cam, se la notaba radiante y feliz como hace tiempo no se la veía, al parecer las cosas iban encaminadas. Por lo que ella contaba, sus citas eran de lo más románticas cosa que parecía raro en su novio, que se veía tan mujeriego y seductor pero al parecer debajo de esa capa de masculinidad se encontraba un hombre sensible y eso a Juli le encantaba.
Sin embargo Gabriela estaba de lo más estresada con los preparativos de la boda, pero a pesar de eso se la notaba feliz, irradiaba una especie de luminosidad que a todos alegraba con su pasar. Afortunadamente no me tocó participar de los preparativos, dijo que ella junto con Juli lo harían así ambas me ahorraban el momento incómodo. No era que las bodas no me gustasen, es que al parecer me alteraban demasiado y me sensibilizaba a tal punto que comenzaba a llorar sin explicación, así que era bastante bochornoso salir conmigo para ese tipo de cosas. Por lo que contaba Gabi, Robert estaba tan o más emocionado que ella, había pagado los pasajes de toda la familia de la novia, quienes se venía expresamente de Argentina para presenciar el casamiento de la nena.
Todos desbordaban alegría por el acontecimiento, menos yo. Digo, no es que no estuviese feliz por mi amiga, de echo al contrario estaba extasiada que encontrara el amor de su vida, pero ese implicaba que en la ceremonia debía ver a Jackson, trataba de no pensar en aquello pero en ciertos momentos de soledad no podía evitarlo, y menos si la boda se me venía encima en menos de dos semanas. Francamente no me sentía preparada para tal encuentro, pero también sabía que no podía evitar que fuera y yo tampoco podía faltar, de modo que sólo podía pretender no verlo. Aunque vamos, mi madre me había enseñado mejores cosas que esa, así que lo saludaría por amabilidad y me limitaría a hondar mi pena pero sin que se nota. A quién engañaba? No estaba preparada para ese encuentro!! No sabía cómo reaccionaría, como actuaría. Era realmente un tema estresante para mí, así que decidí como solía hacerlo, salirme por la tangente.
De modo que cogí mi bolso y el chaquetón negro y salí del apartamento. Era sábado y como solía, iría a la cafetería de Charlie a pasar la tarde, no me apetecía quedarme en mi casa pensando cosas que me autodestruían. El vespertino aire de Londres refrescaba mi rostro y mi alma, la cual últimamente estaba bastante gris a pesar de que pretendía estar de colores vívidos no había otro aparte de ese que ocupara la totalidad de mi marquito corazón, de mi desgarrada alma y mi demacrado cuerpo. El brisa relajaba y por un segundo, sólo por un segundo me alejaba de todas las preocupaciones que afectaban mi desquiciada mente.
Al llegar a la cafetería, ésta estaba casi vacía, lo que incrementó el vacío en mi alma pero a pesar de eso, necesitaba un momento sola con un libro así que seguía caminando hacia la barra, en donde me encontré con Charlie. Como solía hacer, me preguntó como estaba, cómo seguía, si necesitaba algo y otras preguntas referidas a mi bienestar. No sabía lo que había pasado entre Jackson y yo con exactitud, pero sabía que me había lastimado, y eso no lo ponía de buen humor precisamente, es más en varias oportunidades se había ofrecido a golpearlo por no cumplir su promesa, pero me había negado aludiendo que no valía la pena, que todo estaba solucionado.
Luego de la serie de preguntas características, pedí un capuchino y me dirigí a mi mesa habitual. Comencé a observar a la poca gente de mi alrededor, hace apenas unas semanas había cogido ese hábito y ahora cada vez que venía no lograba evitarlo.
Había dos mesas más a la derecha una pareja cuarentona. Ella era muy bonita, pelirroja y ojos grises, sin embargo él no se podría decir que era agraciado y a pesar de eso, se miraban como si sus vidas dependiese del otro. Aparté la mirada de esa pareja, pensar en el amor a veces dolía y sobretodo porque no o tenía conmigo.
Pocas mesas más allá, estaban dos jóvenes. La chica era morena con unos ojos cautivadores y unos increíbles zapatos, el chico sin embargo era rubio pero con unos deslumbrantes ojos celestes. Él acercó su mano a la de ella y con timidez la tomó entre las suyas, mientras hablaba con rapidez. La cara de la chica era de incredulidad pero cuando el muchacho terminó de hablar, se podía vislumbrar en su cara una gran sonrisa de felicidad. Aún con las manos unidas, el chico se las llevó a su boca para besar la mano de la que, de ahora en más sería su novia. Esa imagen, sin duda fue la peor, sobretodo porque la edad que parecían tener no era tan lejana de la que teníamos Jackson y yo, la primera vez que estuvimos aquí.
Pero lo que hizo derrumbarme por completo, fue sin duda una pareja de ancianos. Él era rechoncho, traía lentes y un sinfín de arrugas, ella también con lentes ocultaba tras ellos unos enormes ojos marrones, tenía la nariz aguileña y los labios pincelados de un rojo pasión. También se agarraban la mano y hablaban animadamente pero a su vez con pasión y amor. Aunque su aspecto fue lo que dio el puntazo final, Jackson y yo nunca llegaríamos a tales instancias porqué él se había ido, y yo había sido tan orgullosa como para no perdonarlo y abordar el avión con él. Nunca podríamos llegar a ver a nuestros nietos correteando por el jardín mientras tomábamos té en el porshe, no tendríamos oportunidad de casarnos ni tampoco una gran fiesta. No me atribuía la culpa de todo eso, porqué fue su error no habérmelo dicho, pero sí era mi culpa cegarme tanto por la mentira y no ver más allá de esta. Estaba enfadada conmigo misma por haberme llevado por mis instintos, y ahora probablemente por eso, me quedaría sola. Nunca llegaría a mirar a una persona de ese modo, y dolía.
Pero a pesar de todo eso que vivía dando vueltas en mi cabeza, sabía que si en este momento lo seguía haciendo colapsaría y sobretodo porque estaba rodeada de felices parejas, qué al parecer todas se habían complotado en mi contra.
“Petra Cotes era tal vez el único nativo que tenía corazón árabe. Había visto los últimos destrozos de sus establos y caballerizas arrastrados por la tormenta, pero había logrado mantener la casa en pie.” Probablemente haya leído esa frase del libro que leía, “Cien años de soledad”, al menos unas veinte veces, pero aún así no lograba entenderla. A pesar de no querer, mi mente divagaba por el amor y cómo el mío se había escapado. Trataba de refugiarme en los momentos vividos y no pensar en eso, la primera mirada, el primer encuentro, el primer paseo, el primer beso, los que vinieron luego, pero aún así se me hacía difícil. Entonces como algo que surge de la nada, sentí una mano en mi hombro. Quién osaba interrumpir mis deprimentes pensamientos? Tenía claro que Charlie no era, sabía que me molestaba cuando lo hacía; pero entonces quién?

martes, 26 de enero de 2010

Capitulo 32

Si volvi! Y apuesto qe más rapido de lo qe ustedes pensaban! Pero les tengo malas noticias, si qieren capitulo mas rapido, tendran capitulos más cortos y no tan extensos como solía hacerlos. Esa es la condición, espero qe no les moleste. Qiero agradecer a las 6831 personas qe han pasado por aqi, es mucha gente no? En fin gracias a ellos, y a las 4 personas qe comentaron el capitulo anterior.
Como verán he cambiado el look de blog, espero qe les guste. El increible banner principal lo hizo Maqii http://www.fotolog.com/twilightfic asi qe gracias negra!! Por eso el capitulo va dedicado para ti. Disfruten.


Capitulo 32 - Desmemoriada
Hacía horas que estaba caminando por las desoladas y nevadas calles londinenses, de echo no tenía idea donde estaba, pero eso no impedía que siguiese caminando. No sabía de donde venía y tampoco a donde iba, pero seguía caminando. En las calles no había nada y yo no podía recordar qué era lo que hacía a estas horas caminando y encima sola. Sentía una necesidad de purgar todo, sentía dolor pero tampoco sabía cual era la causa del mismo. En ciertas ocasiones me encontraba con gente, quienes me preguntaban si estaba bien, lo estaba? Creía que sí, estaba viva y sana pero dolida en lo más profundo del alma. No podía recordar cual era el motivo por el cual sufría, tal vez había discutido con Gabi, seguramente con lo loca que era. Aunque en el fondo sabía que no era esa la causa.
Eran ya las cuatro de la mañana cuando decidí irme a casa, ya había caminado prácticamente todo Londres, ya no había nada para ver de nuevo, de modo que me tomé un taxi y volví a mi casa a pesar de que no tenía ni un poco de ganas.
Al llegar estaba todo el silencio, pero se me hacía raro, no me sentía cómoda en mi propia casa. Qué demonios pasaba? Sentía que algo extraño me sucedía, como si hubiese algo de lo cual no me enteré. Prendí las luces con urgencia, pensando que tal vez la incomodidad se debía a la oscuridad que me rodeaba. Sin embargo esa sensación no se fue, aún con las luces encendidas. Me sentía insegura, de pronto comencé a hiperventilar, qué sucedía? Qué me sucedía?
Me sobresalté al escuchar el teléfono, pero no me sentía con ganas de atender, de modo que me tiré sobre la cama y coloqué mis brazos detrás de mi cabeza, simplemente porque aquello me relajaba. Las luces seguían encendidas pero también lo estaba mi inseguridad.
La contestadora atendió aquel llamado y la persona del otro lado del tubo dejó un mensaje – Agus – dijo esa voz en un claro acento estadounidense, quién diablos conocía mi nombre español que no fuesen Gabi o Juli? – soy Jackson, yo, yo...lo siento. Es el quinto mensaje que te dejo, comienzas a preocuparme, puedes al menos llamar para saber que estas bien. Rob y Kell me están frenando para que no salga a buscarte. Sólo me quiero disculpar, fui un estúpido! Debí haber confiado en ti, oh por Dios Mey lo siento mucho – dijo y podía sentir como su voz tambaleaba a causa del llanto contenido. Pero aunque parezca raro, no sabía quien era este sujeto que tanta confianza tenía conmigo. Jackson? Rob? Kell? Quienes eran estas personas? No recordaba haberlas conocido, serían compañeros de facultad acaso? – necesito saber que estas bien, necesito saberlo – y entonces su hermosa voz cesó porque acabó el tiempo de la máquina.
Me dirigí al baño pensando en el tal Jackson, me quité la ropa y me di una ducha rápida, pero su nombre aún no se iba de mi cabeza. Quién era? Y porqué se me hacía tan conocida esa voz? Y porqué no sentía en mi propia casa esa sensación de familiaridad? Tal vez estaba extrañando mucho mis pagos. Sí, es eso, me convencí mientras salía de la ducha y me ponía el pijama. Ya con el pelo peinado pero aún mojado me dirigí a la cocina y me hice un té. Porqué siento que falta algo en la casa, e incluso en mí misma? Y dónde estuve todo este tiempo? De dónde venía antes de perderme? Mi cabeza era un manojo de dudas, pero no por eso tenían aclaración, de echo ninguna de ellas la tenía. Cuando hube acabado el té, me fui a la cama, aún con esa sensación en el pecho de dolor y falta, y con el extraño de la contestadora. Jackson? Quién sería?
Estuve un rato sobre la cama despierta, meditando acerca de esa voz que se me hacía tan familiar, cuando con la rapidez con la que llueve en primavera el entendimiento vino a mí. Por Dios Jackson Rathbone, mi novio. Pero junto con eso, llenó el enorme dolor que estaba latente en el pecho. Él me había engañado. Me había ocultado la verdad, qué en algunos casos era tan grave como mentir. Pero a pesar de mi dolor, no quería incrementar el suyo con mi repentina desaparición, así que tomé el celular y le mandé un mensaje de texto. “Estoy bien. Lo siento. Te amo Jack” sí, a pesar de que me había ocultado semejante cosa, a pesar de no haber confiado en mí lo amaba, sí porque era el hombre de mi vida y ya no podía hacer nada para remediar aquello. Al cabo de medio minuto llegó un mensaje “Yo lo siento más. Te amo igual o más”. Tal vez si me lo hubiera dicho, podríamos haber echo algo juntos, enfrentar el problema de la distancia, incluso podríamos mudarnos juntos. Pero claro, la opción más rápida nunca es la correcta, y él había optado por ocultármelo. Cuando caí en cuenta de que perdería al amor de mi vida por falta de comunicación me vi sucumbida por un mar de lágrimas, él se iría. Y me dejaría sola. Con ese triste pero verdadero pensamiento me quedé dormida.
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Habían pasado dos días desde aquella reunión en casa de Robert, seguía dolida y lo seguiría por un largo tiempo. Engaños de este tipo no eran fáciles de superar. De todas formas y contra todo pronóstico, me encontraba en el aeropuerto tratando de buscar a Jackson, para decirle que lo amaba. Necesitaba que él lo supiera de mi boca, necesitaba decírselo.
Claramente fue una decisión a la ligera, ayer había llamado a mi casa avisando que su vuelo a Los Ángeles partiría hoy a media mañana, la contestadora hizo todo el trabajo, por supuesto; aún seguía dolida con él. Sin embargo, hoy cuando me levanté por la mañana no pude evitar pensar que tal vez no lo vería más, entonces me armé de valor y aquí estoy. Tratando de encontrar a mi hombre entre una multitud de viajantes.
No me había dado cuenta que el aeropuerto fuese tan grande en mi estadía en él, pero claramente lo era. Llevaba media hora rondando los corredores y ninguna noticia de Jack. Su vuelo partía en una hora, y como cualquier persona normal él tendría que estar aquí hace dos horas; sin embargo se me hacía imposible encontrarlo. Me había resignado, nunca más lo volveré a ver.
Me senté en uno de los innumerables bancos que daban la espalda al enorme ventanal de gruesos vidrios. Llevé mis codos a mis rodillas, mi tronco hacia adelante y por último las manos a mi cara. Estaba dolida y lo odiaba por haberme mentido, mas no por eso dejaba de amarlo como lo hacía. Si nunca más lo vería, si nunca más sabría como era la sensación de tener sus labios en los míos, si nunca más podría sentir su perfume y ver sus desastrosas combinaciones, por lo menos quería que supiera que lo amaba con locura. Estaba sumida en complejos lamentos cuando entre la multitud pude distinguir un inconfundible sombrero, acompañado de una guitarra. Y a pesar de que podría no ser él, me largué a correr para ver si era quien yo deseaba a no. La gente me miraba confusa y extrañada por mi comportamiento, algunos me insultaron cuando los golpee en mi intensa carrera, pero debía llegar a la meta para de esa forma levantar el trofeo. Solo quedaban unos pasos, unos pocos pasos cuando me tropecé con una enorme valija salida de la nada. Comencé a maldecir, ahora sí, estaba decidido por el destino, nunca más lo vería. El dueño de la valija se disculpaba mientras yo ponía mi mejor cara de ingenuidad, y fingía no estar molesta. Aún seguía en el piso pero una mano varonil se ofrecía a ayudarme, de modo que la tome. El asombro no pudo conmigo cuando quedé cara a cara con Jackson.
- sigues siento tan torpe – se mofó con una sonrisa, pero la alegría de la misma no llegó a sus ojos.
- y tu tan lindo – confesé contenta por haberlo encontrado. Lo abracé con fuerza, como si no hubiera un mañana y a pesar de que al principio dudó, luego colocó sus manos en mi cintura y me atrajo hacia él. Era genial poder sentir su olor tan varonil pero dulce, aunque sea un última vez.
Al separarnos, pude ver con claridad qué él se disculparía, pero eso arruinaría el momento, de modo que puse un dedo en su boca y dije – shh hablas demasiado. Para luego besarlo con ansias. Debería decir que fue un beso apasionado y caliente, pero como era el último ambos optamos por la dulzura, la simpleza y el amor. Nuestros labios se movían acompasados y podía sentir su increíble sabor en mi boca, fue húmedo y eso hizo que lo disfrutara aún más. Nos separamos porque necesitábamos aire, porque sino creo fervientemente que estaríamos toda la vida besándonos.
Obviamente estaba decidido a romper el momento y mi cordura, de modo que volví a poner un dedo en sus labios y dije – te amo Jackson.
- tanto como yo a ti Mey. Nunca lo olvides – dijo apenas susurrando, pude ver en sus ojos que albergaba esperanzas de un nuevo encuentro, pero no estaba segura de que pudiera alimentarlas. A pesar de sus falsas esperanzas, pude ver amor y eso me bastó para volver a besarlo, pero en este caso fue un simple roces de labios, para luego huir como fugitiva por los pasillos abarrotados del aeropuerto. Y entonces comprendí que él no regresaría a mi vida. Estaba sola.

martes, 19 de enero de 2010

Capitulo 31

Sé qe demore y, que como siempre me qieren matar. Perdon, siento qe se cansan de esucharme decir eso, pero en verdad la qe más se jode x demorar soy yo porque soy conciente de que hubo una baja en la lectura de la novela, lo sé pero es mi culpa. Normalmente comentan de ocho a diez personas, pero en la anterior solo lo hicieron tres, a las cuales agradezco. Qiero perdirles qe si leen, al menos comenten porqe para qe solo lo lean tres personas no estoy segura de continuarla. Espero qe les guste el capitulo. GRACIAS!


Capitulo 31 – Mentiras
Esa noche Jack había querido llevar la relación a otro nivel, pero a través de una charla bastante sutil le hice entender que aún no estaba preparada. Fue bastante vergonzoso, al punto que tuve que confesar mi virginidad; pero él con esta comprensión que lo caracteriza dijo – nunca pensé que lo fueras, sobre todo habiendo tenido un novio en Montevideo – hizo una pausa al ver que emanaba vergüenza – pero me alegra que te hayas guardado para alguien especial, sería un honor que ese primero fuese yo. Y tu muy bien sabes que te cuidaría como ninguna porque te amo como a nadie. Esperaré – terminó sonriendo de par en par, a lo que yo no lograba bajar el tono carmín de mis mejillas. Mi virginidad no era algo que me avergonzara, pero sabía que tal vez en estos tiempos se tornaba anticuado y poder encontrar a un hombre como él que me entendiese y apoyara mi decisión era una bendición para mí.
Habían pasado dos semanas desde mi cumpleaños, a decir verdad todo iba perfecto, o tan perfecto como podía estar. La facultad iba encaminada, dentro de poco tendría los exámenes y comenzaría a estudiar, lo que lamentablemente reduciría mi tiempo con Jackson. Mi relación con él era maravillosa, aún no encuentro las palabras necesarias para describirla, es que él me trataba de una forma tan maravillosa y atenta que me hacía sentir muy querida y protegida, sentimiento que desde hacía un par de años no sentía. Esa protección que no te pueden dar tus padres, esa que sólo te puede dar el ser amado con un abrazo, eso era lo que él me hacía sentir y era increíble. Creo que la palabra plenitud iba con el modo que me sentía.
Por lo que me decía Gabi, su relación con Robert marchaba de muy buena forma, y me alegraba por ellos, ambos lo merecían. Según lo que se comentaba pronto tendríamos casamiento pero aún no estaba nada confirmado, ninguno de los dos había dicho algo al respecto. Sin embargo todos estábamos muy expectantes con ese tema en particular, queríamos ver a nuestros amigos felices. Pero al parecer no eran los únicos en una comprometida relación ya que Juli pudo complementarse con Cam, sí aquel chico rubio que me había mirado de forma tan extraña, pero si a ella le gustaba y se sentía bien con él, yo era feliz por ella.
En mi vida gobernaba el amor, y éste se podía ver en todos lados. Nos rodeaba y eso nos sumergía más y más en su magnífica magia.
Había visto en una oportunidad más a los amigos de Jackson, de hecho las chicas y yo habíamos ido de compras, de modo que mi relación con ellas era bastante buena. Esa tarde nos divertimos mucho, sin embargo no compré mucho porque no lo necesitaba y no tenía la filosofía de “comprar por comprar”. Ashley se enojó durante unos minutos porque me negué a comprar y comprar por horas, pero no todo son las compras. Aunque no pude resistirme y me detuve durante varios, por no decir muchos minutos, en una librería. Compré varios libros, algunos clásicos como “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, “Nuestra señora de París” (para las que no sepan es la historia del Jorobado de Notre dam) y “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen. No tenía demasiado tiempo para leerlo pero ya lo tendría. Por suerte podía decir que me había hecho amiga de estas chicas, y para mi suerte durante nuestra estadía en el centro comercial no hubo fotógrafos; no sabía si podría soportar aquello.
Ahora nos encontrábamos en la casa de Robert. Hoy cumplíamos un mes de noviazgo con Jack, y como sabíamos que en la noche teníamos reunión de grupo lo celebramos por la mañana. Me invitó a desayunar a un café muy pintoresco, cálido y reconfortable. Me regaló una rosa rosada; era el único que entendía que las rosas rojas eran muy cliché, a mi me gustaba la originalidad. Y una hermosa pulsera de plata, la cual tenía grabada la fecha en la que nos conocíamos. Estábamos muy felices.
No estaba todo el reparto en casa de Robert, sólo aquellos que no tenían compromisos en sus casas, así que eran los Cullen, Bella, Jake, James y Victoria, a veces solía llamarlos por sus personajes, sabía que les molestaba. Pero tampoco faltaban Gabi y Juli, las cuales ya eran parte del grupo. Disfrutábamos de unas cuantas cervezas y un montón de películas muy buenas, a lo que ellos criticaban diciendo que los actores de las películas no lo hacían de forma convincente a lo que yo siempre les contestaba – a los humanos comunes nos gusta como actúan – y ellos inmediatamente carcajeaban.
- debemos hacer un anuncio – dijo Rob cuando la tercera película cesó. Todos nos inquietamos, pero al ver que Gabi estaba sonrojada me imaginé algo muy grande.
- Dios mío, estás embarazada! – exclamé emocionada y muy contenta pero a la vez alarmada.
- por supuesto que no!! – dijo ella asustada, largué el aire acumulado.
- no quiero ser tía tan temprano – dije bromeando.
- bueno, no está embarazada – prosiguió sonriendo – aún – susurró divertido – pero nos casaremos!!!
Todos gritamos emocionados y corrimos a felicitarlos. Ella estaba echa un mar de lágrimas, se la notaba muy feliz y eso nos hizo feliz a Juli a mi, quien la habíamos visto madurar y encontrar a Rob aquí en Londres.
- por supuesto ustedes serán mis madrinas – exclamó divertida mientras se secaba las lágrimas que tenía en la mejilla. Con Julieta saltamos divertidas y nos dimos un abrazo grupal, pero nos separamos cuando nos dimos cuenta que hacíamos el ridículo totalmente.
- ay por supuesto ustedes serán mis padrinos – dijo sarcástico Rob, refiriéndose a Kellan y Jack. Ellos se abrazaron en una burda imitación de nosotras, pero cuando se separaron Rob exclamó serio – de veras serán los padrinos.
A lo que ambos se miraron sorprendidos y se abrazaron como hombres entre ellos, debo agregar que fue muy linda la cara que hizo Kellan al enterarse. Cómo? Qué acabo de decir exactamente? Esto está mal!!! No lo puedo encontrar atractivo! Es amigo de mi novio, al cual yo amo profundamente! Pero es que luego de aquel día en el club, debo admitir que esa mirada llena de dulzura había estado en mi confundido cerebro en varias oportunidades. Y sabía que no debía estar especialmente allí, pero no podía hacer nada para evitarlo.
Además había tenido un magnífico descubrimiento, al parecer las luces oscuras del club no me dejaron admirar plenamente su color de ojos, estaba equivocaba al decir que eran marrones, y cuán equivocada estaba. Eran tan celestes como el mejor cielo de primavera, como el más cristalino mar del Caribe. Sus ojos hablaban por sí solos, como lo hacen los de Jackson. Estaba mal pensar en el amigo de mi novio, sentía que traicionaba su confianza, me sentía sucia, impura. Me daba asco.
- vamos a festejar entonces – exclamó fascinado Kellan – abramos una botella de champagne! – dijo divertido mientras todos reíamos. Y no sé si verdaderamente lo soñé pero juraría que él me guiñó un ojo. No definitivamente esto del casamiento afectaba mi cerebro, él no haría eso a su amigo, la que estaba mal era yo pensando cosas impropias de él.
- deja, yo voy – dije cuando él se dirigía a la cocina, quería por lo menos despejarme por algunos minutos y para eso necesitaba no verlo.
- como gustes – dijo sonriendo tierno mientras se sentaba nuevamente en el sofá – pongamos otra película – alcancé a escuchar.
Al llegar a la cocina me recosté contra la mesada, me llevé las manos a la cara y largué un largo suspiro. Cogí un vaso del placard, había venido un par de veces de modo que ya sabía en donde se encontraban, abrí la canilla y tomé un poco de agua. Era una basura, me sentía de lo peor; pero en lugar de quedarme lamentándome aquí decidí cumplir con lo que había venido. Copas y champagne, mientras buscaba lo primero en lo alto de la encimera logré escuchar la voz grave de Cam – para cuándo es la boda tórtolos? Dentro de un mes – respondió muy segura Gabi, se la escuchaba radiante.
Pero luego sólo se escucharon murmullos, de los cuales no pude descifrar demasiadas palabras. Supuse que habría empezado la película, así que me limité a seguir colocando las copas en una bandeja. Cuando hube acabado, cogí con mucho cuidado la bandeja con las copas y el champagne en la otra mano; pero cuando iba llegando a la sala escuché mi nombre y decidí parar la oreja.
- cuando le dirás Jack? – preguntó muy preocupado y al parecer serio Rob.
- aún no sé, no quiero herirla – se notaba en su voz que le dolía. Qué era lo que debía enterarme y Jack no me decía? Presté mayor atención todavía.
- debes hacerlo hermano, sino la lastimarás aún más – dijo una voz enojada y aun más preocupada, la cual pude reconocer como Kellan.
- es que no sé como decirle – dijo desanimado Jack. Qué es lo que debía decirme? Sentía que algo andaba mal y por descontado esa sensación no me gustaba para nada.
- sólo dile la verdad – dijo un tanto enojada Nikki. Se comenzaba a formar un mal presentimiento en mi pecho, algo raro y malo estaba pasando. Qué era lo que ocultaban? No me traía buena espina esta conversación, pero decidí seguir escuchando, necesitaba saber que me estaban ocultando.
- es que ya le mentí una vez al ocultarle mi profesión – hizo un pausa, al parecer suspiro y juraría que también resopló – cómo se supone ahora, que le diré que me vuelvo a Los Ángeles en dos días? – preguntó con impotencia.
Mi respiración se agitó, mi corazón comenzó a bombardear sangre con mayor rapidez y rápidamente empecé con la taquicardia. Podía seguir escuchando murmullos en la sala, pero carecían de sentido para mí por el simple echo de que el hombre de mi vida me dejaba. Y cuando esa ficha me cayó por fin, solté la bandeja con las copas, causando un gran estruendo, de repente los murmullos cesaron y todos voltearon a mirarme. Él se iría y me dejaría sola, como lo hizo Martín. Él se iría. Él se iría. Esa frase resonaba en mi cabeza como eco en una vacía cueva. No sabría decir si pasaron segundos, minutos o tal vez horas, no podía quitarme la idea de que él se iría y me dejaría sola, totalmente a la deriva.
Jackson se levantó y vino a por mí y hablaba, podía ver como sus labios se movían y el lejano murmullo que emitía su voz, sin embargo no lo escuchaba. No quería saber lo que tenía para decirme, me había mentido. Otra vez. Era la segunda vez que lo hacía, y no estaba totalmente segura de que lo perdonaría. Pero en este momento nada de eso cobraba importancia, porque él me dejaría. Podía sentir que mi alma se desgarraba y que mi corazón se partía. Sentía un profundo vacío en el pecho que no sentía desde aquella noche, en Montevideo, cuando Martín me engañó; pero en este caso era aún peor, mucho peor. Vacío pero a la vez repleto de dolor, un dolor que me mataba cada segundo. Él me dejaría, no sabía si podría soportar tanto.
Él seguía articulando palabras, las cuales eran sin sentido para mí. El resto de los que allí estaban nos miraban expectantes, atentos y en silencio. Incluso mis amigas me habían ocultado la verdad, todos lo sabían menos la tonta Mery. Al parecer siempre era la última de enterarme de las cosas. Siquiera Kell, Rob o Ash habían tenido la decencia de contarme, con ellos había sentido una conexión especial, pero no, yo siempre debía sufrir y hacer el ridículo.
El vacío se transformó en enojo y quise salir de allí cuanto antes, de forma que empuje con suavidad de Jackson esperando que se corriera, no quería escuchar sus excusas. Estaba segura que se apartaría, y así lo hizo; nunca se resistía a algo que yo quería o pedía. Los muchachos me miraron con incredulidad, yo les dediqué una mirada fría y me fui por mi bolso y mi abrigo. Necesitaba salir de allí. Con toda la confianza que me caracterizaba abrí la puerta de la casa y salí, podía sentir como gritaban mi nombre, y le decían a Jackson que viniera a por mí. Porqué cuando esperas el ascensor con urgencia, siempre demora? De modo que allí estaba, enojada pero sobre todo dolida esperando el ascensor, que era el único escape que tendría. Entonces apareció Jackson y se ubicó a mi lado y volvió a hablarme, seguí sin entender sus inútiles palabras, incluso se arrodilló para que lo perdonara pero no podía, no podía pensar con demasiada claridad.
Cuando llegó el ascensor, subí a él rápidamente pero antes de que sus puertas de acero se cerraran completamente, pude ver la cara de Jackson completamente roja por el llanto y triste, muy triste.
Pero él no sentía ni medio de lo que yo sentía, estaba destrozada por dentro. Sabía que no toleraba la mentira, y viene a hacer justo lo que más me molesta, sabiendo aún que no lo perdonaría dos veces. Me sentía usada, y entonces salí al nevado Londres y perdí en la oscuridad, como un zombi. Un verdadero zombi.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Capitulo 30



Ay mis niñas! Las tuve tan abandonadas! Mi mas sinceras disculpas, fueron tres meses sin subir. Sé que algunas soñaban con matarme, pero de verdad lo siento. Demasiado estudio colpasó con mi tiempo, además ustedes sabe qe me cuesta escribir esta novela, mucho más qe la del flog. Para serles más gráfica para escribir este capitulo estuve más o menos dos semanas! Se imaginan no? Pero de verdad me cuesta, aunque se qe no es justificativo. Algunas de ustedes esperaban ansiosas para saber como sigue la historia, hasta algunas me increparon x msn a ver cuando subia. De verdad gracias a las qe lo hicieron, porque por más qe en su momento me molestara, me hacían dar cuenta qe etaba en deuda con utedes. De verdad sepan disculpar.
Como vienen las fiestas, no podía dejar qe pasara este año sin darles mi regalo navideño, el bendito capitulo 30!! Se qe lo van a disfrutar, pero antes de leerlo les recomiendo qe leen el anterior para ver en qe nos habíamos qedado. Y les regalo una foto de Kellan para aqellas qe no saben qien es, y paralas qe saben...solo deleitense.
Gracias a las 6400 personas qe se pasaron por aquí a lo largo de su corta vida! De verdad lo agradezco. Le qiero dedicar este capitulo a las chicas de Andamios ( o Z) por si alguna lo lee, fueron lo mejor del 2009! Gracias por bancarme, sin más les dejo el capitulo.

Feliz Navidad y un muy buen Año Nuevo!!



Capitulo 30 - Felicidad plena

Había sido una semana fantástica en la cual disfruté en su totalidad de Jackson, él era la persona más comprensiva y tierna que había conocido. Me trataba como un príncipe a su princesa con ternura y cariño infinito, se lo agradecía de sobremanera porque me sentía amada y atractiva.
En estos días nos fuimos conociendo más profundamente, a tal punto que podía llegar a saber lo que él pensaba, era increíble la conexión que teníamos. Tanto el uno como el otro estábamos felices y eso se notaba en cada susurro, en cada caricia, en cada mirada y en cada magnífico beso. Nunca pensé que sería tan feliz a su lado, me sentía completa y en total plenitud. Las charlas que manteníamos eran increíbles, tocábamos temas personales como filosóficos, hablábamos de todo y los encuentros de diferentes opiniones eran fascinantes, pero aún lo era más la forma en la que nunca nos peleábamos por pensar diferente; cada cual exponía su punto de vista pero sin querer imponerse frente al otro, y eso era lo que hacía esas charlas especiales. Las habíamos tenido frente a frente en un fino restaurante, en su casa o inclusive en una plaza, no nos limitábamos a esconder nuestra intelectualidad, de hecho consideraba que él era un hombre sumamente inteligente. Pero también las teníamos por teléfono, recuerdo una vez que nos pasamos toda la noche discutiendo sobre la familia y la crianza de los hijos, fue una discusión sumamente enriquecedora, tal vez eso se debía a que en ciertas ocasiones mencionaba que le encantaría criar de esa forma a nuestros hijos, y me era imposible no imaginar como sería eso. Visualizaba totalmente un gran jardín, muchos niños correteando y nosotros abrazados en una cómoda hamaca tomando un té caliente. Era una imagen totalmente satisfactoria, sin embargo no sabía si él lo pensaba de ese modo; además sabía que no podía pensar en eso, es decir apenas llevábamos una semana de noviazgo, era muy pronto para hablar de hijos.
Era ya viernes a la mañana y me preparaba el desayuno, tostadas con café. Era un día fuera de lo normal, hoy cumplía mis veinte esperados años, sin embargo no me sentía de ese modo tan especial, era mi primer cumpleaños lejos de casa y quiera o no la ausencia de mis seres queridos se notaba. No estaban los característicos regalos a los pies de la cama, ni mi madre con su típico desayuno de cumpleaños ni mucho menos las felicitaciones de mi padre al levantarme. Me sentía un tanto vacía y sola, muy sola.
Así como tenía el ánimo, cogí mi bolso, mis libros y me dirigí hacia la facultad. Mientras caminaba sobre las históricas calles londinenses, el aire fresco de la mañana daba sobre mi cara y alteraba mis pensamientos llevándolos al lugar menos indicado: Uruguay. Extrañaba las cotorras despertándome en la mañana, extrañaba sentir el agua en mis pies cuando estaba en la playa, extrañaba la mateada de la tarde con amigos, extrañaba el olor a noche, extrañaba la amabilidad de la gente, su solidaridad, su alegría. Pero aún más extrañaba mi familia, su calidez y su inagotable sentido del humor, los chiste de mi padre y el poco entendimiento de mi madre. Las bromas entre mi tío y mi abuela, las discusiones sobre política, las tardes de lluvia durmiendo, el silencio de las noches, los partidos de fútbol que disfrutábamos juntos. No lo podía negar, los extrañaba como nunca pero debía ser firme ante la enorme decisión que había efectuado tiempo atrás, este era mi sueño, yo quería estar aquí y hasta que no haya terminado la carrera no volvería a mis pagos, a pesar de que los extrañara con todas mis fuerzas.
En la puerta del salón de clase me esperaba una Gabriela emocionada con una gran bolsa de regalo en la mano izquierda, cuando me vio vino corriendo a abrazarme.
- feliz cumpleaños amiga!!! – dijo extasiada, siempre los cumpleaños la emocionaban sin embargo éste no era demasiado feliz en este caso.
- gracias Gabi – dije mientras deshacíamos el gran abrazo – ahora entremos sino quieres llegar tarde, además todo el mundo nos mira – me giré para percatarme que éramos bastante observadas, y eso sin duda me cohibía.
- que todo el mundo se entere que mi amiga cumple sus veinte años hoy – dijo subiendo de tono, la miré con bronca a lo que ella sonrió.
Varias personas al enterarse se acercaron a saludar y dar sus felicitaciones, unas cuantas sonrisas forzadas después entramos todos a clases. Ese día me concentré como nunca en la facultad, entendí totalmente lo que hablaban los profesores incluso corregí a uno cuando se equivocó al decir que Watson había nacido en 1875 cuando fue en 1878. Y lo hacía porque ésta era la razón por la cual estaba acá, y no me podía dar el lujo de no rendir en la facultad, porque mis familia no merecía que el alejamiento fuese en vano.
Cuando las clases hubieron finalizado se acercó Gabriela con la famosa bolsa, qué contendría esta? Conociéndola se había tomado el trabajo de comprarme un regalo de cumpleaños.
- no te creas que te me vas a escapar – sonrió malévolamente – aún me falta darte mi regalo – dije mientras extendía el brazo con la dichosa bolsa. La tomé temerosa, viniendo de Gabi podría ser cualquier cosa! La abrí con cuidado y ha decir verdad me llevé una gran sorpresa al encontrar un gran libro de ángeles, la miré con agradecimiento a lo que ella me dio un gran abrazo. Tal vez suene raro pero tenía una conexión muy importante con los ángeles, podía percibirlos hasta sentir qué tipo de ángel era correspondiente a tal o cual persona. Era raro, sí no voy a negarlo pero sentir que siempre había un ángel acompañándome a mí y a mis seres queridos era un alivio.
- gracias Gabi, sabes que es muy importante para mí – le dije dándole una gran sonrisa y un fuerte abrazo.
- si lo sé, por eso soy la amiga perfecta – me dijo superada mientras reía, rodeé los ojos y solté una sonrisa, ella y sus ocurrencias – ahora ve a trabajar que se te hace tarde. Espero que termines bien tu día – me dio un gran abrazo, un sonoro beso y se fue.
Con una enorme sonrisa cogí mi bolso, los libros y la bolsa de regalo y me encaminé hacia la salida, hoy tenía turno en la librería. Debía mantener ese empleo, era lo que me daba de comer sin embargo a Jack no le hacía mucha gracia que trabajara. A pesar de considerarse no machista alegaba que era innecesario ya que podía vivir a su costa, a lo que yo me negaba era su novia no una ex esposa que le extraía plata cada mes, además me gustaba mantenerme a mi misma, tener independencia, a fin de cuentas eso fue lo que vine buscando.
La tienda era muy acogedora y cálida, estaba revestida de paneles de maderas y en cada pared se levantaban grandes bibliotecas con inmensas cantidades de libros: novelas, acción, aventuras, ciencia ficción, medicina, astrología, historia, filosofía. Pero eran muchos libros así que los dueños tomaron la decisión de colocar más estantes por lo cual la pequeña gran librería estaba completamente revestida en libros. Pero tenía algo muy original, contaba con una cafetería y esparcidas por ahí se encontraban pequeñas mesas de madera oficializando de librería/café como le gustaba llamarlo a Marcus, mi jefe; sin duda eso era lo que más ganancia daba y él se sentía orgulloso por su increíble idea.
Estaba en el mostrador a la espera de clientes cuando entró una señora pelirroja, ojos celestes grisáceos, nariz ganchuda, un tanto arrugada y pequeña. Se acercó al mostrador con parsimonia y dijo – estoy buscando libros de vampiros para mi sobrina.
- venga por aquí – le dije mientras la conducía a uno de los muchos estantes – tenemos la saga de Crónicas vampíricas, la cual se trata de dos hermanos vampiros peleándose por una hermosa mujer humana. Luego tenemos Muerto hasta el anochecer, que es el libro que inspira a la serie televisiva True Blood – dije mientras le mostraba el pintoresco libro – por ultimo pero no menos importante tenemos la saga Twilight, consta de cuatro tomos y se trata de un apuesto vampiro que se enamora de una simple humana pero no solo ella le atrae sino también su sangre.
- le verdad no se cual elegir – reflexionó indecisa – cuál me recomiendas?
- son todos excelentes libros pero también depende de la edad de la niña – dije pensativa, no podía darle Muerto hasta el anochecer a una niña de diez años.
- tiene doce años – contestó inmediatamente.
- la saga Twilight es ideal para esa edad, linda entre lo sobrenatural pero sin incluir nada expresamente real – hice una pausa, no debía llevar al cliente para el lugar que más me gustaba – aunque la decisión es suya.
- sí – contestó decidida – creo que me llevaré esa saga.
- un placer señora – dije sonriendo – le cobran por la caja.
Me recosté en uno de los estantes aún con los libros de Stephenie en las manos, y no podía evitar pensar en mi hermoso vampiro sureño que tenía como novio. Lo extrañaba muchísimo, sí sé que lo había visto por la noche pero tenía ansia de él, sus caricias y sus miradas profundas. Suspiré imaginando la sorpresa que me daría por mi cumpleaños.
- pensando en alguien especial? – dijo una ya conocida voz a mis espaldas. Me giré y lo abracé con fuerza, comencé a darle pequeños besos en el cuello a modo de saludo – si siempre que venga voy a recibir estas bienvenidas, planeo venir mas seguido – pero lo acallé con un dulce beso como los que me encantaba darle – feliz cumpleaños mi amor – sentenció sonriendo y apretándome a su cuerpo intensificando el abrazo.
- gracias Jack – me alejé un poco para poder observarlo mejor. Traía su típico jean oscuro con sus ya infaltables botas tejanas y una camisa arrugada verde que combinaba a la perfección con sus ojos. Me mordí el labio inferior, es que estaba tan lindo a lo que él sonrió y yo no hice más que enrojecer – que bonita sorpresa –dije emocionada saliendo del momento vergonzoso. Sabía que le gustaban mis sonrojos pero no tenía porqué hacerlos, se suponía que estábamos en confianza.
- pues decidí pasar a saludar a mi novia – hizo énfasis en la última palabra – el día de sus veinte años – hizo una fingida mueca de horror – estás vieja.
- no más que tú – espeté con elegancia.
- me ganaste – suspiró derrotado – te quería avisar que hoy a las ocho pasaré por ti, es una sorpresa así que no intentes averiguar – dijo adivinando mis pensamientos.
- bueno ahí estaré pero que debería ponerme? – pregunté extraña, si había algo que nos causaba crisis a las mujeres era no saber que vestir a la hora de salir.
- tu siempre estas linda con cualquier cosa. Confió en tu buen gusto amor- me dio un tierno beso y se fue.
Al terminar el turno a eso de las seis de la tarde, cansada como estaba me dirigí a casa. Había sido un día largo y lo único que quería era poder dormir un poco y olvidar el dolor que sentía en el pecho, producto de la lejanía del hogar, sin embargo no podía darme el lujo ya que dentro de un rato Jackson me pasaría a buscar. Así que decidí darme una ducha, tomé la ropa y me dirigí al baño pero antes de llegar sonó el teléfono.
- hola – contesté al levantar el tubo.
- aaahhhhhhhh – se escuchó un grito al otro lado de la línea, conocía perfectamente esa voz y sonreí complacida.
- Vale no puedo creerlo como estas? – pregunté emocionada. Era una amiga uruguaya, la extraña muchísimo.
- feliz cumpleaños aguuuus – me dijo también emocionada, ella era muy de alargar las vocales de las palabras.
- gracias, como están las chicas? –pregunté ansiosa.
- están aquí, para que pongo el altavoz – se sintió el sonido de un botón presionándose y luego muchos gritos. Verónica, Isabel, Arantza, Valentina y Virginia estaban allí para desearme feliz cumpleaños, fue una conversación demasiado extensa pero muy enriquecedora, me pusieron al tanto de sus vidas, sus estudios, sus familias y sus amores.
Me enteré que Verónica fue tía por tercera vez, que Isabel estaba de novia, que Arantza había perdido los exámenes y muchas otras cosas. Fue el mejor regalo que me pudieron haber echo. Cuando hube cortado con mis chicas, estaba completamente con la cara hinchada y roja de tanto llorar, siempre que nos llamábamos terminábamos en esa situación, pero entonces me di cuenta que debía prepararme para la salida con Jackson, eran ya las siete de la tarde, él vendría a por mi dentro de una hora. Y fue entonces cuando enloquecí, cogí ropa interior que había dejado en el sofá y me adentré al baño. Varios minutos después y con el espejo cubierto de vapor salí en ropa interior y con una toalla envuelta en mi cabello. Me paré frente al ropero con la enorme duda, qué me podría? Jack no había especificado a dónde iríamos, así qué por el lado del sitio no me podía guiar, conociéndolo no sería un lugar muy elegante así que descarté los vestidos, me iba a volver loca!!! Pero entonces decidí que daba igual lo que me pusiera, si no iba acorde con la sorpresa él me lo diría y listo.
Así que me enfundé en un pitillo blanco, con una remera azul escotada, un chaleco gris perlado y mis infaltables converse también azules en este caso. Estaba poniendo mis cosas en el bolso blanco de turno cuando sonó el timbre, y yo aún que no me maquillaba! Me acerqué al portero inalámbrico y presioné el botón.
- mi amor soy yo –avisó Jackson desde abajo.
- subí que todavía no estoy lista – le dije mientras apretaba el botón dándole paso a mi morada.
Me dirigí a la cocina por un vaso de agua, realmente estaba sedienta, prácticamente no había comido nada en todo el día, fue entonces cuando sonó el timbre. Dejé el vaso en la barra americana y fui a abrirle a mi novio, al hacerlo me recibió con una enorme sonrisa y un tierno beso en los labios. Lo invité a pasar y le dije que me esperara en el sillón que aún no estaba lista, a pesar de que él me dijo que me veía preciosa como me encontraba, a lo que yo me sonrojé y rodeando los ojos me dirigí al baño.
Una vez en él cogí el porta cosméticos y comencé a sacar el rimel, la base, las sombras, el rubor y los lápices de labios. Concienzudamente me apliqué la base para que las imperfecciones de mi cara se disolvieran bajo el mágico polvo, tomé un pincel y las sombras azules y con cuidado fui pintando mis párpados; era de aquellas mujeres que combinaba el color de su ropa con su maquillaje, apliqué rimel y delineador para hacer de mis ojos algo mucho más atrayente e importante, luego puse un poco de rubor, no demasiado ya que tenía las mejillas pintadas de carmín naturalmente; y por último cogí un brillo labial transparente y lo apliqué a mis rosados labios. La atención iba dirigida hacia los ojos, sería también un abuso pintar los labios con un color demasiado llamativo, así que había encontrado el equilibrio perfecto entre la belleza y lo natural.
Para finalizar todo los preparativos, cogí un broche de perlas que se encontraba en el lavatorio y me hice media cola, de modo que mis rubios rulos caían cuan cascada por mi espalda. Me puse el dulce perfume que tanto me gustaba y salí al encuentro con mi amor. Fu entonces cuando realmente le presté la suficiente atención, estaba hermoso. Traía un jean azul oscuro, una camisa rosa viejo por dentro de los pantalones, por los cuales se asomaba un cinturón blanco que hacía perfecto juego con las botas tejanas también del mismo color. Por fin conocía un hombre capaz de seguir las reglas estéticas y combinaba el cinturón con los zapatos! Para rematar su perfecto atuendo llevaba un sombrero de tanguero como el día que lo vi en la cafetería, qué en este caso hacia juego con el chaleco gris que me había parecido insignificante. Ahora que veía, ambos íbamos a juego, los dos traíamos chaleco, y siquiera lo habíamos acordado! Adoraba estas coincidencias cuando eran con él.
- estas muy lindo – me atreví a decir cuando me acerqué a besarlo.
- no más que vos – contestó con vos sensual, me encantaba que él me encontrara hermosa, me hacía sentir segura. De pronto él me tomo la mano y me hizo girar para poder verme desde todos los ángulos posibles, luego se llevó una mano a su nuca y despeinó el poco pelo que gracias al sombrero se dejaba ver. Levanté una ceja confundida a lo que él simplemente respondió – es que va a ser muy difícil contenerme para no salir de esta habitación porque me muero por comerte a besos – no hice más que avergonzarme de tal manera que mis mejillas se tornaron más carmín de lo acostumbrado. Aún no sé de dónde saqué las fuerzas pero lo agarré de el borde de la camisa y lo atraje hacia mi y nos fundimos en un fogoso beso, qué para desgracia de ambos tuvimos que romper por falta de aire. Ambos teníamos los labios un tanto rojos e hinchados, yo fui por mi bolso y cogí el rush para aplicarlo nuevamente en mis labios.
- te ves tan sexy haciendo eso – dijo desde el otro lado de la casa, me mordí el labio inferior al saber que era sexy a sus ojos.
- ya basta, sino nunca saldremos de aquí –dije con el mayor autocontrol que podía. Agarré la chaqueta gris y el bolso y me encaminé a la puerta para cerrar. Cuando por fin estuvimos en el pasillo esperando el ascensor pregunté – me dirás a donde me llevas? – y negó rotundamente como niño pequeño. Entonces el ascensor abrió sus puertas, él me dejó pasar como todo un caballero y luego entró él. Luego de haber llegado a la planta baja, salimos al exterior en donde pude divisar un Peugeot negro demasiado familiar, pero entonces me percaté que Jackson se dirigía exactamente hacía allí y me abría la puerta del acompañante.
- el auto de Rob? –pregunté capciosa mientras subía al mismo, a lo que él asintió antes de cerrar la puerta. Bordeó el auto y se subió a mi lado – tengo que suponer que nos prestó el auto verdad?
- si piensas que se lo robé, no fue así – dijo divertido mientras arrancaba – además le parecía muy feo y poco caballeroso que anduviésemos en taxi el día de tu cumpleaños.
- eso es absurdo, si yo siempre ando en taxi – dije ofendida, me gustaba que cuidaran de mí pero no en demasía.
- ya ves, cosas de Rob – dijo divertido con una gran sonrisa pícara en la cara.
- ay Jackson por Dios me dirás a dónde vamos? – negó rotundamente a lo que yo me crucé de brazos como una pequeña niña enojada – odio las sorpresas – dije tajante.
- yo amo tus pucheros – dijo divertido.
El resto del viaje pasó en silencio, supongo que él disfrutaba mi incertidumbre y yo no hacía más que preguntarme una y otra ves a dónde me estaría llevando. No hablamos demasiado, nos gustaba estar así a veces, simplemente con la compañía del otro y en este caso de fondo sonaba Oasis. No pude evitar pensar en nuestro primer beso al ritmo de Little by little, sonreí recordando ese momento, fue soñado. Él se percató de mi sonrisa enamorada y preguntó – de qué ríes?
- sólo recordaba nuestro primer beso, Oasis me hace acordar eso – dije tímida. Él se acercó hacía mí y me dio un tierno pero húmedo beso, le correspondí, sería un crimen no hacerlo pero entonces recordé que estaba manejando y me separé asustada, no quería morir el día de mi cumpleaños. Pero para mi sorpresa ya estábamos aparcados. Lo miré extrañada y pregunté – cuando fue que aparcamos? Él me miró divertido y dijo - hace unas segundos, mientras tu hablabas.
- da igual, bajamos? – pregunté confusa y enojada por su falta de indicaciones. Él se bajó del auto, me abrió la puerta y me tendió la mano para poder bajar, al hacerlo me encontré de cara a un pub. Acaso esta era la sorpresa de Jackson?
Me miró escéptico a ver cual era mi reacción, pero yo me limité a preguntar – ésta es tu sorpresa? A lo que él asintió con fervor y con una gran sonrisa en la cara.
- te está esperando mucha gente – dijo mientras ponía su mano en la parte baja de mi espalda y me empujaba – venga será divertido.
- sí, no puede estar tan mal – dije sonriendo, pero antes de llegar a la puerta lo cogí del brazo, haciendo que se girara y lo besé con fervor – gracias amor – dije entre sus labios.
Al entrar al pub me di cuenta que no era como cualquiera porque tenía karaoke, le cogí fuerte de la mano y me dirigí a una de las mesas libre pero él me cinchó hacía otro lado. Por fin llegamos a una mesa, en la cual había un montón de personas en la oscuridad que gritaron – Sorpresa!!!
- gracias de verdad – dije realmente agradecida, pero me encantaría saber quienes son esas personas que se ocultan en la oscuridad – no quiero sonar atrevida, pero quienes son todos ustedes? – pregunté un poco avergonzada por mi experiencia al hablar.
- a algunos ya los conoces – dijo una profunda voz desconocida para mí. Con que algunos ya los conocía? No debería ser tan difícil adivinarlos.
- seguramente Robert está por allí – dije convencida de que así sería. Escuché una silla, pasos y un abrazo y una felicitaciones de feliz cumpleaños – y si está Rob tiene que estar también Gabi – dije pensando en voz alta, a lo que de pronto sentí unas manitas abrazarme.
- ay amiga feliz cumpleaños!! Y sí, por supuesto que estoy! Dejarías que me pierda este cumpleaños? Además si esta Rob, no podía no estar!! – dijo un tanto avergonzada.
- y seguramente si está Gabi tiene que estar Juli, no creo que la hayan dejado de lado. Feliz cumpleaños exclamó una voz demasiado tímida mientras me abrazaba.
- oye y nosotros? – dijo una voz divertida.
- em bueno, tampoco conozco demasiado gente en Londres como para tener más invitados, así que aventuraría que son amigos tuyos. Pero qué amigos? – quedé pensativa unos momentos mientras se escuchaban risas en la mesa, pero de pronto una risa me llamó demasiado la atención. Yo la conocía, pero de donde. Y entonces hilvané, Jackson con esa risa y no podía darme nada más que Emmet Cullen. Lo que me conducía finalmente a – el elenco de Twilight? – fue más una pregunta que una afirmación.
- por fin lo adivinas niña – dijo una muchacha que estaba frente mí – yo soy Ashley – y me dio un abrazo – feliz cumpleaños. Entonces miró a Jackson y le dijo – esta chica me cae bien, mira ese estilo. A lo que mi acompañante se limitó a sonreír. Me volteé para ver de nuevo a esta chica, era hermosísima. Su piel parecía ser de seda, junto con sus ojos celeste remarcados en esa cantidad de rimel negro, esa sonrisa y el hermoso vestido que traía puesto llegaba a la conclusión que debía tener muchos hombres atrás.
Él siguiente en venir fue una muchacha con una enorme sonrisa blanca, su cabello parecía seda; suave y tersa, esos ojos chocolates traían un brillo especial y también traía un vestido que le quedaba genial. Se presentó como Nikki, y entonces me di cuenta quién era, Rosaline aunque se veía muy distinta sin su peluca rubia.
Luego vinieron un hombre y una mujer, no me costó reconocerlos a ninguno de los dos, se trataba de Carlisle y Esme Cullen, aún sin sus aspectos pálidos y sus ojos dorados eran igualmente hermosos. Se presentaron como Peter y Elizabeth.
A continuación vino una muchacha, traía en cabello corto y negro, sus ojos celestes estaban enmarcados en una gran cantidad de delineador, bastante parecido a los de Ashley, traía un vestido rojo y negro junto con unas converse. Se presentó como Kristen y me dio un ameno abrazo.
Luego vinieron un hombre y una mujer, el hombre era moreno y lo pude reconocer como Laurent, me dio sus felicitaciones y se volvió a sentar. Sin embargo ella me dio un tierno abrazo, se presentó como Rachelle y también volvió a su puesto.
Me preguntaba cuando gente faltaba, comenzaba a cansarme un poco. En este caso vinieron dos hombres, uno rubio de ojos celestes, sinceramente era precioso y no estaría demasiado loca al decir que me miraba intensamente. Se presentó como Cam y me dio un largo abrazo, parecía que no iba a terminar jamás. Pero afortunadamente el otro chico interrumpió y él tuvo que sentarse. Se presentó como Taylor, su sonrisa era espectacular y resaltaba con su piel morena, traía un jean, una camisa blanca y converse. Me guiñó el ojo antes de irse, yo me quise sentar pero alguien carraspeó, obviamente me había olvidado de alguien. Al mirarlo, los ojos se abrieron con intensidad, era hermoso, mucho más que Cam. Era rubio, traía el pelo corto y barba crecida, pero a diferencia de Cam tenía unos ojos marrones totalmente cautivantes. Vestía magníficamente, un jean oscuro, una remera escote en V blanca la cual para mi desgracia se ceñía extrañamente a su pecho, junto con un buzo rojo ladrillo también escote en V y unas converse blancas. Al parecer todos aquí vestían muy a la moda.
- soy Kellan – dijo tendiéndome la mano – es un placer conocerte.
- el placer es mío- dije dándole la mano, la cual él volteó y besó el dorso. A lo cual yo me sonrojé con violencia. Esos ojos marrones me habían hipnotizado, eran tan intensos y tiernos!
Al fin me senté, cada cual pidió su trago y la reunión comenzó. Cada cual hablaba de lo suyo, la mayoría me preguntaba cosas de mi país, de la carrera o mi relación con Jackson. Podía notar que las preguntas también iban disparadas para Gabi y Juli, ésta última estaba siendo acosada por el rubio de ojos celestes. A pesar del interrogatorio me la estaba pasando bien, pero tenía la extraña sensación de que alguien me observaba todo el tiempo. En una oportunidad levanté la vista y me encontré con esos ojos marrones que me miraban atentos, me sonrió con ternura e inmediatamente quité la mirada.
Jackson me invitó a bailar, lo hicimos al ritmo de Please, dont stop the music! Te Rihanna. Era muy divertido bailar con él, debía confesar que se movía bien. Pero de pronto la canción cambió a una mucha más lenta, cuando reconocí la canción no podía creerlo era Little by little de Oasis. Lo miré sorprendida por tal casualidad a lo que él sonrió seductoramente, y me di cuenta que no era simplemente azar.
- gracias mi amor – le dije mientras nos mecíamos de un lado al otro al ritmo de las notas – estás haciendo de este cumpleaños un día especial – me acerqué y lo besé con ternura.
- te amo – dijo contra mis labios, me encantaba que hiciera eso! Lo volví a besar para luego responderle – y yo a ti Jack.
Volvimos a la mesa con sed, hablamos un rato pero al cabo de unos minutos Jackson se disculpó aludiendo que debía bailar con Nikki, respondí que estaba bien y que se divirtiera. Seguí hablando entretenidamente con Ashley, Kristen y Juli, aunque más bien ésta última sólo miraba. No se en qué momento pasó qué Cam le pidió la pieza y ambos se fueron a bailar, mi amiga traía una cara de confusión fusionada con felicidad. Todas reímos ante su cara, pero al parecer era la hora de bailar porque Taylor vino a por Kristen y se fueron muy lindos tomados de la mano. Y Ashley se fue junto con Peter.
Al otro lado de la mesa, sólo quedaban Rob y Gabi que estaban muy acaramelados besándose, Elizabeth que discutía fervientemente con Rachelle y Kellan, el cual no paraba de mirarme.
Me limité a mirar mis manos y a beber un poco del vodka que tenía en la mesa, cuando de pronto sentí una presencia a mi lado, sonreí pensando que era Juli que volvía de su baile con Cam, pero cuando levanté la vista me encontré con esos magníficos ojos marrones.
- te diviertes? – pregunté con ese acento norteamericano, su voz era tan varonil pero a la vez dulce.
- mucho – respondí sonriente. No tenía idea a donde iría a parar esta conversación, pero estaba muy claro que él llevaba las riendas porque de pronto dijo – eres hermosa. Yo no podía hacer otra cosa más que sonrojarme y agradecer, pero al parecer no se conformó con el tono carmín de mis mejillas porque prosiguió – para Jackson es muy importante presentarnos a sus novias, y te aseguro que eras la que mejor me cae de todas – bajé mi vista hacía mis manos que en este momento las encontraba de lo más interesante – eres la primera que no pregunta sobre la fama, ni la película –dijo sorprendido.
- acaso eso es extraño? – pregunté confusa.
- no sé si llamarlo así, pero la mayoría se nos acerca por la fama o simplemente por la belleza.
- oye yo no soy así – dije mirándolo ceñuda, me sentía ofendida! – si estoy con Jackson es porque lo amo no por lo importante o guapo que sea.
Él muy descarado sonrió fervientemente y dijo – felicitaciones has pasado la prueba de Kellan – lo miré críptica, a qué se refería? – bueno me imagino que sabes su última experiencia con las mujeres – a lo que yo asentí – bueno solo me aseguraba que no fueses como Catherine.
- no lo soy – dije muy segura de mí misma. Me preguntaba en estos momentos porqué los demás no volvían a la mesa, esto se estaba tornando incómodo.
- así que estudias psicología? – preguntó interesado.
- así es, estoy en segundo año ya. Y tu? – pregunta obvia Agustina!! Él es actor – me refiero, alguna película en puertas?
- pues hay una que actúo con Ahsley, es realmente bonita (no se me ocurría otra película que él estuviese), y bueno por supuesto Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.
- ahora que ya pasé la prueba Kellan, puedo preguntar? – él asintió sonriendo emocionado – es muy difícil manejar la fama? Ya sabes es muy común encontrar chicas como Catherine?
- sí lo es, sobretodo con Robert. Es el que peor la pasa, yo no me puedo quejar, mis fans son divertidas, cariñosas y atentas – me dio ternura la forma que hablaba de sus fans, como si realmente les debiera algo.
Pero entonces una voz sonó interrumpiendo así nuestra amena conversación – convocó a la Srta. Lamas a subir al escenario – miré extrañado a Kellan, el cual se limitó a subir los hombros y seguir escuchando a la voz – la cumpleañera abrirá la ronda de karaoke.
- okei. Voy a matar a Jackson – dije enojada, Kellan carcajeó pero luego dijo – vamos, no será tan terrible. Anda ve.
Siguiendo las ordenes del apuesto muchacho me dirigí hacía el escenario, en donde únicamente me esperaba un micrófono.
- hola – dije tímidamente. Feliz cumpleaños, gritó alguien probablemente borracho, lo próximo que ocurrió es que todo el bar cantaba el feliz cumpleaños en mi honor. Aún no sabía si era patético u honorífico, pero debía reconocer que era bastante gracioso. Cuando hubieron cesado los cánticos, me dispuse a cantar, opté por el tema Let it be de The Beatles.
Le público se mecía de un lado a otro al ritmo de la música, algunas mujeres lloraban probablemente estarían borrachas, pensé; había hombres que me miraban con deseo. Pero mientras cantaba detuve la vista en Jackson, el cual mostraba asombro pero a la vez orgullo por escucharme cantar. Mis amigas sonreían placenteras por volver a hacerlo, el resto de mis invitados se veían estupefactos, sobretodo Robert quién por fin unía voz con rostro y nombre, luego de escucharme cantar en la sala de música de su casa. Pero hubo una mirada que me asombró, la de Kellan, en ella sólo podía ver un lago de ternura que incluso empalagaba.