sábado, 10 de abril de 2010

Capitulo 37

Acá estoy, sisi gente volví y traje conmigo al capitulo 37. La tan esperada boda, sé que tal vez no era lo que esperaban pero prometo darles lo que quieren más adelante. Este capitulo es largo, por tanto no se pueden quejar. La parte de los vestidos es media aburrida, pero me pareció que les gustaría saber que tenian puesto. Tambien quise poner una foto de Kellan y Jackson, pero el blog no me dejo, se las debo para otro cap.
Éste especialmente va dedicado a Trii, que mañana domingo 11 está cumpliendo 20 añitos, así que felicitaciones para ella y este cap va para ti amiga!!
Ahh y para aquellas que quieran saber, Cam sólo esta en este cap a pedido de Maqi jajaj.

Enjoy it.


Capitulo 37 – La boda.
Las damas de honor entrarían primero junto con un pequeño ramo de rosas blancas. La marcha nupcial se comenzaría a escuchar después, y en se momento entraría Gabriela junto con su padre.
La novia estaba muy ansiosa, y para que mentir, yo también lo estaba. Lejos de casarme, en el altar me esperaban dos hombres a los cuales había lastimado y no podía dejar de sentirme nerviosa por ese echo. Afortunadamente, Julieta fue capaz de ver mi nerviosismo y dijo – tranquila Agus, sabes que él te ama. Todo saldrá bien.
Quería creer que sería de ese modo, pero últimamente todo salía al revés, de modo que nunca se sabía. Suspiré hondamente y me decidí a continuar con todo este asunto. No me podía dejar ganar por los estúpidos nervios que me agobiaban.
Aún no sé de donde tomé el valor suficiente para entrar a ese lugar, pero debí hacerlo, por Gabriela y Robert y también por mí. Sería lo que Dios querría que fuera y con ese pensamiento me paré en la puerta de la iglesia detrás de Verónica.
Volví a respirar hondo, entonces las puertas se abrieron y dejaron entrever la multitud que esperaba ansiosa. Tuve que recordar cómo se caminaba cuando la hermana de mi amiga comenzó a moverse. La seguí con parsimonia sosteniendo el pequeño ramo y mirando hacia delante. El lugar estaba repleto y todo se veía en armonía. Había una alfombra roja que decoraba el pasillo por dentro caminábamos, los bancos tenían unas pequeñas flores en las puntas y la iglesia era majestuosa; contaba con piso de mármol beige, altas columnas al mejor estilo griego, las paredes estaban dibujadas con pequeños ángeles y los vitró regalaban la pasión (con eso me refiero al camino que Jesús hizo hasta la cruz). Los novios habían tenido suerte en encontrar una iglesia cristiana en un país anglicano.
Trataba simplemente de mirar hacia cualquier lado menos delante, sabía a quiénes vería si lo hacía y a pesar de que a la larga debería, me sentía en el derecho de alargar el momento. Las personas allí presentes nos miraban con atención y seguramente criticando nuestros vestidos o algo semejante. Supuse que habría gente muy importante allí por la profesión que Robert ejercía, pero no me sentía capaz de mirar a nadie.
El pasillo se me hacía interminable, quería llegar al altar lo más pronto posible pero todo indicaba que cuanto más me acercaba éste más se alejaba. Afortunadamente los metros se redujeron y a pocos pasos estaba cuando lo vi. Traía un traje negro de alta calidad que a la lejanía se notaba que era caro, debajo se dejaba entrever un chaleco gris y una corbata gris perlado de unos tonos más oscuro que el chaleco, que hacía una muy buena combinación con sus ojos.
No pude evitar sonreírme ante su atuendo, no era Jackson si no traía un chaleco. Al parecer me estaba mirando porque también me sonrió y poco pude hacer antes de sonrojarme.
Recién entonces presté atención a la gente que allí estaba. Robert se veía de lo más nervioso pero también muy enamorado. Éste traía un fraquet (ya saben, es como un traje pero con el saco más larguito) negro y se veía impecablemente bien. A su lado estaba una persona que desconocía pero supuse que sería algún amigo de la infancia, el cual también traía al igual que Jackson un traje negro pero en este caso la corbata era rosada. Y más allá se encontraba Kellan con un traje negro para variar, un chaleco negro en este caso y una corbata celeste que también combinaba con sus ojos. Al pararme en mi puesto del lado de la novia, pude ver que éste me observaba con dolor y no pude hacer más que enviarle una sonrisa cariñosa y tierna.
En ese momento la marcha nupcial comenzó a invadir el lugar y todos los presentes se pusieron de pie. Gabriela venía del brazo de su padre, se la veía radiante y rebosante de alegría. Me alegraba de sobremanera poder ver que encontraba al amor de su vida y sería feliz junto a él, ella se lo merecía tanto como él. Eran una excelente pareja, se complementaban cuan Jasper y Alice y era lo que me gustaba de ellos.
Cuando llegaron al altar después de ese tortuoso pasillo, el padre entregó a su hija al novio con unas palabras muy emotivas que hicieron que su pequeña niña soltase unas cuantas lágrimas.
La ceremonia fue perfecta, se podía palpar el amor y la familiaridad en el ambiente de modo que fue muy emotiva para todos los allí presentes. Además los votos matrimoniales fueron los más bonitos que he escuchado, en ellos se demostraban la absoluta admiración que tenían el uno por el otro, el compañerismo y el respeto que se tenían pero por sobre todo el amor que se profesaban. En aquel momento no pude evitar que una lágrima saliese por la comisura de mis ojos y terminara con en mis labios, pero a través de ellos esbocé una tímida sonrisa que no iba más que dirigida a Jackson, qué desde el otro lado me sonreía con la misma ternura que yo lo hacía. Los novios se pusieron las alianzas entre llantos al saber que se estaban entregando a una persona a la cual amaban por el resto de sus vidas, y culminaron la ceremonia con un tierno y apasionado beso.
Los allí presentes estallamos en aplausos y mi caso, otras cuantas lágrimas más, afortunadamente mi maquillaje era a prueba de agua. Siempre había sido muy llorona con las bodas, y si a eso se le agregaba que la novia era mi amiga y el estado amoroso en el cual me encontraba, era una combinación letal.
Los novios desfilaron nuevamente por el pasillos y ahora era el turno de las damas de honor y los padrinos. Entonces comprendí que tendría que ir del brazo de Jackson, esto era complot. Verónica y el amigo de Robert se acercaron para caminar por la alfombra, y ahora era nuestro turno. Nos tomamos unos segundos para mirarnos profundamente a los ojos como solíamos hacerlo tiempo atrás, en ellos podía ver amor lo veía de tal forma que casi podía tocarlo pero detrás de eso, también se podía ver el dolor que le había causado. Me reprimí mentalmente por haber sido tan orgullosa. Le sonreí cortes y cariñosamente mientras nos acercábamos, cuando estuvimos a apenas centímetros él me cogió el brazo y comenzamos a seguir a los novios.
- te ves hermosa – dijo mirándome a los ojos mientras caminábamos. Había olvidado los efectos que su voz tenía en mi atolondrado cerebro. Era totalmente varonil pero no por eso dejaba de ser dulce y suave.
- gracias. Tú también estas muy elegante – dije apenas susurrando atreviéndome a devolver el cumplido.
Podía sentir los pasos de Kellan y Julieta detrás de nosotros, y lejos de estar feliz por ello me recordó el daño que le había echo a ese hombre, y tal fue la culpa que en ese momento me inundó que no pude emitir palabra alguna.
Al salir de la iglesia, Julieta, Verónica y yo nos abalanzamos sobre Gabriela quien lloraba a mares de la emoción, por otro lado los hombres se abalanzaron como fieras sobre Robert y todos sonreían extasiados por ver a su amigo feliz. Poco a poco se llenó de gente la entrada, unos conversando de la ceremonia y lo bonita que había sido, otros hablando del vestido de la novia, otros se limitaba a estar allí parados y había otros cuantos que felicitaban a los novios.
Por mi parte me limité a conversar con mis amigas y la hermana de una de ellas, mientras esperábamos para ir al hotel. Gabriela había elegido seguir el tradicionalismo de Argentina, es decir ir a la fiesta, bailar el vals al comienzo, ser los últimos en irse para luego partir a la luna de miel, no como se acostumbra por estas latitudes. Por eso mismo los invitados se encontraban desconcertados y no sabían que era lo que vendría a continuación, de modo que los que sabíamos lo que ocurriría teníamos que dirigirlos hacia el hotel.
Fue entonces cuando me vi en una disyuntiva, había venido en el remise pero claramente el mismo no estaba allí para llevarnos de vuelta al hotel, entonces entendí que cada dama de honor ya tenía un acompañante para que la llevara. Verónica se iba muy cómodamente con el amigo de Robert al cual no le conocía aún el nombre, Julieta se iba con Cam y a mi me tocaba elegir entre Jackson y Kellan. ¿Es que a mí siempre me tocaba lo difícil?
Los novios ya se habían ido y la entrada de la iglesia se comenzaba a vaciar, suspiré hondo repasando sus posibilidades y justo cuando estaba decidida a tomarme un taxi se me acercó Kellan.
- te llevó? – preguntó con cortesía mientras sonreía tiernamente. Quién se podía negar a esos ojos?
- por favor – sonreí aceptando. Pude ver como Jackson me veía extrañado por mi repentina amistad con su amigo pero cuando le regalé una sonrisa tranquilizadora pareció relajarse.
Apenas caminamos unos cuantos metros hasta la enorme camioneta negra de Kellan, éste me abrió la puerta con caballerosidad invitándome a subir, pero entonces un impulso repentino de abrazarlo me vino de modo que me tiré a sus brazos y lo abracé por el cuello mientras él sostenía con fuerza pero delicadeza mi cintura.
- de verdad lo siento – susurré en su oído, necesitaba que él supiera que no lo hacía de mala persona sino que mis sentimientos hacia Jackson eran anterior y que lo amaba con profundidad – me perdonas? – pregunté con miedo en la voz a la vez que me separaba para esperar su respuesta mirándolo a los ojos.
- no hay nada que perdonar – dijo sonriendo pero claramente esa alegría no llegó a sus ojos – todo está claro Mey, tu amas a Jackson eso lo entiendo. El que sobra aquí soy yo – dijo con pena mientras me hacía una venia para que subiese de una vez a la camioneta.
Una vez ambos dentro y con el auto en marcha, volví a retomar el tema, no dejaría que me dejara con la palabra en la boca.
- de verdad no quiero que sufras, lo siento si te hice parecer que había interés de mi parte – dije con pena mientras jugaba con mis dedos – no he tenido culpa de todo eso y lo sabes.
- por supuesto que es tu culpa – soltó de repente cuando habíamos frenado en un semáforo.
- mi culpa? – pregunté extrañada por su actitud, él nunca me había levantado la voz.
- si tu culpa por ser extremadamente dulce. Por ser absolutamente cariñosa, por ser endemoniadamente simple y bella. Por ser tan tu – dijo totalmente sacado de sí mientras apretaba el volante de tal forma que sus nudillos ya estaba blancos. Con esa confesión y el dolor que sabía que le causaba mi negación no pude más que ponerme a llorar de forma silenciosa, lo había enredado todo y me dolía hacerle daño a la persona que menos se lo merecía.
- lo siento – gazné entre sollozos. Al parecer en ese momento él se dio cuenta de mi estado por que aparcó el auto en un lado de la calle, me cogió el rostro entre sus enorme manos y con extrema suavidad limpió mis lágrimas.
- yo lo siento Mey, tu no tienes la culpa de nada – se lo notaba arrepentido – siento haberte tratado de ese modo, no te lo merecías.
- es que tienes razón Kell, sufres por mi culpa. Tal vez me comporté de forma que no debía y te di a entender cosas distintas. De veras que lo siento – volví a repetir.
- oye pequeña, tu no tienes ninguna culpa. Sólo te comportabas normalmente y eso fue lo que me gustó de ti eras tu misma conmigo o con cualquier persona, no fingías. Fui yo el demente que se enamoró de la novia del amigo – dijo tratando de contenerme pero lejos de hacerlo se le escapó tremenda confesión, no pude hacer más que llevarme las manos a la boca de la impresión. Él me miró con angustia, pero entonces dije – será mejor que me vaya en taxi.
- por supuesto que no, me comprometí a llevarte y lo haré – dijo sonriendo, y al parecer parecía bastante feliz de haber soltado tal peso – pero antes deberás retocarte el maquillaje, no queremos que nadie sepa de este pequeño encuentro.
Tardé apenas unos tres minutos en volver a ser una persona normal y volvimos al ruedo. Al llegar al hotel y antes de bajar del auto, volví a hablar – podremos ser amigos? – pregunté insegura de su respuesta.
- no lo sé Mey, dame tiempo. No es fácil para mí ser amiga de la chica que me gusta – dijo apenado por hacerme daño a mí.
- entiendo – dije sonriendo con ternura.
Me abrió la puerta de la camioneta y me tendió la mano para poder bajar, entonces él volvió a emitir sonido – por cierto – dijo mientras cerraba la puerta – te ves hermosa – no hice más que sonrojarme.
Al entrar al salón del hotel me maravillé al igual que Kellan. El piso relucía debajo de nosotros con un hermoso mármol blanco y rosa, las mesas eran redondas y estaban cubiertas de un enorme mantel blanco junto con otro arriba rosa, sobre estos había abundante cantidad de velas que lejos de iluminar servían de decoración. El salón estaba repleto de gente y para mi sorpresa había varios famosos allí aparte del elenco de Twilight, que supuse habrían trabajado con Robert. Desde Pierce Bosnan hasta Daniel Radcliff, al parecer toda la farándula estaba allí para presenciar el casamiento de uno de los actores jóvenes más sexys y talentosos.
Fue en ese momento que el elenco de Twilight se me abalanzó para saludarme, pero a pesar de que los quería a todos estaba un poco resentida en cuanto a que no había sabido nada de ellos en estos días.
- oh ahora si quieren saludar y hablarme? – pregunté cruzándome de brazos y tapándome con el chal.
- lo siento Mey – hablo Ahsley apenada – sé que estás enojada con nosotros pero Jackson nos hizo prometer que no intervendríamos más en tu vida.
- Jackson y sus estúpidas promesas – dije exacerbada a lo que todos rieron con ganas.
Recién entonces pude prestarles verdadera atención. Se notaba a la legua que Ashely sabía de moda, traía un vestido violeta con un escote corazón fruncido, debajo del busto traía una faja y luego caía en extraños volados. El color iba perfecto con su piel, y el corte con su figura. Traía el pelo semi recogido con una extraña hebilla en él. Se veía hermosa. ( http://www.vestidosde.info/wp-content/uploads/2010/02/vestidos-de-fiesta-pronovias-2009-modelo-abanico.jpg ) (imaginen que el vestido es mas corto).
La próxima en venir a saludar fue Reachell, la cual me estrechó en un cálido abrazo. En este caso tenía un vestido negro strapless con un leve fruncimiento en el escote para luego caer con simpleza. El color le daba un contraste increíble a su piel pálida y a su cabello en llamas. Estaba hermosa, pero se parecía a la mala de la película. ( http://imagenes.solostocks.com/z1_3820681/vestidos-de-fiesta-senora-varios-modelos.jpg ).
Kristen apenas me dio una sonrisa desde la lejanía, aún no sabía porqué tanta distancia de mi persona, de todas formas la saludé cordialmente y le elogié el vestido, qué a decir verdad era precioso. Era strapless con un hermoso encaje plateado, luego tenía una especie de faja que terminaba en una enorme moña y caía con irregularidad. El color plateado iba perfecto con sus ojos y se la veía radiante, pero siempre manteniendo ese aspecto rebelde y juvenil. ( http://www.nainovias.com/images/articulos/vestido_fiesta_lasposa1208.jpg ).
Elizabeth se acercó y me estrechó entre sus brazos con paciencia, me recordó a Esme en ese momento. Dijo extrañarme y sentir todo lo que había sucedido. Parecía una especie de Barbie castaña, el vestido que tenía también era escote corazón sin embargo en este caso tenía un fruncido en medio para luego caer con simpleza pero elegancia. Estaba preciosa y le daba un aspecto de lo más angelical y inocente. ( http://img.webdelanovia.com/wp-content/uploads/2008/03/Vestido%20de%20Fiesta%20Alvina%20Valenta%202008%207.jpg ).
Nikki nunca dejaba de impactarme, me dijo que había echo bien en haber reaccionado de ese modo y que me felicitaba por mi vestido, a lo que yo halagué el de ella. Era de un tono rojo pasión con un apretado corsé que partía desde abajo del busto para terminar cerca de la cadera, en los extremos éste contaba con una especie de preciosos bordados. Pero a la vez del corsé salía una tela que iba hasta el cuello tapándole el busto, y terminaba en capas. Verdaderamente parecía una modelo. Contrastaba enormemente con su piel morena y su cabello castaño. (
http://img.webdelanovia.com/wp-content/uploads/2009/02/vestido_de_fiesta_2009_2.jpg ).
En ese momento se acercó Taylor, quién me dio un enorme abrazo y me estrujó entre sus brazos, dijo haber extrañado mi voz y me dio un beso en la mejilla. Además estaba segura que en unos años las chicas se pelearían por este pequeño hombre, traía un traje gris oscuro satinado, junto con una camisa negra desabrochada los primeros botones que dejaba ver su morocho pecho. Muy rebelde, aunque después de todo el chico sólo tiene 17 años. (
http://cdn.buzznet.com/media/jjr/headlines/2009/09/taylor-lautner-mtv-vmas.jpg ).
Luego se me acercó Dakota, ciertamente a ella no la conocía pero la reconocía de la película “La guerra de los mundos” (por Dios la flaca grita mucho en esa peliculaaaa), de modo que se presentó y me dio buena impresión, es decir parecía una buena persona. Pero su vestido era tema aparte, también usaba un escote corazón que al parecer estaba muy de moda, y luego la tela tenía un efecto globo; todo en un color rosa chillón. A decir verdad no me gustaba para nada, pero gustos son gustos solía decir mi padre. (http://1.bp.blogspot.com/_hS_LBSqiI4k/SfSZoh-wuzI/AAAAAAAAAOE/2qYjdraL7t0/s400/dakota-vestino-promo-coraline-1%5B1%5D.jpg ).
Luego se acercó otra muchacha a la que yo desconocía por completo, al presentarse me di cuenta de que se trataba de Jessica Stanley, o mejor dicho de Anna Kendrik como realmente era su nombre. Parecía ser simpática además de tener una bonita sonrisa, también traía un escote corazón pero en este caso se cruzaba con un fruncido y caía elegantemente. El color violeta iba a juego con su pelo y le quedaba extraordinario. (http://www.hispabodas.com/img/fotos/t3/364-vestidos-de-fiesta-color-lila_t3.jpg ).
A continuación se acercó el buen mozo de Peter, quién me dio un tierno beso en la mejilla, me presentó a su rubia esposa y ambos me sonriendo con ternura de tal modo que me sentí frente a mis padres. Su esposa traía un vestido negro muy sobrio atado al cuello y por los tobillos. Él traía un traje negro junto con un chaleco negro pero en este caso la camisa era violeta con rayas verticales blancas. Ambos se veían estupendos. ( http://lh6.ggpht.com/_yxulBLr5MaQ/SwITiwsc3uI/AAAAAAAAI5c/JziY7P0i2Iw/s800/peter%20facinelli.jpg ).
Cam se acercó con una sonrisa triunfadora y me dio un beso en la mejilla, era extraño el aspecto rudo que tenía y la forma en la cual hablaba Julieta de él. Había algo que no me cerraba de este chico. Pero a pesar de eso estaba muy lindo. Traía un traje pero en vez de saco era una ruda campera de cuero. Sigo sin que me cierre este muchacho, no me gustaba para Julieta pero si ella era feliz y él no la lastimase. (http://img.mensencia.com/2009/12/cam-gigandet-8.jpg ).
Por último se acercó otra muchacha que no conocía pero pude reconocer como Angela de la película pero Christian Serratos era su verdadero nombre, se presentó con cortesía y amabilidad. Su vestido afortunadamente no era escote corazón, sino que iba a los hombres y tenía escote redondo, pero sí tenía una faja que al igual que el vestido de Kristen terminaba en una elegante moña y luego caía con plisados de tull. Parecía muy de pasarela más que de fiesta, de todos modos se veía bonita. (
http://www.vestidodefiesta.net/wp-content/uploads/2008/12/514957001324325i3.jpg ).
Todos se disculparon por que Michael Welch no había podido venir, al parecer era el muchacho que interpretaba al Mike y había tenido un improvisto familiar.
Afortunadamente la cantidad industrial de saludos cesó cuando se anunció la llegada de los novios. Todos nos reunimos en torno a la pista para esperarlos mientras hablábamos y bebíamos champagne. La música tranquilizadora que veníamos escuchando cesó para darle paso a una mucho más agitada y en ese momento se abrieron las puertas del salón para dejarnos entrever a la pareja agasajada, quienes entraban saltando y se los veía muy alegres. Fue entonces cuando recordé mi antigua comparación, eran muy similares a Jasper y Alice y reí.
- de qué ríes? – me preguntó una voz que bien yo conocía. Era Jackson. Pero opté para seguir una conversación civilizada.
- de lo mucho que se parecen a Jasper y Alice – dije sonriendo mientras posaba mi vista en sus enormes ojos verdes. Inmediatamente comenzó a carcajearse, y no hubo nada mejor en esta noche que el sonido de su risa, de esa risa que me llenaba y me hacía sentir completa nuevamente.
- tienes razón – coincidió mientras secaba sus lágrimas, producto de la risa – aunque a mi entender Jasper es mucho más apuesto – dijo refiriéndose en verdad a él mismo obviamente.
- no sabría decirte – hice un pausa en donde él me miró extrañado – hace mucho que no lo veo – realmente no quise hacerlo mas no pude evitarlo, las palabras salieron atropelladas de mi boca. Jackson parecía dolido por mi comentario pero como caballero que no era, no me reprochó nada en absoluto.
- lo siento – dije verdaderamente arrepentida. Lo peor era que sentía que últimamente vivía pidiendo disculpas, a Kellan, a Jackson y a mí misma por mis idioteces.
- no debes – dijo sobrio pero podía leer entre líneas que estaba dolido.
En el momento que iba a contestar el vals empezó a sonar, dando paso al típico baile novio y novia. Ambos se pararon en medio de la pista, Rob le cogió la cintura con delicadeza y Gabi tomó la mano que éste le ofrecía. Parecía que habían practicado antes porque se deslizaban con una elegancia y gracilidad típica de los bailarines profesionales. Pero a pesar de la exquisitez del baile, se podía notar que era muy íntimo y cariñoso, que lo único que los rodeaba era el amor. Tal fue la sensibilidad del acto que varias lágrimas se escaparon nuevamente de mis ojos, pero para ese entonces tenía un suave pañuelo blanco frente a mis ojos, y las inconfundibles manos de Jackson ofreciéndomelo.
- aquí tienes – dijo sonriéndome con ternura. Y aquello no hizo más que dejar evacuar más agua salada por mis ojos, a pesar de mi estupidez y de mi altanero orgullo aún así, él estaba acá para mí ofreciéndome su pañuelo. Eso fue suficientes para que dejara mi orgullo de lado por unos segundos y me tirara a sus brazos, él con delicadeza me envolvió y me daba tiernos besos en la cabeza, por mi parte no dejaba de repetir que lo sentía una y otra vez contra su pecho.
Al separarnos ambos nos reímos por la situación, con delicadeza él me limpió las lágrimas que escurrían por mi mejilla, me dio un beso por los mojados caminos y dijo mientras me ofrecía una mano –me permite esta pieza señorita?
- sería un placer – dije sonriendo, podía sentir como mis ojos brillaban de amor. Y por
más que me molestara, sabía que todos nuestro grupo estaba pendiente de nuestro reencuentro.

Mentiría si dijera que nuestro baile fue tan grácil como el de los novios, de echo nos limitamos a balancearnos al compás de la música mientras él tarareaba el ritmo en mi oído. Afortunadamente la canción cesó, de modo que dejamos de hacer el ridículo. Todos los invitados fuimos a felicitar nuevamente a los novios como se estilaba a hacer en este momento. Luego nos fuimos a sentar en una mesa, qué era tan grande como para albergar a todo el elenco y tan poco suerte tengo que me sentaron entre Kellan y Jackson.
Sinceramente traté de no dirigirme en especial a ninguno de los dos, no quería lastimarlos. Me sentía entre la espada y la pared, tratando de elegir entre blanco y negro sin saber qué color me favorecía más. La cena pasó entre conversaciones divertidas y en varias ocasiones pasada de tono, al parecer el champagne tenía efectos secundarios.
Para cuando la música empezó a sonar fuerte y divertida, salimos todos a bailar al ritmo de música latina, que obviamente Gabriela había elegido por ser su preferida. Bailábamos todos en grupos, de echo parecíamos viejos bailando de ese modo pero definitivamente todo se descontroló cuando comenzó a sonar Daddy Yankee. Al ser la música tan pegadiza, bailable y sexie todos se movían al compás de la música, y a pesar de que no la conocían muchos se movían como verdaderos latinos. Para ese entonces Gabriela había venido exclusivamente para bailar junto a mí esta canción, ya que Julieta no era muy aficionada al baile. Tal cual habíamos echo aquella vez en la discoteca, comenzamos a mover nuestros cuerpos al ritmo frenético del reggaeton, bajando y subiendo nuestras caderas con sensualidad y en algunas ocasiones tocando nuestros cuerpos con adoración. En cierto momento Robert la avanzó y ambos se pusieron a bailar muy pegados esta música, a decir verdad era raro ver al novio en esa situación. La cosa se complicó cuando a la vez, Kellan y Jackson intentaron avanzarme para bailar conmigo; Jackson miró a su amigo sin entender sus intenciones, afortunadamente Kellan se fue rápidamente sin dejar lugar a peleas, pero el momento fue de lo más incómodo.

Sentía una necesidad imperiosa de ir al baño, al parecer mucho líquido a en mi organismo había llevado a mi vejiga al límite, de modo que con suavidad me encaminé hacia el baño en donde me encontré con Kellan, el cual parecía muy disgustado. Así que me acerqué para saber si se encontraba bien, traía la camisa por fuera del pantalón y la corbata aflojada, se veía sexy.
- oye Kell, estas bien? – pregunté preocupada mientras le tocaba el brazo para llamar su atención.
- no Mey, no lo estoy – dijo angustiado y cuando elevó su mirada y la clavó en la mía, pude ver su sufrimiento a pleno. Traté de acercarme más para poder hablar con él, sin duda eso fue un error. Ágil como sólo él lo era, logró tomarme de las muñecas y acorralarme entre la pared y su enorme cuerpo. Requería toda mi concentración mirarlo a los ojos sin querer devorarme sus labios, pero entonces quise que esos ojos celestes fuesen verdes y todo volvió a la normalidad – no estoy bien Mey – volvió a repetir – no puedo estar bien si bailas de esa forma tan sexy mujer. ¿Acaso me quieres enloquecer? – su mirada era la más intensa que había visto, y realmente trataba de que no me afectara la posición en la que estábamos. Además estaba el tema de la culpa que me generaba tener a un hombre en estas condiciones, es que yo no había echo nada para darle a entender que a mí también le gustaba. Pero todo se fue al carajo cuando Kellan torció su cara y comenzó a darme besos en el cuello – ¿cómo voy a estar bien si quiero verte bailar así, pero sólo para mí? ¿cómo puedo estar bien sabiendo que tú lejos de que quieras que sea yo, deseas que sea mi mejor amigo? Me estas matando Mery!!
- Kellan Lutz suéltame ahora mismo – exclamé con toda la ímpetu con la que me fue posible. Al parecer mi voz tuvo un gran tono de autoridad, ya que mi amigo se separó. Me miró con culpa y se alejó sin decir palabra. Aproveché ese momento para poder ir al baño, me mojé la nuca con agua helada y miré mi reflejo. Me veía tan bien como lo había echo hoy en mi casa, pero claramente estaba mas confundida. Sabía que la cosa con Kellan no iría más allá, porque yo no lo dejaría, no le permitiría que se siga lastimando, no lo merecía. Además era muy conciente que a pesar de que era muy lindo y me caía muy bien, amaba con todo mi corazón a Jackson y que a pesar de todos los errores que ambos cometimos, todo saldría bien. Pero lo que más me molestaba y de echo me sentía bastante mal por eso, era lastimar al bueno de Kellan. A veces pensaba que era una mala persona por “jugar” con dos hombres, de echo yo no hacía eso, sólo quería jugar con Jackson; era Kellan el que jugaba conmigo acorralándome en sitios oscuros para besarme el cuello.
Una vez de nuevo en la mesa, me dediqué a tomar algo de refresco para purificar mi atolondrado cerebro. Fue entonces cuando Jackson se acercó a mí y se sentó a mí lado.
- tienes algo que hacer el jueves que viene? – preguntó de repente.
- no, que yo sepa – declaré confundida por se pregunta.
- ahora lo tienes – dijo sonriendo, tan típico de Jackson hacer planes por mí – 100 monkeys dará un pequeño concierto en un pub, me gustaría que fueras.
- allí estaré – dije sonriendo tímidamente. Sabía que a pesar de volver a hablar, las verdaderas charlas se darían luego de ese concierto.
La fiesta terminó siendo un éxito, todos bailaban divertidos incluso los actores más respetados de Hollywood lo hacían, bebían como locos y decían un par de incoherencias. La parte de la torta fue muy divertida, sobretodo porque luego de que los novios se diesen de comer torta uno a otro, kellan fue capaz de arrojar un pedazo de torta a la cara de Robert, que Gabi muy dispuesta lo limpió con la lengua. Fue extremadamente gracioso, pero no por eso menos emotivo, se notaba a la legua que se querían y eso me emocionaba mucho, de modo que terminé soltando unas cuantas lágrimas.
A la hora de volver a mi casa, cerca ya de las siete de la mañana, volvió a aparecer la incomodidad. Luego de despedirme de los novios, deseándoles una bonita luna de miel, Jackson y Kellan discutían acerca de quién debía llevarme a casa.
- es que a ti no te queda de paso hombre! – decía exasperado Jackson mientras agitaba las manos con locura.
- ya, pero mi auto es más cómodo y ella se merece lo mejor – dijo Kellan sonriéndome y dejando entrever sus sentimientos. Afortunadamente ambos estaban lo suficientemente tomados como para darse cuenta de lo absurda que era su discusión. Además también se podría agregar que el alcohol en sangre tendía a poner violentas a la personas, de modo que me pareció más preciso intervenir en la situación.
- okei chicos, ya fue suficiente – dije poniéndome entre medio. Ambos me miraban sorprendidos por mi interrupción – no me llevarás ni tú y tampoco tú – dije señalándolos a medida que los nombraba - Agustina se va a ir en un taxi, y si de verdad aprecian sus vidas deberían hacer lo mismo, no manejen si han tomado.
- está bien Mey, lo que tu digas – dijo Jackson – pero déjame ofrecerte mi saco para que no tengas frío, te congelarás con tan poca ropa en la mañana de Londres.
Acepté su saco sonriendo, me despedí de ambos con un beso en la mejilla y los dejé allí parados mientras me alejaba con el taxi. Definitivamente había sido una noche emotiva, divertida pero larga, muy larga.

domingo, 28 de marzo de 2010

Capitulo 36

Estoy acá, sí volvi. Y supongo qe mas tarde de lo qe a ustedes les gustaria. Iba a escribir el capitulo entro de la boda, pero me di cuenta qe si lo hacia qedaba demasiado largo y me demoraría muchisimo más. De modo que decidi cortarlo por acá, aunque creo que de todas formas les van a gustar. Gracias a mi amiga Trii que me ayudó con los vestidos de las chicas!!
People, just enjoy.



Capitulo 36 - La previa.
Me sentía mal, debía admitirlo. Estábamos ya a miércoles, y Kellan no había llamado. La culpa se había instalado en mí como una nueva moda, y no podía erradicarla. Lo había dañado y me dolía haberlo echo. Él más que nadie no se lo merecía. Me sentía una mala persona. ¿Acaso todo tenía que salirme mal? Ahora no sólo debía enfrentarme a Jackson en la boda, sino también a Kellan y francamente no sabía si podría con ambos.
Las chicas no sabían precisamente qué había pasado pero tenían la certeza de que algo había sucedido para que nos distanciáramos. Demás estaría decir que lo que había sucedido esa noche moriría conmigo. Ya demasiada culpa tenía como para escuchar un sermón ajeno. Tenía muy claro cual había sido mi error y lamentaba no poder hacer nada para repararlo. Pero no podía llorar más por la leche derramada; lo echo, echo está.
Estaba en la peluquería tratando de hacer algo con mi cabello. El viernes había llegado a mí como un veloz auto de carreras y sinceramente me encontraba aterrada. Sabía que debía encontrarme con dos hombres distintos, muy distintos pero al fin y al cabo hombres. Y a pesar de mis errores, quería gustarles, quería verme atractiva para ellos. Iría al infierno por pensar de ese modo, sólo debía verme bonita para Jackson. Estaba echa un lío, y al parecer la peluquera de dio cuenta porque dijo – problemas de pantalones?
- algo así – admití suspirando.
- entiendo – dijo mientras peinaba mi cabello con cuidado – qué es lo que prefieres?
- definitivamente quiero mis rulos naturales – dije extremadamente convencida de aquello, sabía que a Jackson le encantaba mi pelo – tal vez un semi recogido, pero quiero que se note el largo. La experta acá eres tú – dije halagando a la señora, a lo que ella sonrió. Parecía rondar los cuarenta y tantos, pero se mantenía en excelentes condiciones. Traía el pelo teñido de un molesto rubio, tenía mucho maquillaje de modo que sus ojos marrones quedaban en todo su esplendor.
- un casamiento? – preguntó queriendo chismosear. Si algo tenían las peluqueras era su extrema curiosidad.
- sí, así es. De una amiga, de echo soy una de las damas de honor – dije contenta porque Gabi me hubiese elegido. Obviamente no era la principal, esa sería su hermana pero luego veníamos Juli y yo.
- y te vas a encontrar con tu ex novio verdad? – hizo una pausa mientras tomaba el secador – se te nota el nerviosismo en la cara. Serénate si no quieres que él no lo note, niña.
- técnicamente no es mi ex. Es complicado – confesé mientras la señora secaba mi cabello con dedicación.
- no pienso moverme – declaró sonriendo.
- en verdad, nunca terminamos oficialmente. Él se fue a LA y yo me quedé acá. Lo fui a despedir al aeropuerto pero nunca supe nada más de él. De eso ha pasado un mes y ahora me ves, tratando de arreglarme para que él me vea bonita.
- me parece perfecto, niña. Debes re conquistarlo, si estás tan nerviosa es porque lo amas y él debería saberlo, no crees?
- sí, pero nada es tan fácil. Tuve un pequeño desliz con su mejor amigo – confesé avergonzada, de pronto la señora paró el secador, giró la silla en la que me encontraba y quedamos cara a cara.
- por Dios niña, qué hiciste? – preguntó preocupada abriendo los ojos más de lo normal.
- sólo fue un beso – aclaré con culpa – un muy buen beso – pero al ver la cara de la señora, agregué – pero enseguida le aclaré las cosas y le dije que mi corazón pertenecía a Jackson. Fue triste verlo irse con esa pena en los ojos. Me siento una mala persona – confesé dolida y totalmente arrepentida. La señora aún sin conocerme me abrazó como una hija y me consoló mientras unas traicioneras lágrimas bajaban por mis mejillas. Este era el momento en que extrañaba los consejos de mi madre, pero al parecer esta señora había aparecido para ser mi ancla.
- tienes claro a quién amas, verdad? – preguntó con comprensión en sus ojos. Me limité a asentir – será mejor entonces que vayas por él, le digas lo que sientes y arreglen las cosas. Mira niña, el tren pasa sólo una vez – dijo con sabiduría – si no lo coges, se irá sin ti. Hablo por experiencia propia.
- gracias señora – dije con sincero alivio. Necesitaba un consejo de alguien con más experiencia, y aunque sonara raro sentía que mi madre me había enviado a esta señora para hacer lo que ella, producto de la distancia, no podía.
- ahora a ponerte linda para tu hombre – dijo mientras me volvía a colocar frente al espejo.
Al cabo de tres cuartos de hora, mi cabello lucía radiante. El largo se mantenía, pero habían recogido el frente jugando con mis mechones y haciendo una clase de moño en la parte de atrás, de modo que los pequeños rulos que se formaban en las puntas cayeran con delicadeza. Me encantaba, era justo lo que buscaba. Delicadeza, elegancia pero sencillez. Me despedí con un afectuoso abrazo y una sobrada propina de la señora y me encaminé hacia el departamento.
Hoy me tomé el atrevimiento de no ir a trabajar, un día menos no sería la gran diferencia. De modo que había utilizado ese tiempo en la peluquería.
Al llegar a casa, me desplomé en el sillón más próximo y me puse a ver televisión. Aún no sé cómo, pero me topé con la cara de Jackson en un canal. Se veía joven, tierno pero estaba muy bonito. Al parecer era un serie llamada Beautiful People.
Verlo había reavivado mis ganas de volver a verlo. Necesitaba decirle que sentía mi orgullo, que me perdonara, qué volviéramos a ser lo que éramos antes. Que lo necesitaba como el aire que respiraba.
Varios té de por medio mientras veía la maratón de la serie, llegó la hora de prepararse. Cogí aire y demasiado coraje, la hora se acercaba y para ser sincera me encontraba totalmente aterrada. Me había bañado antes de ir a la peluquería, de modo que sólo me tocaba maquillarme y vestirme. Debía encontrarme con las chicas en un hotel que Robert había reservado a las 7.30 y apenas eran las seis y contando con lo rápido qué me maquillo, tendrían tiempo de sobra.
El vestido lo habíamos ido a comprar Gabi, Juli y yo semanas atrás. La novia había elegido el aguamarina para los vestidos de las novias, de modo que Julieta, Verónica (la hermana de Gabi) y yo deberíamos vestir de ese color.
El diseño le era insignificante, sin embargo le importaba en demasía que respetáramos el color. Estuvimos todo ese día tratando de elegir el bendito vestido para mi amiga y para mí, afortunadamente encontré uno que iba de acuerdo con el pedido de mi amiga y se ajustaba a mis gustos. Y sobre el blanco edredón descansaba. Suspiré tomando valor, fui hasta él, le quité la bolsa y lo miré en toda su plenitud.
El escote contaba con plisados y era en V. Debajo del busto, se ceñía una clase de faja de un tono gris perlado que finalizaba con una elegante moña. Luego el vestido caía dándole forma a mis caderas pero con magnífica elegancia. Llegaba hasta el piso y era de seda aguamarina, por supuesto. Los zapatos que llevaría eran negros, taco aguja en punta y estilizaban enormemente mis piernas. (
http://www.hispabodas.com/img/fotos/517-elegante-modelo-para-madrina-en-tono-aguamarina-destaca-.jpg )
Al terminar de vestirme, me vi al espejo y me sorprendí. El vestido me quedaba increíble. Se adaptaba a mi figura de una forma magnífica y disimulaba aquello que no debería estar allí. Me sentía muy a gusto con él.
Quería un maquillaje natural pero que resaltara mis facciones, aunque pensándolo mejor sería conveniente maquillarme allí en el hotel directamente. Así que cogí el porta cosméticos de cuero, y lo guardé junto con las llaves, el celular y la billetera en una exclusiva cartera de la misma tela que el vestido; cogí también un chal para protegerme del frío del mismo tono que la faja del vestido.
Al salir obtuve una mirada sorprendida de John, me detuve algunos minutos hablando con el simpático portero para luego pedirle que me pidiera un taxi. Le indiqué la dirección del hotel al chofer y con extrema lentitud nos dirigimos allí. Al parecer era la hora pico, de modo que había muchísimo tráfico en las calles londinenses.
Llamé a Julieta para avisarle que demoraría más de lo esperado, y mi amiga poco más que suplicando me dijo me apurara, que ya no podía soportar más la ansiedad de Gabi. Por supuesto no hice más que reírme y colgué.
El hotel era majestuoso, arañas de cristal, vestíbulos de mármol, grandes ventanales con unas exquisitas cortinas con bordados de oro. La decoración era magnánima. De echo, allí mismo se festejaría la boda; luego de la iglesia todos vendrían a un salón que aquí había. La pareja tenía reservada la habitación 503, de modo que con extremo cuidado de no caerme me encaminé hacía el ascensor. El cual era tan elegante como el resto del hotel, con espejo de cuerpo entero, paredes de madera clara y pisos de mármol rosado.
Al llegar a la habitación toqué con fuerza, suponiendo que con el lío que allí dentro habría, no me escucharían. Pero Julieta abrió la puerta tras varios segundos, se la veía un poco descolocada y entendí en ese momento que necesitaba seria ayuda para controlar los nervios de Gabi. La saludé con un abrazo y recién entonces me percaté de su vestimenta. Tenía un vestido aguamarina, por supuesto, el cual en el busto tenía un drapeado así también como las pequeñas mangas que traía. Luego de la mitad del busto le nacía un drapeado que iba hasta la cintura; que era ideal para disimularla y luego caía con sencillez. Había optado por dejarse el pelo moreno suelto y le daba un toco muy latino. Estaba preciosa. (
http://img.alibaba.com/photo/251025264/FL2035_bridesmade_dress_fashion_bridesmaid_dress.jpg )
- me imagino la cara de Cam cuando te vea – dije sonriendo mientras dejaba la cartera en una de las butacas que allí había – estas preciosa.
- gracias, pero no creo que sea el único que babee – dijo sonriendo ilusionada por mi encuentro con Jackson. Lo entendí perfectamente, pero en este momento no me sentía capaz de pensar en eso, de modo que salí por la tangente. Típico de mí.
- dónde está la novia? – pregunté curiosa y a la vez asustada por el caso de histeria a la que me enfrentaría. Al parecer Juli, no había podido con ella.
- con el peluquero – dijo extenuada – histeria es poco, está de lo más ansiosa.
- no te preocupes, ya me sabré arreglar con ella – dije sonriendo mientras me dirigía al cuarto donde mi amiga había señalado.
Al abrir la puerta corrediza estaba Gabriela en una bata blanca sentada en una elegante silla, y había un hombre parado jugando con su cabello y un secador. La que parecía su hermana, estaba sentada en otra silla y se la veía abatida. Se notaba claramente que estaba nerviosa porque cada segundo le decía al peluquero que le estaba tirando el cabello. Luego de haber analizado la situación, decidí hablar para que notaran mi presencia - cómo está la novia más hermosa? – pregunté sonriendo, mientras Gabi saltaba de la silla y corría para abrazarme. Pude ver como su hermana gesticulaba la palabra ayuda con demasiado énfasis y al parecer el peluquero estaba de acuerdo con aquello porque movió la cabeza coincidiendo con la hermana de la novia. Luego que nos deshicimos del abrazo, la tomé por los hombros y le dije con la tranquilidad que me caracterizaba – respira hondo. Que el aire entre en tus pulmones suavemente, y salga con simpleza. Que ese aire te llene y te haga sentir más liviana – ella inmediatamente cerró los ojos mientras yo hablaba. Los allí presentes me miraban como si fuese Dios, pero sólo estaba aplicando técnicas de relajación – ahora moverás tus hombros en círculos, sacando toda la tensión que allí radica.Pero al parecer aquello no fue suficiente, porque Gabriela abrió los ojos sacada y dijo gritando – cómo quieres que no esté tensionada? Me voy a casar! Sí, a casar! Y encima con el hombre más sexy del mundo según la revista People. Eso es mucho.
Ya me empezaba a cansar, mi amiga siguió parloteando estupideces hasta que mi límite dijo basta y la cacheteé con fuerza para que reaccionara. Y al parecer funcionó porque muy sumisa volvió a su asiento y dejó hacer su trabajo al peluquero. Verónica, la hermana de Gabi me agradeció y estuvimos charlando un rato, luego se nos unió Juli, pero para ese entonces el peluquero había echo maravillas con Gabriela y ya estaba terminada.
Le había echo un elegante recogido pero respetando el desflecado cerquillo que tanto le gustaba. Se veía madura pero infantil, clásico pero moderno. Perfecto para ella. Justo en ese momento tocaron la puerta, era la madre de la novia, la maquilladora y la modista con el vestido.
Entre todas la ayudamos a poner esa delicia de tela y cuando por fin lo tuvo puesto, cayó en la idea que realmente se casaba, porque murmuró – me caso – con extrema adoración. Su sueño se hacía realidad y fue genial ser partícipe de ello. Todas le sonreímos y le dimos un afectuoso abrazo, pero obviamente no pude detener la lágrima que bajaba por la comisura de mi ojo.
Nunca había visto semejante belleza de vestido, era de alta costura. Era blanco por supuesto como Gabi quería, la parte de arriba era un apretado corsé bordado con piedras que acentuaba la figura de mi amiga. A pesar de ser strapless, tenía unas pequeñas manguitas de tela también bordada. Tenía una cola pronunciada de tull, en donde el final también estaba bordado. Era precioso. (
http://imagenes.solostocks.com/z2_4539663/preciosos-vestidos-de-novia-y-calidad-se-venden-por-unidad.jpg )
Mientras la maquilladora hacía su trabajo con la novia, Julieta y la familia de Gabi charlaban, me decidí a maquillarme. De modo que cogí el estuche de los cosméticos y me dirigí al majestuoso baño. Todo era de mármol y sospechaba que era más grande que mi departamento. Eso fue raro, definitivamente. No quería maquillarme realmente, pero si no lo hacía probablemente Gabriela me pegaría. Así que suspirando cogí las sobras celestes, apliqué una aguamarina en el párpado movible e hice la profundidad del ojo con una sombra más oscura y para acabar coloqué un poco de plateado en el arco superciliar. No era un maquillaje común pero me gustaba. Luego apliqué rimel, un poco de rubor y brillo labial.
Al salir me encontré con la maquilladora que ya se iba y al verme dijo – exótico pero lindo e impecable.
- gracias – agradecí confusa, me había agarrado desprevenida. Al parecer la novia ya estaba lista pero aún era temprano para ir a la iglesia, además Gabriela se quería hacer esperar. Típico de ella. La madre de ella ya había partido a la iglesia para recibir a la gente junto con los padres del novio y el novio mismo. Pero al irse la madre de la novia vino el padre para llevarla al altar.
Y en ese momento de espera deseé poder llegar a estas alturas, poder casarme con la persona que amaba. La cual sabía que estaba en este momento en el altar. Sabía que debía enfrentarlo, domar mi orgullo y pedir perdón por mi acciones. Pero tenía miedo, si las cosas no salían como esperaba? Qué haría? Lloraría por años, muchos años y no estaba segura de poder soportar tal dolor.
Además estaba el tema de que al lado de Jackson estaría Kellan, el Kellan que yo había lastimado, al que había besado y al que consideraba un amigo. Eran tantas cosas que no sabía si podría enfrentarlas a todas. Pero algo me sacó de mis cavilaciones y fue Julieta, avisando que ya era hora de partir a la iglesia. De modo que tomé la cartera, me enfundé en el chal y desfilé hacia la puerta seguida de las damas de honor, el padre y la novia. Afortunadamente todos entramos en el ascensor.
Al salir la novia y el padre se fueron en un remise rentado, mientras las damas de honor nos fuimos en otro aparte.
El trayecto afortunadamente no fue demasiado largo, sin embargo fue suficiente para que mi mente pensara en el próximo movimiento a seguir. Antes de lo que me hubiese gustado, ya estaba frente a la colosal iglesia que Gabriela y Robert habían elegido; y lejos de estar tranquila, temblaba de nervios.

domingo, 14 de marzo de 2010

Capitulo 35


Sí, no tienes que decirme nada. Lo se. Creanme que lo sé. Soy una horrible escritora, algunas me quieren tirar con un ladrillo, otras con un tomate. Están en su derecho de hacerlo, y creanme no les diría nada. Un mes sin subir, eso es mucho. Les cuento que salvé el dichoso examen de matemática (aunque creo que ya les había contado), ya comencé las clases y no estoy muy feliz por eso. Sin embargo desde ahora en más trataré de subir con menos brechas entre capitulos. Además yo mejor que nadie sé que son pocos, por no decir escasos los lectores de la novela. Y también sé que es todo mi culpa. Sí lo se, me he demorado mucho. Nadie mas que yo lo lamenta, pero bueno. No se puede llorar por la leche derramada. Trataré de hacer alguna campañia para juntar nuevas lectoras, no sé la verdad. Me las apañaré. Quiero contarles que, cuando termine esta novela aquí mismo subire otra, en este caso Bella&Edward. Yo supongo que les gustará, pero no podría adelantarme a los echos. Las pocas personas que han leidos capitulos, me dicen que es genial. Veremos...de todos modos falta para eso. Aún hay que terminar Tropezando con el destino... y para serles sinceras queda mucho. Pero aún así ya tengo escrito algunos capitulos. Con respecto a este capitulo, cabe destacar algunas cosas. Los nombres de jugadores que mencioné tanto del Manchester como del Milan, no sé con certeza de que sigan en el club. Solo se que Cristiano Ronaldo ahora esta en el Real Madrid, pero es el equipo que pude conseguir. En fin...probablemente odien como termina el capitulo y lo que pasa entre Kellan y Mery pero prometo que de ahora en más, las cosas marchan lindo. Incluso capaz que en el prox cap se viene la boda de Robert y Gabi. Antes de dejarlos con el capitulo, quiero darle las gracias a Maqii, mi infinita amiga que me hizo el blend magnífico de Jackson, que es el que encabeza este cambio de look. A poco no me que do muy lindo? Esta mal que yo lo diga, pero esta linda la pag ahora jaja Como soy buena, les dejo una foto de Jackson. Sin mas les dejo el cap. Disfruten y gracias por bancar.




Capitulo 35 – Manchester vs. Milán
Extraña, sí así había sido mi semana. Sumamente extraña e inusual. A Kellan se le había dado por recogerme todos los días en la facultad, me llevaba a comer y luego me dejaba en la librería. Extraño. Tan extraño como yo me sentía a gusto con él. Extraño pero en un modo positivo, Kellan me hacía reír como hacía tiempo no lo hacía, además su compañía era agradable.
Sin embargo, mis amigas no pensaban lo mismo. Me habían dado una charla extensa el jueves en el recreo largo, sobre lo retorcida que estaba siendo por salir con el mejor amigo del chico que amaba. Fue duro explicarles que no sentía nada por Kellan, al menos no de ese modo. Tuve que explicarles que era con la única persona que mis problemas se aligeraban, y mis miedos se alivianaban; tardaron pero de ese modo, entendieron. Aún veían mis salidas con Kellan sádicas pero sabían que era por mi bien. Ahora y sinceramente, no estaba tan segura de que fuese simplemente una amistad entre nosotros, sí sabía que debía morirme por pensar esto pero me sentía muy a gusto con él, reconfortada, querida y protegida. Sabía qué en el caso de que sintiese algo, lo guardaría bajo un cofre de doble fondo y lo sellaría con siete llaves. Por el momento, sólo sabía que había una clara atracción entre nosotros pero que moldeada con sabiduría sólo sería eso. Sin embargo, tenía claro que sus intenciones no eran tan buenas como las mías. Me había insinuado en varias oportunidades que era una hermosa mujer, que no debía dejar que el tiempo pasase, mirar alrededor y un sinfín de indirectas que todas terminaban en él. Si no amase tanto como lo hacía a Jackson, probablemente ya habría terminado con Kellan, pero las cosas eran de otro modo. Por el momento, sólo podía apuntar a una amistad con él. Nunca pensé que las cosas se enredarían tanto, todo este asunto comenzaba a irse de las manos y me asustaba no tener el control de ello.
Pensar en Jackson aún dolía, y mucho pero había aprendido a vivir en su ausencia. Todavía por las noches me preguntaba porqué no había tenido un llamado, un mensaje, algún mail o cualquier información que reportara su paradero. Tenía plena conciencia de que me amaba tanto como yo a él, entonces ¿por qué no venía a por mí? ¿qué rayos estaba esperando? Apreté los ojos con fuerza tratando de que esa forma los pensamientos circulasen con mayor eficacia por mi cabeza, pero no se podía. Estaba estancada entre lo que me pasaba, y más aún si él no aparecía. Aunque sabía que debía y tenía que verlo en el casamiento de nuestros amigos, entonces ¿qué haría? ¿Lo vería, lo besaría y le perdonaría todo? Estaba segura que no, al menos merecía una explicación. Necesitaba saber porqué no había confiado en mí. Sabía que darle más vueltas a todo este asunto sólo me haría más daño, pero no lo podía evitar. Nuestro encuentro sería ya en una semana. ¿Cómo reaccionaría al verme? ¿Se alegaría? ¿O por el contrario se sorprendería de mi presencia? Eran incógnitas que sólo se solucionarían en el momento de vernos pero no podía evitar especular al respecto.
Era ya viernes y estaba en mi casa viendo tele. Sabía que en cualquier momento Kellan tocaría timbre, pero sinceramente no me sentía con ánimos de ir a ningún lado y mucho menos de haber pensado tanto en Jackson. Me sentía sola e insegura, necesitaba tener la calidez de sus brazos para volver a sentirme cómoda y reconfortada.
Tal como suponía, varios minutos después el timbre sonó. No necesitaba atender para saber que era Kellan, su forma inusual de tocarlo me lo decía. Apretaba el pequeño timbre tres veces seguidas y luego una, no sabía si era como una especie de clave pero era inconfundible saber que era él.
A decir verdad no me había vestido con gran parafernalia, al fin y al cabo sólo íbamos a ver fútbol. Jeans oscuros, remera blanca, buzo de hilo verde, converse negras, el chaquetón gris junto con un bolso gris. Apenas me había colocado rimel y brillo labial. Mi ánimo no daba para mucho más.
Al bajar, me despedí con un gesto de John, quién amablemente me abrió la puerta y pude salir al invernal aire londinense. Esperaba que Kellan estuviese aguardándome allí, pero me pareció de lo más extraño no encontrarlo, de modo que me encaminé a la camioneta que reconocí como suya. Al instante se me abrió la puerta del copiloto invitándome a pasar, el olor a su varonil colonia me embargó y su voz llegó a mis oídos.
- Lo siento Mey, pero tenía demasiado frío para quedarme allí parado. Espero que no te importe – agregó sonriendo pero al ver mi cara su expresión cambió notoriamente – oye dulce – él solía decirme así de forma cariñosa - ¿qué pasa?
- Nada de qué preocuparte Kell – respondí forzando una sonrisa.
- A mí no me engañas – dijo con superioridad – ¿es él verdad? – a lo que yo simplemente asentí. Habíamos hablando muchas veces de este tema, pero cada vez que me veía mal lo retomábamos. Él siempre aludía nos amábamos, que si bien estaba molesta con él no podía ser tan orgullosa como para negar que lo necesitaba, incluso se había ofrecido a darme su número telefónico en Los Ángeles para que lo llamara; pero terca como yo sola podía ser, me había negado. Eso sólo podía demostrar que a pesar de sus sentimientos hacía mí, sólo quería lo mejor para mi persona. Eso sólo me inundaba más de ternura y de confusiones – Mey ya hemos hablado de esto. Debes decidir qué hacer con tu vida, si decides olvidarlo y seguir para adelante. Si quieres estancarte y vivir recordándolo. O tomar las riendas y hacer la bendita llamada. Elijas lo que elijas, estaré aquí para ti hermosa. Nunca te dejaré sola, eso ya lo sabes. Ánimo, además eres muy bonita para tener esa extraña expresión en tu cara.
- Gracias Kell – agradecí sonriendo, mientras él me abrazaba con fuerza – no sé que harías sin ti.
- Probablemente llorarías por los rincones – bromeó sonriendo, pero me dolía la verdad que contenían sus palabras. Tenía toda la razón, debía tomar las riendas de mi vida y tomar una maldita decisión. Era una mujer madura y sabía que me convenía, sabía tomar mis propias decisiones y no podía estar llorando un hombre toda mi vida.
Recién en el momento que puso el auto en marcha me percaté de su indumentaria, traía un jean oscuro, un buzo blanco de apariencia suave, un abrigo por las rodillas negro y una peculiar bufanda del Manchester. No pude evitar carcajearme, esto era lo que me gustaba de él. Sus extrañas elocuencias.
- ¿Oye de qué te ríes? – preguntó mientras tenía la mirada muy enfocada en la carretera, pero podía ver que me miraba de reojo. Seguía riéndome, de modo que sólo pude señalar su bufanda – ¿Te ríes de esto? Hay que tener un poco de espíritu ¿no crees?
- Definitivamente – concordé mientras limpiaba las silenciosas lágrimas que bajaban de mis mejillas producto de la risa.
- Sabes, es la primera vez que voy a ver un partido de fútbol con una mujer – reflexionó extrañado – es raro.
- Uy gracias – declaré fingiendo ofensa y un puchero.
- Sabes a lo que refiero, además convengamos que yo tampoco soy convencional. En Estados Unidos el fútbol no es el deporte favorito, de modo que también soy raro. Me hubiera encantado nacer aquí, ¿te imaginas? A los ingleses les encanta en fútbol. Sería genial.
- En América Latina también, es el deporte más popular. Los demás están por muy debajo de la media – coincidí con su opinión.
- Si, ya sabes que en USA priman el fútbol americano, o el baseball. A mi gusto son muy aburridos – dijo sonriendo.
El viaje fue de tres horas, mentiría si dijera que me aburrí. Al contrario me reí muchísimo, Kellan era un experto en eso. Además en este tiempo había aprendido ver más allá que sus músculos, sus hermosos ojos y su cautivadora sonrisa. Él era mucho más que eso, una magnífica persona que sólo se preocupaba por los demás. Eternamente dulce y comprensivo, Kellan era un buen amigo.
El cielo se había teñido de rosa a pesar de las voluptuosas nubes, y el sol se ocultaba entre el horizonte. Las estrellas se asomaban pero eran eclipsadas por las nubes, quienes parecían no quererse ir. El clima era frío pero soportable, además dentro del auto se mantenía calentito.
Había caído la noche completamente cuando llegamos al estadio. Me impresionó su magnitud, belleza y modernidad. Era una estructura colosal en medio de un gran estacionamiento. Recordé entonces el glorioso Centenario situado en medio del Parque Batlle, adornado con viejos sauces y pinos. Cómo extrañaba los domingos futboleros con familia y la ida al estadio con amigas.
- Ven vamos – dijo mi amigo mientras me abría la puerta y me tomaba la mano para conducirme dentro.
Si por fuera impresionaba, claramente por dentro era mejor. Las tribunas vestidas de cómodos asientos con respaldos; cosa que en el fútbol uruguayo no existía, los palcos con impecables vidrios polarizados.
Y la cancha, se notaba a leguas que cuidaban el césped como si fuese oro. Muchas canchas en Europa contaban con césped sintético, en este caso era real y eso lo hacía mucho más emocionante. La pelota era menos ligera en canchas de pasto reales, pero se podía ver que con el nivel del pasto adquiriría una velocidad considerable; a eso si se le agregaba que la estaban regando.
Los asientos que Kellan había comprado estaban a una cercanía considerable a la cancha, y sinceramente no quería pensar cuanto le habían costado. El clima del estadio era pacífico, a diferencia de lo que sería un estadio uruguayo, incluso argentino. Las personas hablaban con tranquilidad entre sí, nadie cantaba cánticos alentadores ni había gran cantidad de banderas. Sabía que el fútbol europeo era otra historia, pero no pensaba que tan extremista fuese la situación.
- Impresionada? – preguntó Kell luego de unos minutos, los cuales se dedicó a contemplarme mientras veía con atención las alrededores.
- Muy – dije emocionada, y noté enseguida la emoción que a mi amigo le causaba mi mejoría. Estuvimos platicando varios minutos más, sobretodo del partido. Él aseguraba que ganaba el Manchester, sin embargo yo no estaba tan confiada en eso, el Milán tenía un muy buen equipo. Como hombre competitivo que es quiso apostar, acepté sólo para sonreír cuando lo derrotara. El que perdiera la apuesta pagaría la cena. Mi amigo confiaba ciegamente en Cristiano Ronaldo para concretar y en Rooney para dar el pase final. Sin emabrgo yo no perdía mi fe en Ronaldinho y Beckham.
Los equipos salieron en perfecta coordinación, la pelota en el medio, el pitazo y el partido comenzó. El primer tiempo pasó sin nada demasiado interesante, un desborde de Carric que terminó con un cabezazo de Cristiano, pero que afortunadamente Abbiati logró atajar. Luego una jugada de pelota quieta, producto de una falta de Vidic, Beackham la llevó a cabo pero se desvió por unos metros.
La competencia ya no estaba sólo en la cancha sino también entre Kell y yo, cuando el Manchester se acercaba al arco contrario, él sonreía y viceversa. La situación era muy infantil pero no por eso menos divertida. En el entre tiempo fuimos a buscar cerveza por insistencia de Kell, personalmente la encontraba muy amarga pero a él parecía gustarle mucho pero tuve que detener un segundo vaso porque debía conducir. Él estuvo de acuerdo y sonrió en respuesta, para ese entonces los equipos volvieron a la cancha y ambos nos sentamos. Para el segundo tiempo Ferguson hizo algunos cambios en el equipo, pero mantuvo la táctica, 4-4-1-1. En lo personal no me gustaba mucho, pero... todo iba bien hasta que en el minuto treinta una pelota robada por Anderson, quien logró eludir a un pard e hombres, cayó en los pies de Cristiano Ronaldo, quién con una excelente elegancia la clavó en un ángulo. El estadio rompió el silencio y todos festejaban. Incluso yo saltaba, había sido un gol espectacular, los jugadores se abrazaban con los suplentes y Ronaldo agitaba la camiseta con fervor.
Obviamente Kellan me gritó el gol en la cara, pero no me inquietó le tenía fe al Milán. Además no me iba a generar grandes cambios pagar una cena. Para gran asombro de todos en el minuto treinta y cinco con segundos, Ferdinand pisó con intención el tobillo de Pato, de modo que el árbitro español dio penal para el Milán. Mi sonrisa de satisfacción era grande, sabía que si esa pelota caía en los pies de Beckham era un gol asegurado. Tan errada no estaba, porque cuando el juez pitó David con esa elegancia y sutileza que lo caracteriza la arrimó a uno de los palos y gol. Me tomé el atrevimiento de festejarle el gol en la cara de Kellan, quien traía una mirada pesada. Le sacaba la lengua constantemente por subestimarme. Y para que negarlo, mi ego estaba por las nubes. Desde entonces todo se convirtió en una locura, el estadio explotaba como si fuese un clásico argentino, y todo porque al Manchester un empate no le servía, para pasar a la próxima rueda debía ganar sí o sí. Los jugadores corrían la pelota desesperados, el Milán se refugió atrás y comenzó a jugar de contra, de ese modo el Manchester dejaba grandes huecos en defensa. No tardaron mucho en perder la pelota en el área contrarea, de modo que con Beckham al mando de todo, corrió la mayor parte de la cancha, le dio un pase a Ronaldinho pero éste no tenía ángulo para pegarle, de modo que se la pasó a su amigo Ambrosini, pero éste tenía demasiados defensas arriba, cuestión que se la entregó nuevamente y con esa habilidad y velocidad característica de los brasileños, eludió a los zagueros, incluso al arquero y arrimó la pelota más allá de la línea blanca. Comencé a saltar como condenada, hasta me puse a bailar como festejo. Pero al ver la cara de Kellan me detuve, sus ojos tenían un brillo capaz de eclipsar el Sol, era brillo de ¿amor? Eso me desconcertó de tal forma que quedé estática en el lugar.

Cuando los festejos del gol terminaron, quedaban dos minutos y los descuentos. El Manchester buscaba desesperadamente el empate que lo llevara a los penales, pero el Milán pudo refugiarse atrás y de contra le hizo otro gol por intermedio de Pato.Al final el partido termino uno a tres, y yo me llevaba un cena de arriba.
Cuando nos subimos al auto todo era silencio, a pesar de la euforia que se vivía afuera. No podía sacarme la mirada de Kellan de la cabeza, ¿de verdad el me amaba? Todo era confuso, sin embargo no quería que él se diese cuenta que me percaté de aquello, de modo que comencé a fastidiarlo.
- Me gané una cena, me gané una cena – canturreé mientras me movía en el asiento. Él no contestaba – herí tu ego, herí tu ego – bailaba y le ponía caras – uhh te derrotó una mujer, te derrotó una mujer.
- Oye no es gracioso – dijo enojado, pero en el fondo sabía que sólo bromeaba, de modo que sonreí y seguía molestándolo.
Era cerca de la una de la mañana cuando entramos nuevamente a Londres, pero como esta ciudad nunca dormía, la mayoría de los restaurantes estaban abiertos. Kellan me condujo a uno, qué afortunadamente no era muy lujoso, era casual y eso me gustaba, además intuía que él lo sabía. La cena pasó demasiado divertida, no pude evitar escupir lo que tomaba en varias oportunidades. Las ocurrencias que tenía eran descabelladas, y en el fondo me alegraba haber salido, así de ese modo me despejaba y me alejaba de esas locas ideas que tenía. Todo el mundo en el restaurante tenía la atención en nosotros, al parecer llamábamos demasiado la atención aunque sospecho que era más por Kell que por mí, pero en fin.
Cuando aparcó la camioneta en mi casa, eran cerca de las tres de la madrugada, me pareció sensato invitarlo un café de modo que subimos juntos. Y al igual que la primera vez que estuve con Jackson en este ascensor, su cercanía me ponía nerviosa. Al entrar a mi casa, Kellan miraba emocionado para todos lados, al parecer sorprendido por la decoración, o eso supuse, de la casa.
- Tienes una casa muy acorde con tu personalidad – dijo sonriendo ampliamente.
- No sos el primero que lo dice – dije sonriendo quedamente, y él entendió perfectamente a quién me refería.
Fui hasta la cocina a preparar el café mientras él observaba atento mis movimientos desde la barra. Al acabar y sin una palabras de su parte, ambos nos dirigimos hacia el sofá. Sabía que algo pasaba, él estaba muy silencioso y viniendo de su parte era extraño. Y eso no hacía más que inquietarme.
- Me querés decir que demonios te pasa? – pregunté ya harta de su silencio, me ponía nerviosa.
- Sé que te diste cuenta – dijo con la cabeza gacha, y entendí perfectamente a qué se refería, de modo que yo también bajé la cabeza avergonzada – lo siento Mey, ya no lo puedo ocultar. Me gustas, y sé que soy el peor amigo que se pueda tener pero no lo puedo evitar. Me gustas como hace tiempo no lo hace nadie, y sé que merezco lo peor pero ya es tarde – entonces levantó la cabeza e hizo algo que nunca me hubiese esperado. Me besó, y contrario a lo que pensé fue muy dulce. Su boca hizo presión sobre la mía, pero solo deleitándose con el sabor de mis labios, sin presionarme a nada más. Sabía que esto estaba condenadamente mal, pero decidí abandonarlo todo y seguí el ritmo de sus labios por instinto. El sabor que tenía era muy particular, dulce pero a la vez amargo producto de la cerveza. Ambos comenzamos a entreabrir los labios, dejando paso a nuestros cálidos alientos y poco a pocos fuimos introduciendo la lengua en la cavidad ajena. El beso fue subiendo de tono, pero nunca dejó de ser dulce y tierno, me tocaba con delicadeza como si fuese a romperme pero con suficiente fuerza como para no dejarme ir. Pero como humanos que éramos, debimos separarnos. Nuestras respiraciones estaban agitadas y nuestros labios rojos producto de la fricción. Pero cuando terminamos de separarnos, el arrepentimiento llegó a mí como un mal virus informático.
- Esto está mal – dije de inmediato, y pude notar con gran dolor la angustia que eso provocó en Kellan.
- Lo sé, yo no debí – balbuceaba inconscientemente.
- Es culpa de ambos – dije cerrando los ojos con cansancio, pero no quería que se fuera sin decirle algo, de modo que lo tomé de la cara y dije – escucha, no quiero que te vayas arrepintiéndote de esto. Yo no lo hago...del todo – concluí – no podemos negar que algo pasa aquí – y nos señalé a ambos – hay atracción, es innegable. Sin embargo sabes que mi corazón le pertenece a Jackson.
- Entiendo – dijo con tristeza – ojalá te hubieses chocado conmigo primero – dijo con pena. Tomó su abrigó y con un simple – adiós Mey –se fue, dejándome con el entendimiento que no debía dejar escapar a Jackson. Y me acosté llena de incertidumbres, pero con la certeza de que hablaría con él en el casamiento.

lunes, 8 de febrero de 2010

Capitulo 34

Qiero aclararles qe las cosas qe dije de Kellan son totalemente inventadas, estuve buscando por un buen rato alguna info que dijera lo que busco pero no encontre (soy bastante mala con el google), asi qe dije, para qe está la imaginacon? Y lo inventé. La qe no entienda la explicacion de futbol, me avisa y la repito o se la hago mas linda. Ahora les dejo el cap, qe es totalemnte Kellan&Mery - exclusivo para Maqii-.


Capitulo 34 – ¿Vos?
Me volteé molesta por que habían roto mis cavilaciones, y al hacerlo me encontré con el mejor de los cielos celestes enmarcado en unas largas pestañas rubias. Y cuando los rasgos cuadraron con el nombre, solté – vos? Qué haces acá?
- linda bienvenida me das – dijo con sarcasmo y se sentó en frente como si lo hubiese invitado.
- lo siento – me disculpé, él no tenía la culpa del torbellino de emociones en el cual me encontraba – pensé que nunca te volvería a ver, eso es todo.
- auch eso dolió – dijo fingiendo sufrimiento en una mueca bastante poco creíble, de modo que me hizo sonreír – de todos modos me verías en el casamiento.
- supongo – respondí mientras bebía un sorbo del capuchino. A decir verdad no me gustaba encontrarme con el hombre que me confundía en el mismo lugar que conocí al amor de mi vida.
- oye y como estás? – preguntó despreocupado, pero sabía claramente que no se refería a lo que me pasaba en este instante, sino lo que pasó dos semanas atrás. Afortunadamente en ese momento llegó Charlie, quién me miró interrogante, supuse que quería saber quién era mi acompañante, luego le explicaría. Después de tomar la orden de mi amigo se fue detrás de la barra a preparar el café y las medias lunas que había pedido la persona del otro lado de la mesa – piensas contestarme? – preguntó observando como Char se perdía detrás de la barra.
- estoy tan bien como puedo estar – respondí suspirando y con sinceridad, a decir verdad no podía dar otra respuesta. Creo que él lo notó al instante porqué pude ver en su cara una expresión de molestia, como si le molestara mi sufrimiento, el cual se podía palpar en el aire, solía ser muy transparente de modo que todos conocían mis sentimientos cuando pasaban por mi interior.
- me alegra saber que no estas tan mal como pensaba – se sinceró sonriendo.
- suelo ocultar muy bien lo que pasa – dije esforzándome por sonreír, pero todo lo que conseguí fue una extraña mueca. Entonces él cambió la expresión y me miró con lástima, a lo que yo dije – no permito que me mires de ese modo.
- de qué modo? – preguntó desconcertado y confundido.
- con lástima – espeté enojada – sé que tengo parte de culpa por lo que pasó, por el modo que reaccioné. Lo sé, pero yo no fui la que pidió que me mintiesen, eso corrió por su cuenta – suspiré triste y angustiada, podía notar su mirada triste en mí de modo que levanté la vista para observarlo.
- él te ama – dijo convencido y por un momento juraría que por sus ojos pasó un rayo de celos, o tal vez era enojo?
- ya lo sé Kell, ya lo sé – hice una pausa imaginando qué estuviese haciendo en este momento si Jackson estuviera aquí conmigo, pero ese increíble sueño se desvaneció cuando caí en cuenta que la realidad era otra – y créeme que me siento terrible, pero no en sí por la mentira sino porque no confió en mí para semejante cosa. Yo... –vacilé –yo...- agaché la cabeza y dejé escapar un par de lágrimas – yo realmente no quiero hablar de eso.
- está bien, te entiendo perfectamente pero quiero que sepas que voy a estar aquí para lo que necesites Mey, cualquier cosa Kellan estará al rescate – dijo mientras tomaba una de mis manos entre las suyas, y a pesar de todo no pude no compararlas con las que hace un tiempo ocupaban su sitio. Las manos de Jackson tenían dedos largos, supuse que por tocar la guitarra, uñas cortas y pulcras, suave al tacto y cálidas. Sin embargo las manos de Kellan eran enorme, realmente enormes; sus dedos eran también largos pero sus uñas más largas de lo que me gustaría, y a pesar de ser cálidas no era el tipo de calidez que buscaba.
Levantó una de sus manos, con un dedo levantó mi mentón haciendo que me inundase en el mar que eran sus ojos, y limpió con extrema delicadeza mis lágrimas. Lejos de sentirme fuera de lugar, me dio mucha ternura su gesto, de modo que no puede evitar sonreír aunque sea un poco.
- eso está mucho mejor – dijo con una de sus enormes sonrisas, al parecer le satisfacía el echo de que estuviese mejor.
En ese momento llegó Char con el pedido de Kellan, intercambiaron un par de palabras qué eventualmente no entendí y el primero se retiró. Pero aún seguía en mi mundo, no puedo creer que esté tomando un café con el hombre que hace un par de semanas me partía la cabeza. Sabía muy bien qué solo estaba presente en mí porque era muy apuesto, tenía claro que nunca llegaría a pensar más allá de la amistad, pero tenía el presentimiento que él sí podía tenía otros horizontes, y lejos de preocuparme me halagaba pero sabía que estaba mal y sobretodo porque era amigo, muy amigo del hombre que me robaba los suspiros.
- entonces – dije mientras él sorbía de su café amargo – qué haces aquí?
- bueno, hace dos días que Robert me llamó desesperado por lo del casamiento – explicó mientras posaba la taza sobre su correspondiente plato – está bastante estresado y, por lo que sé tu amiga lo tiene llevando de un lado al otro. Necesita una salida de machos– agregó sonriendo y mostrando los músculos de su brazo – aunque se me hace extraño que no estés junto con Gabi con los preparativos.
- no se me dan muy bien los casamientos – expliqué cohibida – suelo llorar sin parar, de ese modo no sería de gran ayuda para ella – hice una pausa –de todas formas mejor, no soporto los preparativos previos a ninguna fiesta. Es realmente estresante!!
- al parecer sí, Robert está harto – dijo carcajeándose, de modo que no pude evitar imaginarme a Rob siendo cinchado por su futura esposa de aquí para allá, de tienda en tienda eligiendo cosas para su boda; cuando este tumulto de imágenes se formaron en mi mente me fue imposible no reírme, así que nos vimos ambos envueltos en una risa alta y graciosa, qué conforme más nos reíamos más ganas de reír teníamos.
Sentía que esa carcajada en conjunto había demorado mucho en cesar, tal vez habían sido escasos segundos o incluso largos minutos pero pude sentir que con ella, descargaba mis penas de una manera mucho más pulcra qué con lágrimas. Debería entonces juntarme más con este chico que me hacía reír, así al menos me podía sentir más liviana.
- blanco o negro? – preguntó de pronto Kellan, una vez que nuestras risas habían acabado. Qué pretendía?
- depende para qué – contesté confusa y extrañada por su actitud – tú que prefieres? – pregunté aún sin saber a qué se refería.
- el negro es muy solemne y suele ser usado para muchas cosas – dijo pensativo – pero el blanco es mucho mas pulcro, puro y natural. Ese color va contigo – dijo sonriendo tímidamente. No me consideraba una experta en descifrar indirectas, pero ésta en particular señalaba que yo era pulcra, pura y natural? Fue muy linda la manera en la que lo dijo a pesar de que no tenía necesidad de hacerlo. Realmente comencé a pensar qué tal vez debería asustarme o al menos preocuparme un poco con sus intenciones, qué al parecer estaban bastante claras, casi cristalinas. Y a pesar de que lo encontraba totalmente atractivo, muy amigable, divertido y espontáneo, seguía prefiriendo el silencio, las sonrisas y los ojos verdes de Jackson.
- sabes? Siempre pensé que eras poco profundo – él reaccionó frunciendo el ceño y con sus ojos desorbitados, al parecer lo había ofendido – pero esa reflexión es interesante.
- bueno cariño no soy solo una gran masa muscular muy sexie, tengo cerebro también – dijo ofendido a medias pero con una sonrisa – te sorprenderías de mi intelectualidad.
- sorpréndeme – dije decidida a retarlo.
- ok, adelante – cedió él desafiándome con la mirada.
- libro favorito? – pregunté entornando los ojos, a través de mi trabajo en la librería había descubierto qué el libro favorito de las personas decían mucho de éstas.
- Eclipse – dijo muy satisfecho y pagado de sí mismo.
- por supuesto – dije sonriendo.
- músico favorito? – pregunté luego de una pausa, e intuyendo lo que me diría.
- Linkin Park y aunque parezca mentira – dijo un tanto avergonzado – Robbie Williams Y a pesar de que intuía un poco de rock nunca pensé que le gustara el tipo de música que hace el muchacho ingles.
- okei eso fue extraño – admití totalmente extrañada – pero oye a mi también me gusta la música de Robbie. “I just wanna feel real love” entoné sonriendo, él me había vacilado infinitas veces, una vez que yo le tomara el pelo no le hacía para nada mal.
- de acuerdo, de acuerdo – dijo agitando las manos avergonzado – cuál es tu grupo favorito genio? – preguntó divertido, pensando que tal vez le llegaría la oportunidad de bromear a costa mí pero trataría de ser lo bastante astuta para que eso no sucediera.
- The Beatles por supuesto – dije sonriendo victoriosa al ver la decepción de sus ojos – y un cantante guatemalteco.
- sabes? Yo prefiero los Rollings – dijo sonriendo con suficiencia.
Entonces los recuerdos se filtraron en mi mente...
- Rollings o The Beatles? – le pregunté al muchacho de ojos verdes que residía en el sofá de mi casa.
- The Beatles por supuesto – dijo como si fuese obvio.
Los recuerdos de esa tarde se desvanecieron y pude volver a enfocar mi vista en Kellan. Sabía que las comparaciones era fastidiosas, pero no podía dejar de pensar qué a pesar de ser muy amigos, Jackson y Kellan eran muy distintos, incluso en los gustos musicales. Cualquiera diría que Jackson con su look rockero preferiría a los Rollings, pero cuando dijo aquello esa tarde en casa me sorprendió y eso era lo que me gustaba de él. Sin embargo Kellan había elegido algo que era exactamente lo que se esperaba de él.
Realmente no sabía porqué el afán de compararlos, pero no lo podía evitar. Celeste contra verde. Esmeralda contra lapislázuli. Tan distintos pero tan iguales a la vez. Será que me guste Kellan? Sino cual otra razón para que lo esté comparando con él? Me podría llegar a gustar? Tan sádica era, como para que me guste el mejor amigo del hombre de mi vida?
- cuál es tu deporte favorito? – preguntó Kell de pronto, interrumpiendo así mis muy morbosas cavilaciones.
- fútbol, el mejor deporte que pueda existir – exclamé emocionada diciendo lo que para mí era ya una obviedad.
- no lo puedo creer!!! Eres de las pocas mujeres adora el fútbol!! – exclamó fuera de sí y elevando el tono de voz, de modo que varios clientes de la cafetería levantaron la vista para observarnos – pero es cierto, si Robert me dijo que eras una genia en eso!!
- tal vez haya exagerado bastante – dijo avergonzada de que me pintaran como una grande sabedora del fútbol.
- no lo creo –dijo sonriendo ampliamente pero de pronto quedó serio y preguntó como si fuese un policía interrogando al sospechoso – 4-4-3 o 4-3-1-2?? (para las qe no sepan, son formas de parar a los jugadores en la cancha. Lo primero sería cuatro defensas o zagueros, cuatro laterales o mediocampistas y tres puntas o delanteros. El segundo sería cuatro zagueros, tres laterales, un enganche qe comúnmente es el 10 y dos delanteros de área, o por las puntas.)
- okei, eso es complicado – expresé pensativa – creo que 4-3-1-2. Me gusta el futbol con la pelota al césped, me apasionan los 10 que saben disipar el futbol en toda la cancha; me encanta verlos gambetear y enganchar para evadir a la zaga. Pero sólo esta bueno si los laterales se proyectan y desbordan por las puntas, sino es aburrido – sentencié pensando detalladamente cuál era a mi ver la mejor forma de jugar.
- Oh por Dios eres un genio, y realmente sabes!!! – exclamó gritando, cosa que me hizo reír bastante mas no dejaba de estar avergonzada. - gracias supongo – dije mirando hacia abajo mientras jugueteaba con las manos, quienes me parecían de lo más interesantes en estos momentos.
- oye dentro de poco juega el Milán y el Manchester por la Champion, queda a pocos kilómetros de aquí. Vamos? – preguntó esperanzado. Desde que había llegado a Londres había querido ir a un partido de la Champion pero no había tenido oportunidad de encontrar a alguien que me acompañara. Gabriela más allá de River, Boca, San Lorenzo, Independiente y Estudiantes de Argentina no salía, y prácticamente Julieta apenas sabía que el clásico uruguayo era entre Nacional y Peñarol, de modo que me tenía que buscar a alguien y al parecer sin querer había encontrado uno.
- por favor vamos –exclamé como niña chica, y me encaminé a una salida con el amigo del amor de mi vida, qué probablemente me gustase. A veces me preguntaba porqué me metía en estas cosas.

martes, 2 de febrero de 2010

Capitulo 33

Agradezco a las 6891 personas qe han pasado por aquí, a las 10 seguidoras y a las 4 personas qe comentaron el capitulo anterior. Disfruten :)

Capitulo 33 – Transición
Habían pasado dos semanas desde aquel día y no tenía noticias de él, ni una llamada, un mensaje o incluso un mail. Había prácticamente, desaparecido del mapa. Pero a pesar del dolor que eso me causaba, estaba satisfecha porque él tenía la certeza de que lo amaba, y con eso me bastaba para sobrellevar la situación. No diría que estaba feliz, porque sería mentir, pero sí estaba con la conciencia limpia, todo lo que se había querido decir, se dijo. Bueno, tal vez todo no se había dicho, pero sí lo suficiente para estar en paz con uno mismo. Pero nunca voy a negar que lo extraño horrores, que cada noche sin él duele, que el no recibir sus inexplicables llamadas o sus inesperadas visitas sólo alimentaban el vació que me había dejado al irse.
A pesar de todo, del dolor que sentía y el alivio que tenía porque él lo sabía todo, no dejaba de preguntarme qué había echo mal para que él no confiara en mí con semejante cosa. Nunca lo hubiera juzgado, lo hubiéramos solucionado juntos, estaba dispuesta a mantener una relación a distancia, cualquier cosa para permanecer a su lado; pero no, él había optado por ocultarlo. Qué había echo mal para que tomara esa decisión? Tal vez le había dado la imagen de una mujer sospechosa? Tal vez vio que me enfurecería con él al saber que me dejaba? No podía entender como no había confiado en mí, se supone que la base de cualquier relación era la confianza, pero al parecer él no la tenía en mí, y eso dolía incluso más que la propia mentira en sí.
Prefería no pensar en eso, en vez de ahogarme en la pena de que él no estaba, vivía con la alegría de lo bonita que fue la etapa de nuestra relación. Al menos así no me sentía tan mal, sufría eso era verdad pero trataba de hacerlo un sufrimiento ameno. Hacía ya varios días que no lloraba por las noches, de modo que veía un progreso. Sabía que nunca me olvidaría de él, pero al menos aprendería a vivir con su ausencia.
Hacía apenas unos días había vuelto a hablar con las chicas, luego de muchas súplicas, lágrimas y peleas había entendido que ellas solo habían respondido a la promesa que Jackson les hizo hacer de que no me dijeran nada, ellas no había tenido nada que ver con el asunto, así que no las podía culpar de nada.
Al parecer Julieta estaba muy entusiasmada en su relación con Cam, se la notaba radiante y feliz como hace tiempo no se la veía, al parecer las cosas iban encaminadas. Por lo que ella contaba, sus citas eran de lo más románticas cosa que parecía raro en su novio, que se veía tan mujeriego y seductor pero al parecer debajo de esa capa de masculinidad se encontraba un hombre sensible y eso a Juli le encantaba.
Sin embargo Gabriela estaba de lo más estresada con los preparativos de la boda, pero a pesar de eso se la notaba feliz, irradiaba una especie de luminosidad que a todos alegraba con su pasar. Afortunadamente no me tocó participar de los preparativos, dijo que ella junto con Juli lo harían así ambas me ahorraban el momento incómodo. No era que las bodas no me gustasen, es que al parecer me alteraban demasiado y me sensibilizaba a tal punto que comenzaba a llorar sin explicación, así que era bastante bochornoso salir conmigo para ese tipo de cosas. Por lo que contaba Gabi, Robert estaba tan o más emocionado que ella, había pagado los pasajes de toda la familia de la novia, quienes se venía expresamente de Argentina para presenciar el casamiento de la nena.
Todos desbordaban alegría por el acontecimiento, menos yo. Digo, no es que no estuviese feliz por mi amiga, de echo al contrario estaba extasiada que encontrara el amor de su vida, pero ese implicaba que en la ceremonia debía ver a Jackson, trataba de no pensar en aquello pero en ciertos momentos de soledad no podía evitarlo, y menos si la boda se me venía encima en menos de dos semanas. Francamente no me sentía preparada para tal encuentro, pero también sabía que no podía evitar que fuera y yo tampoco podía faltar, de modo que sólo podía pretender no verlo. Aunque vamos, mi madre me había enseñado mejores cosas que esa, así que lo saludaría por amabilidad y me limitaría a hondar mi pena pero sin que se nota. A quién engañaba? No estaba preparada para ese encuentro!! No sabía cómo reaccionaría, como actuaría. Era realmente un tema estresante para mí, así que decidí como solía hacerlo, salirme por la tangente.
De modo que cogí mi bolso y el chaquetón negro y salí del apartamento. Era sábado y como solía, iría a la cafetería de Charlie a pasar la tarde, no me apetecía quedarme en mi casa pensando cosas que me autodestruían. El vespertino aire de Londres refrescaba mi rostro y mi alma, la cual últimamente estaba bastante gris a pesar de que pretendía estar de colores vívidos no había otro aparte de ese que ocupara la totalidad de mi marquito corazón, de mi desgarrada alma y mi demacrado cuerpo. El brisa relajaba y por un segundo, sólo por un segundo me alejaba de todas las preocupaciones que afectaban mi desquiciada mente.
Al llegar a la cafetería, ésta estaba casi vacía, lo que incrementó el vacío en mi alma pero a pesar de eso, necesitaba un momento sola con un libro así que seguía caminando hacia la barra, en donde me encontré con Charlie. Como solía hacer, me preguntó como estaba, cómo seguía, si necesitaba algo y otras preguntas referidas a mi bienestar. No sabía lo que había pasado entre Jackson y yo con exactitud, pero sabía que me había lastimado, y eso no lo ponía de buen humor precisamente, es más en varias oportunidades se había ofrecido a golpearlo por no cumplir su promesa, pero me había negado aludiendo que no valía la pena, que todo estaba solucionado.
Luego de la serie de preguntas características, pedí un capuchino y me dirigí a mi mesa habitual. Comencé a observar a la poca gente de mi alrededor, hace apenas unas semanas había cogido ese hábito y ahora cada vez que venía no lograba evitarlo.
Había dos mesas más a la derecha una pareja cuarentona. Ella era muy bonita, pelirroja y ojos grises, sin embargo él no se podría decir que era agraciado y a pesar de eso, se miraban como si sus vidas dependiese del otro. Aparté la mirada de esa pareja, pensar en el amor a veces dolía y sobretodo porque no o tenía conmigo.
Pocas mesas más allá, estaban dos jóvenes. La chica era morena con unos ojos cautivadores y unos increíbles zapatos, el chico sin embargo era rubio pero con unos deslumbrantes ojos celestes. Él acercó su mano a la de ella y con timidez la tomó entre las suyas, mientras hablaba con rapidez. La cara de la chica era de incredulidad pero cuando el muchacho terminó de hablar, se podía vislumbrar en su cara una gran sonrisa de felicidad. Aún con las manos unidas, el chico se las llevó a su boca para besar la mano de la que, de ahora en más sería su novia. Esa imagen, sin duda fue la peor, sobretodo porque la edad que parecían tener no era tan lejana de la que teníamos Jackson y yo, la primera vez que estuvimos aquí.
Pero lo que hizo derrumbarme por completo, fue sin duda una pareja de ancianos. Él era rechoncho, traía lentes y un sinfín de arrugas, ella también con lentes ocultaba tras ellos unos enormes ojos marrones, tenía la nariz aguileña y los labios pincelados de un rojo pasión. También se agarraban la mano y hablaban animadamente pero a su vez con pasión y amor. Aunque su aspecto fue lo que dio el puntazo final, Jackson y yo nunca llegaríamos a tales instancias porqué él se había ido, y yo había sido tan orgullosa como para no perdonarlo y abordar el avión con él. Nunca podríamos llegar a ver a nuestros nietos correteando por el jardín mientras tomábamos té en el porshe, no tendríamos oportunidad de casarnos ni tampoco una gran fiesta. No me atribuía la culpa de todo eso, porqué fue su error no habérmelo dicho, pero sí era mi culpa cegarme tanto por la mentira y no ver más allá de esta. Estaba enfadada conmigo misma por haberme llevado por mis instintos, y ahora probablemente por eso, me quedaría sola. Nunca llegaría a mirar a una persona de ese modo, y dolía.
Pero a pesar de todo eso que vivía dando vueltas en mi cabeza, sabía que si en este momento lo seguía haciendo colapsaría y sobretodo porque estaba rodeada de felices parejas, qué al parecer todas se habían complotado en mi contra.
“Petra Cotes era tal vez el único nativo que tenía corazón árabe. Había visto los últimos destrozos de sus establos y caballerizas arrastrados por la tormenta, pero había logrado mantener la casa en pie.” Probablemente haya leído esa frase del libro que leía, “Cien años de soledad”, al menos unas veinte veces, pero aún así no lograba entenderla. A pesar de no querer, mi mente divagaba por el amor y cómo el mío se había escapado. Trataba de refugiarme en los momentos vividos y no pensar en eso, la primera mirada, el primer encuentro, el primer paseo, el primer beso, los que vinieron luego, pero aún así se me hacía difícil. Entonces como algo que surge de la nada, sentí una mano en mi hombro. Quién osaba interrumpir mis deprimentes pensamientos? Tenía claro que Charlie no era, sabía que me molestaba cuando lo hacía; pero entonces quién?